Que en el mundo de las rondas de financiación hay una gran parte del proceso que llega por el boca a boca, otra pequeña parte con la suerte y, por último pero no menos importante, por el hype auspiciado por las modas del momento. Porque pensemos fríamente, nada le gusta más a un inversor que estar ahí donde está poniendo la mirada la mitad del elenco de los usuarios activos de esta o aquella app. Ya no sólo por los beneficios, también por la fama. Al final, tu nombre como inversor saldrá a relucir en algún momento arrastrado por ese torrente de noticias.

Pero al igual que en la moda, el hype en las startups baja tan rápido como sube y, en muchas ocasiones, esconde rondas de financiación que son, como poco, absurdas. O dicho de otra manera: millones de (inserte aquí la divisa deseada) tirados a la basura por alguna moda sinsentido. Más de un inversor ha tenido una mala noche por culpa de las modas.

El colmo de los hypes

En un ejercicio de memoria sin duda, el mayor hype de la historia se lo llevó a mediados de 2014 una aplicación conocida como YO. Y es que el nombre no deja lugar a dudas, porque lo único que permitía era enviar un mensaje con la palabra "yo" como texto. Este absurdo logró levantar más de un millón de dólares auspiciados por 790.000 usuarios que se declaraban adictos de un producto que sólo tardó ocho horas en desarrollarse y que no bajaba del top 5 de descargas. Hasta sus fundadores tenían cierta vergüenza de afirmar que ese pseudonegocio había dado más beneficios que sus grandes emprendimientos amparados bajo el éxito de Silicon Wadi. Al final, YO dejó de usarse porque verdaderamente no tenía mucha utilidad y quedó en la memoria de todos como el mayor fracaso para el mundo de los inversores.

Y en este mundo se tiene fijación por el sector de los mensajes, porque de cerca le sigue Secret. Esta app que terminó cerrando en 2015 porque, efectivamente no terminaba de despegar. Pero antes de claudicar se llevó por delante la friolera de 35 millones de dólares en varias rondas sólo por mandar mensajes de texto anónimos; con esta estrategia consiguió estar entre los 100 más descargados. La realidad les dio de lleno cuando la moda se olvidó de ellos; los que no lo hicieron fueron sus inversores que se quedaron con un agujero de unos cuantos millones.

Pero dentro de los hypes e inversiones fallidas hay algunas que han destacado por no estar a la altura de las circunstancias. La española Gowex, que quería regalar WiFi al mundo, demostró que su llamativo eslogan preparado para inversores con la cartera fácil era suficiente para atraer miles de euros. Independientemente del engaño y la estafa que quedó demostrada en diversas investigaciones, fue el concepto humanitario y de "gratis" lo que abdujo unas cuantas chequeras. Por otro lado, luego están los que llegan tarde a la fiesta y se dan cuenta de que el mismo día que lanzan su aplicación, la empresa para la que quieren ser complementarios saca su propia versión; Meerkat levantó 14 millones de dólares para hacer vídeos en streaming en Twitter el mismo día el que estos sacan Periscope. Mala suerte. Tan mala como aquella realizada en MySpace, muy de moda hace más de una década. News Corpo desembolsó casi 580 millones de dólares para luego venderla por menos de 35; lo que podría ser la peor inversión tecnológica de la historia no tuvo en cuenta que, quizá y sólo quizá, los usuarios encontrarían un nuevo divertimento fuera de MySpace.

Pero, sin lugar a dudas, donde más locuras se han visto a la hora de financiar proyectos, empresas o lo que sea ha sido en el mundo del crowdfunding. No sabemos si es por aquello de democratizar el acceso a las inversiones, reducto de algunos pocos hasta la llegada de esta modalidad, o si es porque a la gente le sobra el dinero y no sabe qué hacer con el. Dicho esto, al amparo de Kickstarter se ha financiado con casi 20.000 dólares un molde para tartas con la forma del número Pi, entre otras cosas. Crear un clon de Minecraft, Yogventures!, por valor de 567.665 dólares también se pensó que podría ser una buena idea, pero no. O 2,4 millones de dólares por el fallido Hiveswap.

¿Por qué?

Teniendo en cuenta que hay startups del estilo Airbnb pero para acudir al baño, Airpnp, o que alguien creó una roca que hacía pasarse por una mascota. Apps para ver cuánto aguantas poniendo tu huella dactilar o un buscador de señales fantasmas, entre otras miles, que provocan una gran cantidad de ruido en el sector emprendedor. La regla de que de cada diez empresas creadas, ocho se van por el desagüe no es muy descabellada en esta situación.

La cuestión es que dentro de esta amalgama, los inversores deben encontrarse. Quizá, durante algunos años, el dinero quemaba en las manos de muchos dispuestos a financiar cualquier cosa que pudiese tener el símbolo del dólar dibujado; un plan de negocio no era necesario siempre y cuando estuviese amparado por cientos de seguidores que, al menos en ese momento, fuesen fieles a la marca. Esos momentos en los que la burbuja empezaba a asomar por el horizonte de Silicon Valley y que ha dado como resultado, en estos momentos, un poco más de mesura y cordura a la hora de invertir en empresas. En cualquier caso, Iñaki Arrola ya comentó a Hipertextual hace un tiempo que realmente "los inversores piensan que los saben todo pero que realmente no tienen ni idea de nada". Y va a ser que tenía razón porque los gustos de los usuarios no siguen ninguna regla, por lo que, ¿y si YO hubiese funcionado? La historia en este momento sería muy diferente.