Las luces en las calles y los turrones en los supermercados recuerdan que la Navidad está a la vuelta de la esquina. Las fiestas son un buen pretexto para reunir a familiares y amigos, e incluso pensar en detalles para regalar próximamente. Uno de los obsequios más especiales, cuya búsqueda se dispara en algunos momentos del año, consiste en regalar una estrella. Pero, ¿se trata de una posibilidad realista o de un timo como tantos otros?

La empresa que comercializó por primera vez la venta de estrellas y de nombres de astros fue International Star Registry (ISR). Desde 1979, a pesar de las protestas de algunos organismos públicos y la comunidad científica, la compañía ha tratado de avalar su actividad diciendo que su catálogo de estrellas se encuentra disponible en la Biblioteca Nacional de Estados Unidos. Ocurre lo mismo que en las publicaciones que se realizan en España, donde se debe archivar una copia en el depósito legal, sin que esto suponga que sea real.

Sin embargo, como explica a Hipertextual el astrónomo Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, "es un negocio con la apariencia de poner el nombre a una estrella. Pero nadie va a utilizar esa denominación, ni en planetarios, museos ni en artículos científicos". El hecho de regalar una estrella solo sirve para disponer de un diploma, certificado por ISR o compañías similares, que utilizan también plataformas como Groupon o Groupalia para publicitar su negocio. "La realidad es que apenas se ponen nombres oficiales a las estrellas, sino que solo en un millar se emplea la denominación histórica", añade Armentia.

regalar una estrella
NASA/HST (Wikimedia)

"Hay pocas estrellas que tengan nombre oficial. En esos casos, la mayor parte de denominaciones proceden de los árabes, que realizaban descripciones en sus catálogos estelares, aunque también hay algunos nombres latinos (como Bellatrix o Polaris) y griegos (Antares)", señala el astrónomo. Los catálogos actuales de estrellas cuentan con un código numérico, "ya que estás clasificando millones. La Unión Astronómica Internacional (IAU, en inglés) tiene como norma no dar nombre a las estrellas, salvo casos excepcionales como aquellas orbitadas por planetas -como sucedió con la estrella Cervantes del sistema planetario mu Arae".

A juicio de Armentia, regalar una estrella "sigue siendo un engaño porque venden algo con una apariencia que no es real". La IAU deja claro en su página web que no es posible ni comprar una estrella ni adquirir una denominación de un astro. "Se intentó al principio que esto no se comercializara, pero nada impide que lo vendan de esta manera. Al final compras lo que dicen: un diploma con una supuesta certificación", dice el director del Planetario de Pamplona. La letra pequeña, sin embargo, favorece a este tipo de empresas aclarando que la denominación no es "oficial".

"A la gente que nos suele llamar en torno a navidades con estas cosas suelo recomendarles que se hagan ellos un pergamino como esos que hacíamos de críos, con letra chula y un lacre. Que elijan para su ser querido la estrella más gorda y les hagan un certificado en letra gótica. Y eso. Acompañado de un regalo chulo queda muy bien. Es más barato", afirma Javier Armentia. Una opción mucho más económica, y seguramente mucho más bonita que comprar una estrella a precios que oscilan entre los 19 y los 200 euros.

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