Hace muchas décadas, Julio Cortázar planteaba una dicotomía entre el lector pasivo ("el que no quiere problemas sino soluciones, o falsos pro­blemas ajenos que le permitan sufrir cómodamente sentado en su sillón, sin comprometerse en el drama que también debería ser el suyo") y el lector activo o lector-cómplice, aquel que puede llegar a ser copartícipe de la misma experiencia por la que pasa el novelista. Su obra capital, "Rayuela", es precisamente un experimento en hacer partícipe al lector, en construir la historia a medida que ésta es narrada. Quizás Cortázar, a quien se considera de este modo precursor de la narrativa hipertextual y la llamada "ciberliteratura", habría sido un ávido lector de fanfiction.

El fanfiction es al mismo tiempo una fuerza movilizadora de la cultura popular y una suerte de culto underground. Heredero legítimo de la cultura del remix, el fanfiction es creado por lectores y espectadores que no están satisfechos con sólo consumir cultura, sino que quieren participar en ella, crearla, recrearla, cambiarla. Millones de historias son publicadas cada mes en enormes repositorios para ser leídas por millones de otros fans. El fenómeno difícilmente pueda ser considerado como algo nuevo: el fanfiction tal como lo conocemos hoy comenzó en la época de los fanzines de Star Trek, y desde esos tiempos existía dentro de sus historias un fuerte componente queer, llevando a Mr. Spock a los brazos del Capitán Kirk.
Quizás Cortázar, habría sido un ávido lector de fanfiction

Sin embargo desde esa era temprana de la fanaticada Trekker, las comunidades de fanfiction formaban un componente menor de la comunidad de fans de ciencia ficción, y eran tratadas con condescendencia. El fanfiction era considerado un pasatiempo predominantemente femenino: mientras que los hombres se involucran más en lo que se denomina "fandom curativa" (coleccionar figuras, discutir en Reddit cuál es el mejor Doctor en Doctor Who), las mujeres predominantemente dedican su tiempo a la "transformativa": crear historias donde Hermione Granger es negra y Sherlock Holmes tiene un romance con Watson. Hay quien opina que la dominancia de las mujeres y de la comunidad queer en el fanfiction se explica fácilmente al comprender que al no verse representados equitativamente en la cultura y los medios, el fanfiction es una forma de atacar el status quo, cambiándolo. Fue aquí donde Internet significó una revolución: al volverse más horizontales y democráticas, las enormes comunidades de fanfiction ya no podían ser ignoradas.

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"Writer's Block I" por Drew Coffman, bajo licencia CC BY 2.0.

Ya no es posible pretender que los espectadores y lectores actuales consuman pasivamente el contenido cultural que se les entrega
Sin embargo, más allá del resto de los espectadores comunes, el fanfiction tiende a incomodar a autores, actores y productores, que aún no se acostumbran al hecho de que en un mundo hiperconectado, una obra de ficción deja de pertenecerles en el momento en que es publicada. Algunos autores, como George R.R. Martin, han protestado contra estos actos de apropiación y le han pedido a sus fanáticos que se abstengan de llevarlos a cabo. Son incontables los casos de solicitudes de retiro de contenido por reclamos de propiedad intelectual. Otros, como J.K. Rowling, no ven ningún problema en la creación de ficción derivativa por parte de los fans. Después de todo, la historia de la literatura es una historia de apropiación cultural, sin la cual no contaríamos con prácticamente todo lo que consideramos clásico hoy en día, incluyendo las obras de Shakespeare.

A pesar de que muchos alegan que las obras de fanfiction están protegidas por la cláusula de usos justos en la legislación norteamericana, muchos autores optan por cambiar los nombres de los personajes antes de publicarlas, tal como hiciera E. L. James al publicar "50 Shades of Grey", que no es sino una obra de fanfiction basada en la (igualmente terrible e igualmente exitosa) "Crepúsculo" de Stephenie Meyer. Crepúsculo, a su vez, está inspirada en la gran novela clásica de Jane Austen "Orgullo y Prejuicio", a la cual si algo no le falta son versiones re-imaginadas, desde "El diario de Bridget Jones" y "Tienes un e-mail" hasta ese nuevo clásico (?) llamado "Orgullo, prejuicio y zombies".

Independientemente de lo que diga la ley de propiedad intelectual, ya no es posible pretender que los espectadores y lectores actuales consuman pasivamente el contenido cultural que se les entrega: hay una comunidad inmensa de personas determinadas a enriquecer la cultura con los frutos de su imaginación, y ese impulso de contar historias es tan antiguo como la humanidad misma.