No es la primera vez que se señala lo triste y enojoso que es el contraste entre el aumento progresivo de la obesidad en los habitantes de los países plenamente industrializados, e incluso en los de aquellos en vías de desarrollo, y la situación de las personas que mueren de hambre o enferman por malnutrición y acaban muriendo también por ello. El abismo que las separa, pese a que se va reduciendo gracias a la lenta disminución de las tasas de pobreza extrema, es algo lo suficientemente grave como para no cejar en la lucha por eliminarlo. Para ello, es preciso realizar un diagnóstico concienzudo de la situación, como el del Programa Mundial de Alimentos, y huir de los mitos que circulan acerca del hambre en el mundo.El problema del hambre no es de desabastecimiento alimenticio sino de acceso físico y económico a la comida

Lo primero que conviene dejar claro es que el hambre y la desnutrición no son lo mismo: las personas que sufren la segunda pueden comer hasta hartarse pero, si lo que ingieren carece de nutrientes, o sea, vitaminas y minerales sobre todo, su alimentación no es la adecuada, su salud se resiente y, de no corregirse a tiempo, no acaban bien. Esto ocurre porque la comida nutritiva es normalmente más costosa que aquella que sólo suministra de carbohidratos, y tiene como consecuencia que la desnutrición no comporta siempre delgadez, y que erradicar el hambre en el mundo de la manera apropiada no es simplemente que todos tengan qué llevarse a la boca, dos mitos muy extendidos.

Como que el hambre y la desnutrición se dan cuando los mercados de los países cuya población las padece no disponen de suficiente comida, pero la realidad es que, normalmente, la gente no puede pagar por alimentarse bien o incluso les es imposible o muy difícil llegar a los propios mercados, es decir, el problema no es de desabastecimiento sino de acceso.

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Reparto de comida en México - Vanguardia.com.mx

Del mismo modo, suele pensarse que el hambre y la desnutrición son sólo problemas de salud, pero tampoco es cierto: con ellas se reduce el rendimiento escolar de los niños cuando cuentan con la oportunidad de instruirse, se retrasa su crecimiento, se convierten en adultos débiles y enfermizos y, por estas circunstancias, su estatus económico es menor de lo que podría ser con una alimentación saludable porque no consiguen trabajos bien remunerados, y ello conduce a la falta de productividad y de crecimiento económico y “atrapa a los países en un círculo de pobreza”.3,5 millones de niños menores de 5 años mueren de hambre y desnutrición cada año

Pero la malnutrición empieza a hacer estragos en las personas pobres, no en la niñez, sino desde el momento en que un feto no puede desarrollarse debidamente cuando a las mujeres embarazadas no les es posible alimentarse bien; y es esta etapa y los primeros años de vida el tiempo crucial para que la salud de cualquier individuo no sea endeble.

Por otra parte, muchos creen que hay otros problemas de salud más acuciantes que el hambre y la desnutrición, pero todo lo contrario: la mitad de los fallecimientos infantiles en el mundo entero son causadas por ellas, 3,5 millones de críos que no han llegado a los cinco años de vida mueren a causa de las mismas cada año, y se las asocia al once por ciento de las enfermedades que se padecen en este planeta. Además, en contra de lo que se acostumbra a pensar, no sólo la anemia relacionada con la malnutrición es perfectamente curable, sino que una nutrición correcta prolonga la vida de los que sufren el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, el sida, y carecer de ella, como es lógico, se la acorta considerablemente.

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Comedor de niños asiáticos - Reuters

Se suele tener en mente que las hambrunas son cosa de África pero, si bien es cierto que tres de los cinco países con mayor desnutrición crónica son Namibia, Zambia y la República Centroafricana, los otros dos son Haití, donde cerca de la mitad de sus habitantes tiene desnutrición, y Corea del Norte, en Sudamérica y Asia respectivamente; y este último continente, junto con el Pacífico Sur, es la región que más personas hambrientas alberga según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, que por otro lado asegura que, desde 1990, “la prevalencia de la subalimentación se ha reducido del 18,6 al 10,9 por ciento a nivel mundial”, es decir, que vamos ganando en la batalla por una alimentación digna para todos.Asia, junto con el Pacífico Sur, es la región que más personas hambrientas alberga del mundo, no África

Entre las iniciativas internacionales que persiguen dotar de los medios necesarios a cualquier país afectado por el hambre para que la pueda suprimir, la provisión de alimentos fortificados es una de ellas, pues incrementan los niveles de energía y proporcionan micro y macronutrientes, de modo que garantizan el crecimiento idóneo de los niños y la buena salud de todos y previenen la desnutrición. No tiene por qué tratarse de transgénicos, pero pueden serlo sin problemas, como el arroz dorado, que se confeccionó en universidades con financiación pública, que aporta veintitrés veces más betacarotenos que el original y cuya patente se liberó después para facilitar su uso en los países con desnutrición crónica.

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Arroz dorado comparado con el blanco - Northeastern.edu

Las hambrunas se pueden predecir. De hecho, el Sistema de Alerta Temprana de Hambruna o FEWS NET se dedica a ello, examinando los factores de la meteorología y de la producción alimenticia para advertirnos cuando puedan ocasionarlas. Pero ni los desastres naturales son responsables directos del hambre ni esta se cierne sobre la población solamente durante los mismos: los sistemas de riego contra las sequías, la construcción de carreteras para llegar a los mercados y de instalaciones de almacenamiento pertinentes optimizan las cosechas, sólo el ocho por ciento de las hambrunas son resultado de catástrofes puntuales de origen natural y, desde 1992, se han acrecentado las crisis alimentarias debidas a calamidades humanas hasta doblar su número y un poco más.Sólo el 8% de las hambrunas son resultado de catástrofes puntuales de origen natural

La lucha contra el hambre y la desnutrición evita conflictos violentos y desastres económicos y medioambientales, porque las personas no se pelean por los escasos recursos disponibles, la economía de los países no desfallece así y los agricultores pueden cultivar sus cosechas con prácticas decentes y de una forma efectiva. Y en el mundo hay suficiente producción de alimentos para proveer de comida a cada ser humano que lo puebla; el problema es la falta de sostenibilidad productiva, el reparto desigual y la distribución deficiente. Así que, por ello y por todo lo anterior, no tenemos excusa para no ayudar política y personalmente en esta causa cuando podemos hacerlo.