No es fácil escribir sobre Rosario Castellanos. Su vida personal tiene una veta muy marcada de dolor y sufrimiento que asoma su color a cada paso en la maravillosa carrera de esta escritora mexicana. Como cuando la tragedia llegó muy pronto a su vida antes de cumplir los 25 años pues para entonces había perdido a su hermano y sus padres; hecho al que se le adjudica la búsqueda que ella inició a través de las letras y que la convertirían en la primera mujer escritora de Chiapas.

Para 1950 recibió el título de filosofía en la UNAM. Rosario formaría parte de la llamada Generación de Medio Siglo, una importante etapa impregnada por la herencia post revolucionaria y los cambios sociales, políticos y económicos que trajo consigo. En el ámbito de las letras también figuran como parte de esta generación: Jorge Ibargüengoitia, CarlosFuentes, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo, José Emilio Pacheco.

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Rosario se casó en 1958 con el profesor de filosofía Ricardo Guerra. Durante su matrimonio vivió intensos periodos de depresión debido a los abortos que sufrió y la muerte de una hija recién nacida. La llegada de su hijo Gabriel marcaría un evento muy importante para la escritora.

Sus actividades académicas, así como su producción literaria no tendrían tregua. Ya en 1957 habría publicado Balún Canán, novela por la que sería premiada en 1958 con el Premio Chiapas. Dos años después le sería otorgado el Premio Xavier Villaurrutia por Ciudad Real.

No se puede ser el mismo luego de leer a Rosario Castellanos

Las temáticas de sus obras tocaron heridas dolorosas con respecto a los hombres y las mujeres; lo indígena y lo mestizo; lo rural y lo urbano. En su ensayo de 1950, Sobre cultura femenina diseccionaba las opiniones de otros autores y estudiosos hombres sobre las mujeres y sus roles, sus alcances intelectuales; pero también se cuestionaba este tema con una amplia crítica a su mismo género y a la naturaleza de la apatía a la cultura del mismo.

Sumergirse en la obra de Rosario Castellanos es darse de frente con el dolorosísimo camino de lo femenino o de lo que se entiende por él. Es entrar en el dolor del desamor, de las diferencias sociales; es un abanico de mujeres marcadas por el mismo hecho de ser mujeres. Sus poesías son de una miel que amarga y que ya no nos deja ser iguales en delante; sus ensayos un duro golpe que nos sacude, en fin: no se puede ser el mismo luego de leer a Rosario Castellanos.

Es por esto, que a 91 años de su nacimiento se le recuerda; ya sea por sus dolorosas letras, como por el dolor de su vida que no cejó ni en los últimos momentos. Luego de sus muchas participaciones como académica y promotora cultural, en 1971 fue nombrada como embajadora de México en Israel. Fue el 7 de agosto de 1974 en Tel Aviv que ella encontraría la muerte en un "desafortunado accidente doméstico" como dice la versión oficial al referirse a la descarga eléctrica que le costaría la vida; aunque hay quienes aseguran que la muerte de la escritora fue un suicidio debido a una fuerte depresión que sufría en ese momento.

Los restos de Rosario Castellanos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres en México y su obra en los corazones de muchos.