Cada gran cambio tecnológico trae consigo cambios de comportamiento social. Son influidos, en buena medida, por el tipo de novedad que la tecnología posibilita, y no, no es nada nuevo. No es difícil imaginar cómo, en los años ochenta, el Walkman sacó la música de los salones o coches y la llevó a la calle mediante auriculares. Por no hablar de cuando llegó el teléfono móvil, o cuando evolucionó hacia smartphone y las redes sociales y WhatsApp se hicieron omnipresentes.

Las vidas cambiaron para siempre, y unido a las necesidades que los saltos anteriores habían hecho visibles, la reciente experiencia con Pokémon Go y la realidad aumentada acelera el curso de los acontecimientos y nos indica que, si todo sigue su curso normal, por cuestiones de comodidad y seguridad vial, la organización de las calles puede sufrir modificaciones similares a las de la apertura de un carril bici, por ejemplo.

En España aún es pronto para que estos cambios sean visibles, pero en otros países ya es fácil adivinar cuáles serán las tendencias en urbanismo, por locura que ahora parezca.

Un ejemplo de esto se da en la ciudad de Augsburgo, donde las autoridades instalaron señales luminosas en el suelo (haciendo de semáforos) para que los peatones que no levantan la vista del smartphone mientras caminan tengan alertas a la vista muy difíciles de omitir.

Y no se trata de un caso aislado. La agencia de diseño Büro North ha creado un concepto que continúa y mejora el experimentado con Augsburgo. Como se observa en el vídeo, aporta mejor feedback visual y tiene mayor presencia en la vía. Sin embargo, no es todo el cambio que se puede hacer en una calle para adaptarse a los nuevos tiempos.

En Chongqing, una ciudad china de unos 30 millones de habitantes, las autoridades decidieron en 2014, mucho antes de la explosión de Pokémon Go, señalizar un pequeño carril de la calle, como los dedicados a bicis, para que por el sólo discurrieran peatones que andaban con la vista puesta en el smartphone. Su objetivo era claro: garantizar la seguridad de los usuarios y no molestar a personas que van andando tranquilamente por la calle.

Todo puede sonar a distopía, pero si se analizan los cambios respecto a 30 años atrás, es fácil ver que la realidad supera en muchos casos a la ficción.