Tras la noticia del "perdón" a Chelsea Manning como uno de los últimos actos de servicio de Barack Obama en la Casa Blanca, muchas miradas se dirigieron a Julian Assange, quien lleva recluido más de cuatro años en la embajada de Ecuador en Londres. En su momento aseguró que si esto se cumplía, estaría dispuesto a aceptar la extradición a suelo norteamericano.

Su abogada, Melinda Taylor, avanzó que el trato estaba "a la espera", ya que las autoridades no habían recibido solicitud de extradición alguna, ni la británica ni la estadounidense. Ahora ha confirmado que su cliente, Julian Assange, está dispuesto a continuar con el proceso de extradición ya que mantiene su palabra.

Lo paradójico es que la llegada inminente de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos se ha podido convertir en un buen aliciente para el regreso de Assange, ya que fue él quien publicó los emails de John Podesta, director de campaña de Hillary Clinton.

De hecho, el propio Trump utilizó las palabras de Assange en defensa propia. Incluso Assange habló de Trump de una forma neutral con una leve tendencia positiva: "Al menos no es un insider de Washington [...] Puede ser una fuerza positiva o negativa de cambio en el mundo".