Año 2016. La innovación que se ha vivido desde 2007 en smartphones ha llegado a su fin. Apple y Samsung, las marcas dominantes, han marcado su camino, aunque no ajeno a que en el futuro, lo accesorio al smartphone es clave para continuar prosperando: es el caso de los Gear o del Apple Watch. Las marcas pequeñas, o grandes que no pasan por su mejor momento han perdido toda capacidad de controlar el proceso de creación y producción, llegando así a una etapa de en la que el valor añadido ha quedado atrás y la irrelevancia reina. ¿Cómo salir de ella?

Cada compañía elige un camino. Desde el MWC, LG y Motorola han apostado por lo que llaman modularidad, que, sin serlo, sí pretende añadir funciones a los smartphones a los que acompaña. Y, sin duda, lo consiguen. Pero, ¿a un precio asumible por el usuario? Obviamente, se trata de un asunto muy subjetivo como para responder a la pregunta categóricamente. Pero una vez analizados y probados, sí es posible emitir una opinión.

La sensación que dejan los Moto Mods es de innecesariedad, que no de inutilidad. Hablar de lo segundo sería decir que no sirven para nada, que no cumplen. Y cumplen, pero a unos precios tan altos y ofreciendo tan poco sobre las funciones stock que harán que ni como regalo de reyes o cumpleaños sean apetecibles. Dado que las cámaras de Motorola nunca han sido brillantes en gama media y alta, el Hasselblad True Zoom se presentaba como un complemento ideal.

El problema de este accesorio es, en primer lugar, su tamaño. Lo primero que viene a la cabeza es que será relativamente fino y cómodo, pero la realidad, como se aprecia en las imágenes, es que el tamaño del dispositivo engorda considerablemente, con un pack completo final (800€ en total) que ocupa lo mismo o más que una cámara compacta de ese rango de precios.

Y ese es exactamente el segundo problema, que no puede competir con compactas dedicadas que ofrecen una grandísima amplitud de opciones y que con un enfoque real a la fotografía dan de verdad un rendimiento excepcional. Lo conseguido con los 12 MP de Hasselblad no está mal, pero con cualquier teléfono que brille en cámara no echaremos nada de menos de lo que ofrece, salvo su excepcional zoom óptico de 10 aumentos.

Exactamente lo mismo ocurre con los otros accesorios. El altavoz de JBL también mejora exponencialmente el sonido del Moto Z Play o del Z, pero lo hace añadiendo una pata, mucho peso y grosor. Al final, tal y como está concebido, merece más la pena gastar sus 100€ en un altavoz bluetooth externo que, a igualdad de precio, dará más calidad. No será lo mismo, no será modular, pero sobresaldrá. El picoproyector es una idea que no triunfó en teléfonos como el Galaxy Beam, y aquí, ni es brillante, ni responde a una demanda real. Sí responden a esa demanda los complementos de audio, pero es tan reducida y tan localizada, los foros de audio, que no tiene sentido renunciar a otras cosas por ellos.

Por otra parte, terminales como el Moto Z incurren en una gran contradicción. Llegan con cuerpos finísimos marcando récords de grosor a la baja gracias a reducir el tamaño de batería hasta unos 2600 mAh que no se llevan muy bien con procesadores no muy eficientes como el Snapdragon 820, una pantalla 2K y 5.5″. Eso sí, para luego presentar accesorios gordísimos que amplían una autonomía hacia convertirla en brillante, cuando bien podría ser así en un principio.

Tras probar y disfrutar de sus ventajas, que las hay, queda claro que el avance no pasa, de momento, por la modularidad, y sí, como ha ocurrido de toda la vida, por la minuaturización. Sí, esa misma que ha traído fotografías de excelente calidad a sensores de un tercio de pulgada, o esa que conseguirá que baterías con el doble de densidad quepan en el terminal, sin producir chepa que empobrece la experiencia.

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