La mayor feria de tecnología de consumo de Europa, y seguramente la segunda del mundo tras el CES de Las Vegas, cada año desluce más. Le ocurrió a CeBIT, le ocurrió a SIMO, le ocurrió al Computex y ahora también a IFA: el interés de las marcas y los consumidores desciende.

En los últimos años hemos pasado de tener en IFA el punto de encuentro de fabricantes dispuestos a lanzar en ella lo más destacado de su catálogo a que muy pocas marcas tengan un papel mínimamente relevante, toda vez que han adelgazado considerablemente su número de novedades.

Todo para mí

Samsung, por ejemplo, ha adelantado un mes el lanzamiento de su smartphone estrella semestral, como ya hizo el año pasado, y "sólo" ha presentado los Gear S3. Por lo demás, ahondar en tecnologías de imagen ya anunciadas, novedades menores en ese campo, y la presentación de las versiones europeas de productos ya vistos en el CES, como su extensa colección de electrodomésticos. Bonus: la reciente llegada de su smartphone estrella ha tornado en cólico.

Sony es otro ejemplo de marca que, aunque resiste el envite, no tiene ya la lustrosidad de años anteriores. Únicamente sus Xperia X Compact y XZ han puesto la nota en esta IFA. En años anteriores llegaba con dos smartphones, dos tablets, reloj, pulsera y novedades en la conexión entre smartphone y PlayStation.

Microsoft ni está ni se le espera, LG deja únicamente novedades menores. HTC y Asus, más de lo mismo respectivamente. Acer pone empeño pero está lejos de la relevancia que tenía una década atrás. Se salva Lenovo, que sigue limando de personalidad a la Motorola que compró pero también demostrando que tiene mucho que decir en el campo de ordenadores y convertibles, acertando cada vez más de lleno, sobre todo en el terreno de estudiantes, uno de los pocos reductos que quedan para la comercialización de PC's.

Huawei, seguramente la marca que más ha mejorado tanto en finanzas como en reputación en los últimos años, apenas ha dejado una nueva línea de smartphones de clase media y una tablet. Sigue confiando en su propio evento, síntoma de otra línea de pensamiento de la industria: mejor salir al escenario cuando no hay que compartir focos con otros.

No money, no party

Todo esto no es fruto únicamente de la falta de interés de los fabricantes en llevar fuste a esta feria, también tiene que ver con la madurez del mercado de la electrónica de consumo, menos entusiasta y más pragmático que en los primeros arranques del smartphone.

Paralelamente, el smartphone ha sido y es la estrella de la electrónica de consumo, pero sus fabricantes se han ido cansando de perder dinero. En esta noticia de hace dos años y medio ya se veía que únicamente Apple y Samsung hacían dinero con los teléfonos. El resto lo perdían, o quienes tenían más suerte simplemente se quedaban como estaban a la espera de poder ir arañando beneficios.

Una guerra que ha dejado un reguero de sangre (Microsoft Lumia, HTC, BlackBerry, Nokia) que se acrecentará (los números de Sony Mobile no son halagüeños, Xiaomi se ha estancado, las marcas chinas no terminan de despuntar cuando hace cuatro años parecían imparables y dejará las ferias de tecnología en esta tendencia descafeinada.

Si la IFA 2013 fue su cénit, la de este año está en el nadir. La situación en el Mobile World Congress de Barcelona es muy parecida: bajón de novedades lustrosas en los últimos años, la GSMA sigue vendiendo ceño fruncido. Apple lleva tiempo huyendo de estas ferias, Samsung ha desplazado fuera de ellas anuncios importantes. Otros fabricantes simplemente están en horas bajas. Y en general, todos los anuncios se concentran en los días previos a las ferias y sus prolegómenos. Resultado: ferias de más devaneos que sustento para el consumidor.