2012, ése fue el año estrella para la mayor parte de las economías de los países de Latinoamérica. Mientras medio mundo se debatía entre la quiebra, la locura y la desesperación, es decir, con una de las mayores crisis financieras de la historia, la gran parte de los países de Latinoamérica gozaban de una buena salud en lo que a números se refiere. Ricos en materias primas, con grandes núcleos de población y una gran influencia cultural y tecnológica de Estados Unidos -especialmente en el caso de México-, el sector de las startups y las inversiones tuvieron su mayor auge en los años más oscuros de Europa y USA.

En lo que llevamos de año, el volumen de inversión ha descendido, excepto en México, junto con la financiación destinada a startupsUnos sistemas de inversión cercanos a las agencias de desarrollo, las ONGs y a la actividad pública de los gobiernos crearon un sistema en el que, más o menos, la promoción empresarial, la innovación y una primera generación de fondos de inversión pudieron ver la luz. Sin embargo, su gran dependencia del gran país vecino, Estados Unidos, sigue siendo una tarea pendiente; la mayor parte de los fondos radican al sur de esta región y expanden sus redes por Latinoamérica a partir de filiales.

Aún siendo un ecosistema inmaduro a ojos del mundo, comparado con Silicon Valley o la experiencia israelí, lo cierto es que ha dado mucho de que hablar en los últimos años. No hay que olvidar que, pese a los progresos, sus economías tienen mucho trabajo por delante y los emprendedores e inversores locales aún buscan su sitio en los respectivos países y en el mundo.

El "milagro brasileño" definido por muchos por sus altos niveles de inversión en poco tiempo -de un año a otro sus cifras aumentaban un promedio de un 800%-, bien les ha valido recibir unos Juegos Olímpicos. Colombia como una de las regiones que más ha promocionado la formación de fondos y ha protegido los derechos de los pequeños empresarios; al igual que México, que después de Brasil es la región con emprendedores más activos según LAVCA, que además juega con la carta de su cercanía a los fondos extranjeros. Y Argentina o Perú, que pese a sus fallas regulativas y políticas, han sabido encuadrarse en el panorama emprendedor.

Vuelta a la realidad

Y sin embargo, el sueño se está acabando, o al menos se está asentando. Uno de sus mayores retos y tareas pendientes, es el de poner su punto de mira fuera de sus regiones. La nueva generación de empresarios ha evolucionado hacia ése objetivo, pero hay un largo trabajo pendiente respecto a esta cuestión. México, y en menor medida Argentina, han tenido un papel destacado en las salidas de proyectos, pero la cercanía en cultura e idioma con países de la zona les ha limitado de forma negativa.

Además, los fondos suelen venir de las grandes fortunas familiares las diferentes zonas, por lo que la formalización de un venture capital al uso se hace mucho más compleja.

El resultado es que, cuatro años después de su mayor éxito y según Wagner Rodrigues, analista de TTR, "el numero de inversiones disminuye a cada año desde 2012". Y mucho más concretamente en el caso de Brasil que, "por su crisis política y económica ha hecho descender los datos, teniendo en cuenta además, que es el responsable por gran parte de los registros en LATAM".

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Entonces, ¿qué ocurre con la parte de América Latina que no tiene que ver con Brasil? Si para el segundo semestre de 2016 este país acumuló 62 inversiones y 74,36 millones de dólares invertidos, no ha sido lo mismo que en el resto. Desde luego, nada que ver con cualquiera de los otros países, que ni de forma global, llegan a esas cifras.

Como siempre, México saca la cabeza por encima del resto aumentando en inversiones con el paso de los trimestres. Pero, al contrario de lo que ha venido sucediendo en España, no se ha estabilizado en cuanto a desembolsos. Los cuales se han desplomado desde el inicio de este año.

Parece ser que cuando el resto del mundo empieza a encontrar su cauce, pese al "supuesto pinchazo de la burbuja", las cosas se enfrían al sur del continente americano. Y los fondos estadounidenses que antes fluían, de momento, se están conteniendo.