A menos de cuarenta kilómetros desde Moscú se encuentra un lugar que durante muchos años fue secreto de Estado. Un lugar celosamente oculto a miradas indiscretas de otros países. El orgullo y la joya de la Nación Rusa, imprescindible en la carrera espacial. Aunque hoy en día el complejo es civil y está abierto a turistas y visitantes, la Ciudad de las Estrellas sigue siendo importante en la historia de la cosmonáutica actual. Casi todos los astronautas que han estado en órbita alguna vez han pasado por aquí. De hecho, hasta Pedro Duque, el astronauta español, ha sido entrenado en la Ciudad de las Estrellas. Una tierra especialmente abonada para crear héroes.

##Звёздный городок, dónde entrenan los astronautas

Zviozdni gorodok, la Ciudad de las Estrellas, fue creada en 1960, en pleno apogeo de la carrera espacial. Por aquel entonces las cosas andaban bastante candentes entre Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética. Poner el primer pie en las estrellas era una prioridad; el espionaje industrial, el sabotaje y el politiqueo propagandista estaban a la orden del día. Así que no es de extrañar que la Unión Soviética decidiera construir una base militar muy, muy secreta lo suficientemente lejos como para permanecer en la oscuridad, pero cerca de la capital, para facilitar la logística a los profesionales que trabajaban en ella. El proyecto era, como decíamos, un secreto de Estado celosísimamente guardado. Tan, tan secreto que los Estadounidenses sabían de su existencia casi desde el primer momento. Y es que lo que mejor quieres guardar, antes se divulga en estos casos. De hecho, el secretismo ha conseguido que pululen cientos de leyendas al respecto. Algunas a la altura, incluso, de las del Área 51.

NASA/Bill Ingalls

Otro cantar era conocer cómo era por dentro o qué se hacía en sus instalaciones, algo que sí que no ha trascendido hasta muchos años después, cuando la carrera espacial por ser los primeros ha dado paso a un esfuerzo conjunto por explorar el espacio. Básicamente, la Ciudad de las Estrellas nació con el fin de reunir y entrenar al equipo técnico, científico y, finalmente, a los astronautas destinados a surcar los cielos. En esta ciudad, que ahora está controlada por la Agencia Espacial Federal Rusa (o ROSCOSMOS) de carácter civil, se encuentra también el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Yuri Gagarin, también conocido como TsPK. La práctica totalidad de los astronautas que alguna vez se han subido a una Soyuz han pasado, indefectiblemente, por aquí.

En las instalaciones hay todo tipo de estructuras preparadas para el entrenamiento. Desde la enorme centrífuga TsF-18, capaz de alcanzar las 30g (y herir seriamente a un ser humano), hasta las piscinas de simulación de baja gravedad donde se entrenaban los astronautas con modelos a tamaño real de la Estación Espacial Mir. También se encuentran aquí diversos modelos de naves tripuladas, incluyendo la Soyuz, orgullo soviético que ha superado todas las expectativas de los expertos. A día de hoy la Soyuz T y TM siguen llevando a nuestros astronautas, víveres y repuestos a la ISS de forma segura. Actualmente también tienen simuladores con los segmentos rusos de la Estación Internacional donde los astronautas pueden practicar durante su entrenamiento.

##Cuando un astronauta español se paseaba por la base secreta rusa

Como comentábamos, hasta el mismísimo Pedro Duque, a quien nuestra compañera Ángela Bernardo tuvo la oportunidad de entrevistar recientemente, ha sido entrenado en la Ciudad de las Estrellas. En 2003, el astronauta despegó desde Baikonur a bordo de un cohete ruso Soyuz para realizar la llamada misión ‘Cervantes que duró diez días. Durante dicho tiempo, Pedro Duque dedicó unas 40 horas de sus ocho días a desarrollar diversos experimentos relacionados con el área de ciencias de la vida, física o la observación de la Tierra. El objetivo fue mejorar la experimentación a bordo de la Estación. Para ello, Duque, como desarrollador del laboratorio Columbus, tuvo que «subir» a probar por sí mismo las condiciones en baja gravedad.

Pedro Duque viajó como ingeniero de vuelo de la nave Soyuz TMA-3, durante la expedición ISS 8 junto a los astronautas Michael Foale y Alexander Kaleri. Poco después volvía a la Tierra en la Soyuz TMA-2 con la tripulación de la expedición ISS 7 que lleva en la Estación desde Abril. Y para poder montar en la Soyuz no tuvo más remedio que pasar por el entrenamiento ruso que solo se da en la Ciudad de las Estrellas. Desde allí, incluso, hizo alguna actividad educativa para animar a los niños. Si hubiéramos podido asistir a su entrenamiento, aunque lo hubiéramos visto en acción, el equipo de las instalaciones no nos habría dejado acercarnos.

Durante los entrenamientos de la Ciudad de las Estrellas se continúa con un estricto régimen de ejercicios. Esto también implica que los astronautas no pueden hablar con los visitantes ni con la prensa. Pero no nos engañemos. Aunque en su momento esta instalación fue un auténtico secreto de Estado, actualmente el acceso a las dependencias, el contacto y la información corren a raudales por sus austeras estructuras. Unas estructuras sobrias, eficientes y duras. Como los propios rusos. Las más adecuadas, probablemente, para una ciudad cuyo fin es y ha sido siempre el entrenar a auténticos superhumanos capaces de viajar hasta las estrellas.

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