Los coches autónomos tienen una dependencia total de la tecnología ya que *están ciegos* al prescindir del conductor. Para ello se instala un sistema GPS y radares LIDAR para poder *ver* pero no son infalibles, están sujetos a errores. En el caso de los GPS el mayor problema es la precisión, que puede ser en zonas de menos cobertura, de algunos metros, o en túneles y montañas donde ahí directamente se pierde la cobertura. En el caso de los radares LIDAR el mayor problema es la posibilidad de no detectar algún elemento ya sea por tamaño, porque no se identifica, o cualquier otro motivo. A estos sistemas se le suele unir un conjunto de cámaras que refuerzan la visión del ordenador del coche.

Un grupo de trabajo dirigido por Todd Humphreys, un ingeniero aeroespacial de la Universidad de Texas en Austin, ha probado un sistema basado en software que puede funcionar con los procesadores de los coches de hoy en día, utilizando los datos de las estaciones de tierra que se tendrían que instalar para mejorar la cobertura, para localizar un coche dentro de un 10 centímetros. Eso sería suficiente para mantener al coche justo en el centro de su carril todo el tiempo, incluso en una tormenta de nieve.

Ford probando su coche autónomo sobre la nieve

Este equipo, respaldado por Samsung, comenzó su actividad desarrollando un sistema de super-GPS para smartphones mucho más preciso que el actual. A pesar de que el resultado fue increíble, el proyecto no salió hacia delante porque este super-GPS necesita unas antenas más potentes, algo que no podían ofrecer los smartphones porque sino su autonomía se vería muy reducida. Además el coste extra sería complicado de justificar por los fabricantes de smartphones. El coste de este sensor y el ordenador que procesa la información es de menos de 40€, frente a un radar LIDAR con un coste de varios miles de euros, para un smartphone sería un coste elevado pero no para un vehículo.

El salto lógico era cambiar de sector y virar hacia el del automóvil autónomo. Las estaciones de tierra que mencionaba anteriormente tienen una función muy importante, si se colocan a unos 20 kilómetros de distancia, la precisión es muy elevada y cada estación tendría un coste de menos de 800€, no muy elevado para cubrir grandes tramos de regiones.

Un ejemplo de la importancia del uso de un sistema GPS en los coches autónomos: los puentes. Los ingenieros de Uber odian los puentes porque es muy complicado para un radar LIDAR su identificación. Disponer de una precisión GPS de solo 10 centímetros daría al vehículo y a sus ocupantes una tranquilidad muy importante. Esta tecnología es posible que acabe llegando a los coches autónomos porque mejora su precisión, y será muy valorado por los usuarios que decidan delegar esa tarea en una máquina.