Más fino, más fino. Es el grito de guerra de los fabricantes de smartphones con el que, al ritmo de tambores, jalean a sus ingenieros. Tum, tum, tum.

Comentamos el acierto que el nuevo Galaxy S7 fuera más grueso que el Galaxy S6. Pasaron de unos 6,8 a 7,9 milímetros. El espacio extra les permitió aumentar la capacidad de la batería un 18% hasta los 3000 mAh. Combinado con mejoras en el consumo de sus procesadores, mejoraban la duración de batería final del nuevo terminal estrella de Samsung un 30%.

un milímetro extra de grosor supone un 30% más de batería. ¿Magia? No, sentido común.

Si es cierto que el nuevo iPhone bajará su grosor hasta los 6 milímetros y lo hace sin aumentar la cantidad de batería, sus usuarios tendrán un problema. Van dos años que el nuevo modelo de iPhone principal tiene una duración de batería mala. Terrible para el precio que tiene, y que tira por la borda el buen trabajo de Apple en otros aspectos del smartphone. Esto hace que muchos usuarios opten por “subir” a las versiones “Plus” del teléfono, o irónicamente, dar el salto al iPhone SE. El iPhone más pequeño es el que mejor duración de batería tiene, gracias a su grosor y el bajo consumo de su pantalla y su procesador.

El iPhone SE tiene el mérito de haber enseñado el camino a los usuarios de Apple: se pueden hacer móviles con gran batería sin tener que romper el bolsillo del pantalón. Los iPhone que Apple presente en otoño nos decepcionarán en este aspecto, si nada cambia.

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