Hace tan sólo unos días que inauguraban las instalaciones de IberEspacio, una empresa española con 25 años de trayectoria dedicados a la conquista del espacio. Nos han invitado al evento de apertura, en el que se han personado invitados personalidades del sector aeroespacial, algún alcalde agradecido de que se instale esa empresa en sus lindes y mucha prensa dispuesta a inmortalizar el momento. Discursos institucionales, inauguración de la placa conmemorativa y barra libre de jamón. Lo típico.

Pero lo que a nosotros nos interesa son los entresijos del lugar. Donde se hace la magia que luego viajará al espacio de alguna manera u otra. El evento formal comienza a las 10:30, algo más tarde si tenemos en cuenta que estas cosas siempre se demoran a la espera de alguna autoridad poco puntual. Hay que tener en cuenta que las instalaciones están en el polígono industrial de Casablanca en Torrejón de Ardoz, a una media hora de Madrid. Lejos, muy lejos. Toda una travesía en coche desde la capital, a la que si le sumamos los atascos de las horas puntas obligan a salir con mucho tiempo. Total, que a las 10:00 que llegamos; pero esto nos permite visitar todas las instalaciones accesibles casi con exclusividad y antes de todas las formalidades.

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Primero las acreditaciones para confirmar nuestros datos y después una primera demostración de lo que los ingenieros de IberEspacio han sido capaces de hacer y patentar. Desde su fundación en 1989 han estado especializados en la fabricación de sistemas de control térmico para el sector espacial: mantas térmicas, Heat Pipes y Loop Heat Pipes. Todo tecnología que ha viajado en el Hispasat 1E y que volará en el Rover de la próxima misión Mars 2020, entre otras.

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Dicho para los que están al día con las ciencias, nos explican que son todos los sistemas necesarios para afrontar los cambios de temperatura que cualquier cuerpo debe soportar en el espacio. Y aunque explicado así suena a poca cosa, algunos de estos recursos son 100% made in Spain con patente incluida y que han requerido años de inversiones e investigaciones.

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La amplitud térmica que pasa de los cientos de grados bajo cero a otros cientos sobre cero, las diferencias térmicas para el lado que está de cara al Sol para la parte que está a la sombra y, sobre todo, la capacidad de todos estos sistemas de ser autónomos y "sobrevivir" todo el tiempo de la misión en condiciones óptimas.

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Este último modelo, sería la aplicación real de todos los sistemas que se fabrican tal y como se vería en el Rover que pronto viajará al planeta Rojo. Un circuito completo que vendría a ser la versión espacial de una instalación de aire acondicionado de cualquier casa. Aparato de aire externo e interno, sistemas de distribución y refrigeración.

Y a partir de aquí empieza lo entretenido. El recorrido de los 1.400 metros cuadrados de áreas limpias, libres de partículas contaminantes, los laboratorios, las áreas de producción y ensayo... Donde se encuentran los autoclaves, las cámaras de curado y, a fin de cuentas, todos los cacharros.

Del área limpia y el mundo exterior nos separa una sala en donde debemos prepararnos para entrar a las instalaciones. Cada sala cuenta con una presión diferente, marcada a cada paso que se da y que se va adaptando en función de las necesidades. Para los sensibles de oído estos cambios son más que notables. Algo similar a lo que se siente cuando se sube a un puerto de montaña. Además, todas las entradas están protegidas por detectores de huella.

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Y ya estamos dentro de la primera sala. La que nos prepara para las áreas limpias. Para salir de esta primero habrá que cerrar la puerta de entrada, esperar a que se regule la presión y se limpie el aire. Unos minutos apenas, pero que no se desaprovechan. En esta etapa de la visita hay que prepararse para entrar.

Los empleados cuentan con sus batas especiales, pero los invitados tienen que usar gorro, bata y patucos de fibra para poder entrar (omitimos la foto por ser terrrible). Esta indumentaria protege el ambiente de dentro de todas las partículas de polvo y suciedad que podamos portar desde la calle.

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Las normas están claras. Hay que vestirse de arriba hacia abajo. Primero el gorro para luego terminar por los pies. Y la razón es muy simple. Esa dichosa gravedad hace que las partículas tengan una dirección descendente, por lo que al vestirnos con este orden evitamos que la suciedad caiga sobre esta ropa limpia.

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No es la vestimenta más estética, pero es útil y nos permite pasar a la próxima etapa. Y ante nosotros se abre una gran nave que, aún casi vacía por la reciente inauguración de las instalaciones ya tiene varios equipos trabajando en varios encargos que ya están en marcha.

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Un dato curioso es que no huele absolutamente a nada. También se nota la limpieza del aire, que para los que somos de alergia perpetua es todo un consuelo. Y 22 grados centígrados de temperatura constante en la sala, la misma a la que trabajan los equipos en el espacio y de la cual se encargan de mantener todos estos sistemas que están fabricando. Da igual el clima y a los grados a los que esté el exterior.

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¿Hemos hablado de contaminación? Bien, cada vez que algo sale de esta sala debe ser perfectamente embolsado y catalogado. Primero para no perderlos y segundo porque si entran en contacto con aire "contaminado" todo el proceso se echaría a la basura. Y vuelta a empezar.

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Una vez obtenidas las piezas llega la parte del montaje de los sistemas y las mediciones pertinentes.

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Entrando en proyectos en concreto podemos encontrar una de las fases de investigación para el ExoMars 2020 o Mars 2020. Este en concreto será el sistema de protección térmica que irá instalado en el Rover que, si todo va como lo previsto, estará paseando por Marte dentro de unos cuantos años. El motivo de realizarlo en esta pequeña cámara es porque necesitan simular situaciones similares a las que experimentará el vehículo en la atmósfera marciana. Un proyecto en el que también se encuentra trabajando el INTA y con el que IberEspacio está hermanado desde el primer momento. Sus primeros pasos fueron en esas instalaciones y, hasta hoy, aún recurren a su ayuda.

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Y ya toca salir de una de las áreas limpias. De la que para salir y entrar es necesario pisar una lona azul que, según nos cuentan, recoge cualquier partícula de polvo que pueda quedar encima de nuestro cuerpo.

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Para el procedimiento es lo mismo que a la entrada, pero al revés. Huella dactilar, sala de des-contaminación y desvestirse. Empezando por los pies y terminando por el gorro. Todo lo que nos quitamos se tira a la basura, nunca más volverá a usarse. En todo este tiempo, la habitación ha vuelto a equilibrarse y ya podemos salir con toda seguridad. El dolor de oídos se mantiene.

Pero no ha terminado. Volvemos a entrar por otra puerta y accedemos a otra zona de las instalaciones, una que no necesita descontaminación. Y, ciertamente, es la más impresionante de todas.

Se abre ante nosotros de nuevo una sala enorme y ahí está, ¡el Stargate! Ah no, no lo es, pero se parece. Es una máquina de curado. O lo que es lo mismo, un aparato que sirve para secar el pegamento de todas las piezas ensambladas. Una vez montados los paneles, que puedes llegar a tener grandes dimensiones se introduce en este aparato unas horas y listo. El secado al aire no es apto para el espacio.

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Las salas de montaje y precintado permanecen cerradas por el tema de la contaminación, pero serían los últimos pasos de todo el proceso.

Y hasta aquí la visita. Casi hora y media que, aunque no tengan demasiados equipos sí que requiere largas explicaciones de cómo funciona tal o cual aparato. Mucha información y conocimiento nuevo en la cabeza de camino de vuelta a Madrid (ya sin atascos). Y con la idea de que hemos visto, a escasos metros de distancia, algo que estará en Marte en poco tiempo.