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«Hay un nuevo sheriff en el pueblo. Va a limpiar América y la hará brillar otra vez. Va a empezar con ustedes: los musulmanes» decía una carta anónima que llegó a varias mezquitas en California en el transcurso de la semana, de acuerdo con Los Angeles Times. La reciente ola de amenazas y muestras de odio son sólo uno de los problemas que los musulmanes en Estados Unidos se ven obligados a enfrentar tras la victoria de Donald Trump.

El presidente electo ha propuesto desde los ataques en París, en noviembre del 2015, crear un Registro Nacional de Musulmanes como una medida anti-terrorista de seguridad interior. Como es costumbre en el magnate, no detalló cómo haría realidad esa promesa de campaña.

En el hipotético registro seguiría los pasos de El Sistema de Seguridad Nacional de Registro de Entrada-Salida (NSEERS, por sus siglas en inglés) implementado por Bush después de los ataques del 11 de septiembre. Lo que significa que distinguirá a las persona provenientes de «países de alto riesgo», según información de USA Today, con el fin evitar problemas diplomáticos con importantes aliados de Estados Unidos como India y Turquía. Entre las naciones «de riesgo» se encuentra Afganistán, Egipto, Irán, Irak, Líbano, Marruecos, Pakistán, Siria y al menos una docena más.

Más allá de un problema diplomático y legal, la base de datos presenta un problema logístico: la Oficina de Censo estadounidense no registra datos de las personas basados en su religión. Hay estimaciones de musulmanes viviendo en Estados Unidos pero no un registro exacto de quiénes son ni dónde viven.

Es ahí donde entrarían las empresas tecnológicas. Durante la campaña, un reportero del New York Times preguntó a Kris Kobach (ahora miembro del equipo de transición de Trump) cómo ejecutarían el plan de la base de datos. Simplemente respondió: «debe haber sistemas más allá de las bases de datos».

The Intercept planteó a nueve de las compañías de tecnología más relevantes en Estados Unidos la siguiente pregunta:

Si la administración de Trump lo solicita, ¿[nombre de la compañía] venderá bienes, servicios, información o ayudará a facilitar la creación del Registro Nacional de Musulmanes?

IBM, Google, Apple, Facebook, Booz Allen Hamilton, CGI, SRA International se negaron a dar respuesta alguna. Por su parte, Microsoft se mostró ambivalente al decir que están comprometidos a promover la diversidad, pero que les interesa mantener relaciones con el Gobierno.

La única empresa tecnológica que ha rechazado abiertamente su cooperación en la creación del registro de musulmanes es Twitter, quien lanzó un comunicado dejando clara su posición:

Como compañía, nuestro compromiso con la justicia social es el núcleo de nuestra misión. Nuestras políticas en esta área son de largo aliento. Usar los APIs públicos de Twitter u otros datos para rastrear los perfiles de disidentes y activistas es absolutamente inaceptable y está prohibido.

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