Sí. Hemos probado el nuevo The Legend of Zelda: Breath of the Wild, y es mucho más, en todos los sentidos, de lo que nos habíamos imaginado antes de su nueva presentación oficial. En primer lugar, porque es un nuevo Zelda. En segundo, porque se trata del primer juego de mundo abierto de Nintendo, y lo hace con una de sus franquicias más importantes como antesala de la llegada de su nueva consola en 2017, Nintendo NX, fecha en la se espera, a su vez, que este nuevo título vea por fin la luz.

La demo que hemos probado consistía más en explorar el mundo, probar algunas de sus mecánicas y tomar el control de nuestro protagonista, que en su historia. Y en el rato que hemos estado jugando, nos ha quedado una cosa clara: el mundo del nuevo Zelda es enorme. De hecho, nos han contado que multiplica por 10 el tamaño de Twilight Princess.

Como todo juego de Nintendo, el arte es un festival de gozo para los sentidos, aunque hay que reconocer que en esta versión para Wii U, el tan comentado downgrade respecto a su presentación en sociedad es una realidad tan palpable como esperada. Aun así, el derroche de mimo y cuidado por sus escenarios y elementos es asombroso; es sin duda un sello de la casa Nintendo que no podemos pasar por alto.

Y los cambios continúan con la adición de los nuevos movimientos, controles mejor depurados y, en definitiva, mejoras que convierten este Zelda en un punto de inflexión en la franquicia. De hecho, a pesar de que aun se mantienen el clásico arco escudo y espada, ahora podemos convertir muchos de los elementos del entorno en armas como por ejemplo ramas de árbol, que además irán desgastando conforme las vayamos usando.

Ahora podemos saltar en cualquier momento, por lo que se han incluido algunas plataformas adicionales que hace más interesante, si cabe, la exploración de Hyrule. Contando además con que se puede interactuar muchísimo con el entorno, pudiendo recoger todo tipo de consumibles que de una forma u otra podemos aprovechar en nuestra ventaja.

El mundo abierto y las nuevas mecánicas dan un toque fresco a Zelda Claro, esta vez estamos ante un mundo abierto en el que, la variedad de misiones y la no linealidad nos llevará a dejar pendiente alguna que otra misión, pero lo cierto es que es un género que le sienta muy bien a Zelda. No obstante, hay que tener en cuenta que una demo de apenas 20 minutos te da tiempo a explorar bien poco del mapa; y en el mismo sentido, bien poco de las posibilidades que ofrece, puesto que la mayoría del tiempo te quedas enbobado mirando el mimo con el que han diseñado cada personaje y cada elemento de este nuevo universo.

Universo que, atendiendo a lo visto la demo, está increíblemente vivo e incluye la posibilidad de descubrir otros campamentos por doquier, diferentes tipos enemigos e incluso, si explora suficiente también te puede llevar al entorno totalmente diferentes dentro del mismo universo de Zelda.

Nintendo America

Nos hubiera gustado adentrarnos más en la historia que propone este nuevo Zelda, pero mi toma de contacto iba más encaminada a ver las posibilidades de este cambio de paradigma en la franquicia, y sobre todo, ver qué tal le sienta a Nintendo, cómo han aprovechado estos cambios para ofrecer una obra diferente pero con la misma personalidad y cuidado por el detalle de siempre.

La duda que nos queda ahora es si Nintendo podrá mantener el ritmo de los Zelda clásicos en este nuevo mundo que, sin duda, invita a explorar y a perderse en él, pues los cambios introducidos, la nueva puesta en escena, y que además saldrá también para la próxima generación, le convierten de facto en el sucesor del Zelda que, a título personal, considero como uno de los mejores videojuegos jamás creado: Ocarina of Time.

Una cosa está clara, los apenas 20 minutos a los mandos de Link nos han salido a más bien poco, y estamos deseando probarlo más en profundidad para tener una impresión mucho más detallada de los cambios respecto las entregas anteriores, y sobre todo de todas las propuestas que ofrece el nuevo título de Nintendo.

Razones para triunfar, desde luego, no le faltan en absoluto.