Adam Jensen está de vuelta. Ha pasado un lustro desde que lo conocimos en Human Revolution y Eidos Montreal tiene en Deus Ex: Mankind Divided la difícil misión de llevar más allá lo disfrutado por aquel entonces.Como en casi cualquier terreno artístico, hay obras que necesitan de un mayor esfuerzo por parte del usuario o espectador para su disfrute. Esto no quiere decir que sean peores en su propuesta pero sí que, por diferentes motivos, no terminan siendo un producto para todos los públicos.

Es muy fácil que cualquier jugador comprenda y disfrute rápidamente lo que Angry Birds o Call of Duty tienen que ofrecer; en cambio, videojuegos como Dark Souls o Football Manager requieren de una mayor dedicación. Con la franquicia Deus Ex pasa algo parecido y diferente al mismo tiempo: es un juego con unos mimbres mucho más tradicionales y asequibles que los mencionados pero, al mismo tiempo, requiere de un tiempo de adaptación y acomodación a sus mecánicas y propuestas.

Esto es algo que se mantiene invariable en Deus Ex: Mankind Divided, donde Eidos Montreal no busca atraer a millones de jugadores que no hayan disfrutado nunca de la saga si no que va directa a ese fan que ya lleva tiempo deseando reencontrarse con Adam Jensen. Nada se ha simplificado o suavizado para atraer a una mayor masa de jugadores y eso, en los tiempos que corren, merece ser aplaudido.

Ojo, antes de empezar nuestra partida se nos preguntará si deseamos ver un vídeo-resumen de los hechos acontecidos en el juego anterior. Mankind Divided se construye sobre lo jugado en Human Revolution y, por lo tanto, tener unas nociones básicas sobre ello se convierte en algo esencial. Por suerte, este resumen funciona bastante bien y consigue refrescar (o poner en antecedentes) la mayoría de los hechos relevantes. Con todo, será el jugador experimentado en la franquicia el que más capte y disfrute esta aventura.

Pese al mejor equilibrio, el sigilo vuelve a ser más satisfactorio.Una vez a los mandos de Jensen, comprobamos a cada paso que Mankind Divided es una evolución y no una revolución. Todo se siente familiar (pese a ciertos cambios, algo incómodos, en su esquema de control predeterminado) y las sensación es la de estar jugando a una secuela que aspira a llevar más allá cada una de las bondades de la entrega anterior.

La música de Michael McCann sigue siendo excepcional, una auténtica gozada.

El guión, punto clave en la saga, sigue rayando aquí a un grandísimo nivel. Se vuelven a tocar, con más ahínco incluso, temas como el racismo y el clasismo, al mismo tiempo que se profundiza en el dilema moral que supone mejorar la raza humana con implantes tecnológicos. A partir de aquí, varias vueltas de tuerca, alguna que otra sorpresa y mucha conspiración Illuminati de por medio.

Eidos Montreal se siente muy cómoda en ese juego de máscaras en el que entran varias de las organizaciones que nos encontraremos en la aventura. Desde el Task Force 29 hasta el Juggernaut Collective y viejos conocidos, será difícil saber de quién toca fiarse en cada momento y la constante sensación de que estamos en un universo en el que no todo es blanco o negro se agradece enormemente en una industria plagada de clichés y tópicos.

Sí es cierto que el ritmo de la trama principal sufre algunos altibajos durante el ecuador de la aventura. Las piezas se colocan rápido, en la misión que hace las veces de prólogo, y todo funciona con un ritmo ascendente para, a medio camino, vernos sumidos en un ir de aquí para allá sin demasiada enjundia en lo que se nos cuenta. Pese a todo, los incentivos para avanzar en la trama, a la vez que completamos tareas secundarias, son más que suficientes y en ningún momento se pierde el interés.

En el terreno donde más empeño se ha puesto, sin duda, es en el de ofrecer más alternativas que nunca al jugador. La franquicia en general, y Human Revolution en particular, ponían en la mano del jugador el optar por un enfoque agresivo u otro centrado en el sigilo; por desgracia, hasta la llegada del Director’s Cut, el diseño y enfoque de los jefes finales rompían con dicha filosofía y evidenciaban que habían sido pensados para plantar cara a usuarios que habían diseñado a un Adam Jensen más agresivo y alejado del sigilo. Esto, uno de los pocos y grandes errores de bulto de la anterior entrega, ha sido corregido. Hay ciertos momentos en los que se sigue teniendo la sensación de que uno de los dos enfoques sería mucho más efectivo que el otro pero, de la mano de los nuevos aumentos y armas y, sobre todo, de un espectacular diseño de niveles, Deus EX: Mankind Divided se convierte en un patio de recreo incomparable. Pocos juegos cuentan con un diseño tan cuidado y efectivo.

El problema aquí vuelve a estar en el núcleo jugable. Igual que ocurriera en la entrega anterior, el control y el feeling que ofrece favorece un estilo de juego más pausado y alejado del frenetismo de los tiroteos multitudinarios; debido a lo pesado y algo incómodo del control del movimiento entre coberturas y el gunplay, los momentos de acción suelen sentirse algo ortopédicos y menos disfrutables de lo que debieran. Se ha mejorado con respecto al anterior, ojo, pero se sigue lejos de cualquier FPS de acción convencional en ese sentido. La interfaz de usuario es ahora mucho más atractiva y cómoda

Por ello y por la efectividad de aumentos como la invisibilidad temporal o el aturdimiento múltiple, mi decisión desde el principio (en el prólogo ya se nos cuestiona sobre nuestro modus operandi) fue la de optar por pasar desapercibido y optar por técnicas no letales. Aquí todo funciona en sintonía y, pese a algunos problemas puntuales de la IA (en ciertos momentos, su poder de detección se vuelve exageradamente eficiente), la aventura se disfruta sobremanera de principio a fin. El diseño de cierto jefe final, en el último tercio de la aventura, es de levantarse y aplaudir.

A ello, como en el resto de terrenos, ayuda que estemos ante el primer juego de nueva generación del estudio (Thief se lanzó también en PS3 y Xbox 360). El aspecto gráfico se ha mejorado notablemente con respecto a Human Revolution (videojuego que no ha envejecido demasiado bien, por cierto) pese a que no estamos, en ningún aspecto, ante un videojuego puntero en lo técnico. Sí ayuda, sobre todo, una mayor expresividad de los personajes y unos escenarios más amplios y ricos en detalles. Pero, repetimos, detalles como ciertas texturas, algún que otro modelado y caídas puntuales de fotogramas por segundo dejan claro que no estamos ante un videojuego puntero al respecto. Nada, por otra parte, que impida disfrutar de esta magnífica experiencia.

Al final, Mankind Divided es lo que cabía esperar de la franquicia y de Eidos Montreal. Eso, quizá una mala noticia para algunos, no hace más que demostrar que cierto tipo de experiencias, con una mayor y mejor carga narrativa y la posibilidad de elegir cómo actuar, pueden convertirse en grandes éxitos contemporáneos. Si en Human Revolution se colocaron las primeras piedras, aquí se vislumbra una espectacular fortaleza.

Conclusión

En una industria plagada de experiencias planas, preocupadas por no poner en apuros al jugador, trabajos como el de Eidos Montreal son más que necesarios. Después de Human Revolution, estrenado en 2011, se ha optado por construir una secuela en el más estricto sentido de la palabra. Los personajes y tramas conectan con lo visto hace cinco años y, en el plano jugable, todo funciona en pos de ofrecer más y mejores opciones que nunca. Adam Jensen vuelve en una aventura en la que cada pieza que compone el proyecto ha ido más allá: jugabilidad, guión, libertad de acción y elección, arte o música. Todo, pese a ciertas imperfecciones que afean el resultado final, funciona como un reloj suizo. Un más y mejor en toda regla.

Pros

  • El guión: personajes ricos e interesantes, dilemas constantes, etc.
  • La atmósfera: desde el enfoque artístico hasta la música, impecables.
  • La libertad de acción: aumentos, decisiones y diseño de niveles. Podemos jugar como queramos.

Contras

  • El control, si optamos por la acción, se siente demasiado incómodo.
  • Altibajos en el aspecto técnico que afean el resultado general.
  • Algún problema puntual en el ritmo de la aventura.