Salvo que tengas acceso a únicamente una cuenta personal con un número de seguidores muy bajo. En ese caso, tal vez sí, tal vez realmente tus cuarenta y dos seguidores equivalgan a tus cuarenta y dos amigos que usan Twitter. Por lo general, y sobre todo a medida que va pasando el tiempo en la red social de turno, se suele cumplir la premisa que dice que (como todos los números en Internet) tu número de seguidores es una mentira.

No es una acusación ni hay intención de polemizar. De hecho, podemos empezar con la propia cuenta de Twitter de Hipertextual, un buen ejemplo. Veamos cómo funciona Twitter para esto.

Cuando alguien se registra en Twitter, la red social le pide que indique cuáles son sus intereses, y los agrupa bloques temáticos: cine y televisión, ciencia, tecnología, economía... Una vez el usuario los ha marcado, Twitter obliga a seguir no menos de veinte cuentas relacionadas con esos intereses. Y ofrece una selección predeterminada. Hipertextual es una de las cuentas que aparecen "seguidas" por defecto en el bloque de tecnología, como tantas otras cuentas de medios compañeros.

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Recientemente superamos el medio millón de seguidores, que tiene algo (poco) de simbólico, y bastante de inflado. Porque precisamente las cuentas "bot" siguen el mismo proceso, y son muchísimas. En Hipertextual y en cualquier cuenta "grande", de medios o no. Así es como se explica un número tan grande de seguidores, muchos con el huevo en el avatar. También se explica que nosotros, como es fácil de imaginar que ocurre con otros medios, no hayamos comprado seguidores ni bots, sino que es algo que escapa a nuestro control y tiene su origen en la forma en que Twitter "da la bienvenida" a los nuevos usuarios, ya sean usuarios reales o meros bots que se reproducen con facilidad.

Hemos puesto el ejemplo propio porque es el que más a mano teníamos, pero en realidad ocurre con cualquier medio, como decíamos (o equipo de fútbol, o perfil de un famoso, o cuenta humorística...), y en mucha menor medida, con cualquier cuenta que vaya más allá de un círculo personal reducido, incluso las personales: con una antigüedad de años en la red social, un vistazo rápido a Twitter Analytics deja ver bien la diferencia entre impresiones de un tuit y número de seguidores. Un número, este último, habitualmente inflado por bots (ajenos al control de los propietarios de las cuentas a las que terminan siguiendo), cuentas spam, cuentas de personas que dejaron de usar Twitter hace años, cuentas colectivas abandonadas o que sólo son feeds de otro ente, etc.

En el caso de quien escribe estas líneas, y de su cuenta personal, 552.000 impresiones en el mes de julio, a repartir entre 288 tuits. 1.916 impresiones por tuit, en promedio. Lejos de los ~5.700 seguidores que marca el contador. Y eso contando con que muchos de esos tuits fueron retuiteados y, por lo tanto, vistos por personas que no forman parte de ese número de seguidores. En agosto el número de impresiones fue algo menor (447.000), y el número de tuits, algo mayor (335). Los números salen todavía menos.

Pero por algún motivo, y saliendo de ejemplos concretos, el número de seguidores es canónico. Es el dato al que recurrir frecuentemente para captar al vuelo una idea rápida del impacto que puede tener una cuenta. Aparte de un dato poco preciso, es fácilmente falsificable: si un negocio existe en Internet es porque funciona, y ya son muchos años viendo publicidad de compra de seguidores. Compra que se ha "profesionalizado" tanto que los seguidores que brinda ni siquiera son detectados como falsos por la multitud de aplicaciones que se dedican a cazarlos y cuantificarlos.

Cuando pasó de editor de fotos a red social (con infructuosos resultados), VSCO tomó una decisión atípica: ocultar el número de seguidores de cada perfil. Simplemente no dio opción de ver esa cifra al visitar perfiles ajenos. "Lo hacemos para que prime la calidad de una galería, y no se siga a personas en base a si tienen o no muchos seguidores", argumentaron. Seguramente no han conseguido la comunidad que querían crear, pero dieron síntomas de madurez social y de entender la problemática de esta métrica, una cantidad muerta que dista en trascendencia de la capacidad real de atención y generación de conversación que se puede lograr en una red.

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