El anuncio publicado en la Comisión del Mercado de Valores (SEC) era para confirmar una noticia que se venía hablando desde hace tiempo y que sólo faltaba levantar a los agentes reguladores. Tesla se fusionará, si todo va como lo previsto, con SolarCity; una unión valorada en 2.400 millones de dólares, unos 400 millones menos de lo estimado. Un movimiento estratégico que, en pocas palabras porque el entramado de esta operación daría para un libro, sirve para salvar a la empresa solar y aprovechar su tecnología para Tesla, el otro imperio de Musk. Porque, de hecho, ambas compañías son de este popular empresario.

Pero la cuestión no es esa. Aprovechando el anuncio en la entidad pública, ya de paso se ha confirmado algo que no se esperaba hasta 2017. La empresa de coches eléctricos tiene 400.000 solicitudes para su nuevo Model 3 y, de momento, sólo capacidad para producir 15.000 Model S y Model X; la fabricación del mismo debería empezar a lo largo de 2017 pero está claro que las cuentas no le salen ni a Musk. Los fondos obtenidos con las pre-reservas y los 3.250 millones de dólares que a 30 de junio tiene acumulada la compañía son clarísimamente insuficientes para fabricar todas las unidades. A esto se le suma el hecho de que tampoco tiene espacio útil en sus factorías por lo que se ha visto en la obligación de tener que fabricar una fábrica, valga la redundancia. Y como a Musk no le gusta hacer las cosas de forma modesta, esta será una gigafactoría. Más dinero vamos.

Ahora bien, si los fondos no salen de la hucha de Tesla y tampoco de lo que han podido obtener de sus futuros y felices propietarios, ¿de dónde saldrán los fondos? Musk baraja dos opciones pero complejas por diferentes cuestiones. La primera de ellas, y suponemos la más deseable para el empresario, sería la de emisión de deuda. El problema es que a esos niveles y teniendo en cuenta el riesgo, esta opción no es la más sensata ni la más aceptada por el mercado. Es factible pero poco realista, puesto que Musk debe doblar, como poco, su dinero disponible en caja. Y la segunda opción sería la de hacer otra ampliación de capital, lo cual implica asumir algo que Elon Musk odia por encima de cualquier cosa: perder poder accionarial sobre sus creaciones. Desde que saliese escaldado de Zip2 y PayPal ha sido una cuestión a evitar y teniendo en cuenta que ya tendrá que ceder con SolarCity, pese a que también tenga el control accionarial, mucha gracia no le debe hacer.

Sin embargo, si este movimiento estaba previsto para 2017 y se ha confirmado que se cerrará antes de fin de este mismo año es que la necesidad es muy grande. El capital debe entrar sí o sí en las arcas de tesla y Musk debería ir mentalizándose o se quedará sin su sueño de cuatro ruedas. Ahora sólo tiene que decidir cuál de los males es menor.

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