Tras el sorprendente MacBook estrenado en marzo del año pasado, y su escasa potencia a la hora de la verdad, se acercaba el momento de preguntarse por su renovación. La fecha llegó, y el MacBook de 12 pulgadas fue actualizado. ¿Cumple?Marzo de 2015. Apple se saca de la manga un nuevo concepto de ultraportátil, inédito hasta ahora. Previamente se filtraron algunos renders a los que no les terminaba de dar credibilidad. "Demasiado futurista", "excesivamente minimalista incluso para Apple". A veces también aparecía la palabra "locura" o "despropósito". Pero el MacBook llegó.

En este año de vida del MacBook, la opinión ha sido, hasta cierto punto, unánime: gran pantalla, gran diseño, gran teclado, gran trackpad... mediocre rendimiento. La elección de un procesador Core M llegó con polémica desde el principio.

Una vez sobre el terreno de juego, el MacBook se quedó en tierra de (casi) nadie. Demasiado caro como para justificar un rendimiento tan bajo entre quienes no necesiten más potencia.

Demasiado endeble en desempeño como para quien, previsiblemente enamorado de su aspecto y detalle, acepte su elevado precio.

Así, se ha señalado de forma recurrente al MacBook como "el portátil del futuro", lo cual tiene un matiz importante: vivimos en el presente. En el presente, Apple ha lanzado la renovación. Vamos a verla. La palabra "portátil" llevada a su última expresión

El día a día

Seguramente, lo mejor del MacBook, pasado y presente, es su vocación de portátil definitivo, remarcando la palabra "portátil". Es extremadamente ligero con su peso por debajo del kilogramo. Lo cual, con el factor de forma del ordenador portátil (cuando está cerrado, una lámina rectangular de menos de 30 x 20 centímetros), deja una sensación curiosa: por momentos, al tenerlo en la mochila, no somos del todo capaces de distinguir si está dentro o no.

Esto, que puede parecer un asunto trivial, no lo es tanto: es uno de los fines de la tecnología invisible. Lograr que la tecnología no se perciba como tal, sino que se integre de forma natural en nuestras vidas. Ahí, el diseño del MacBook apenas tiene rival.

Aunque muchas veces el iPad es catalogado como el dispositivo portátil por excelencia, y pese a que no es una afirmación exenta de razón, tiene un matiz importante: a la hora de la productividad, la disposición de un portátil, con teclado en la base y pantalla abatible, es más ventajosa a la hora de parar a trabajar o realizar consultas en cualquier lugar.

Por fuera, es el portátil definitivo. Por dentro, queda en un terreno complicado: la relación precio vs rendimiento le perjudicaEn una estación de tren, en un avión, en la cama o donde sea, es viable apoyar el portátil en nuestras rodillas. Ahí es donde el iPad Pro, Surface y compañía todavía tienen una desventaja respecto a los ordenadores portátiles. Nuevamente, ahí es donde el MacBook además se aprovecha de sus dimensiones, peso y diseño para ir más allá.

Vivir con el MacBook como ordenador principal o único, estricamente en el sentido de la movilidad, es una experiencia perfecta que está tratando (y lo seguirá) de ser replicada por la industria. Para los amantes de los detalles, ni siquiera el MacBook Air llega a ese nivel. Ni hablemos del MacBook Pro.

En muchos niveles, usar el MacBook evoca al uso de un iPad en lo que a miniaturización se refiere. Da la sensación de que nada es superfluo, todo mide y ocupa lo que debe, y no más.

Los detalles

La pantalla del nuevo MacBook es, simplemente, la pantalla que toda persona querría tener en su ordenador portátil. Apple en general construye muy buenos paneles, y sólo el MacBook Air empieza a acusar su edad y su resolución a la hora de quedarse muy atrás. En el MacBook encontramos un panel de 12 pulgadas y 2304 x 1440 píxeles (proporción 16:10), lo cual equivale a una densidad de 226 píxeles por pulgada.

Bien, en palabras de uso diario, esto implica que es prácticamente imposible distinguir un sólo píxel en el panel. Si no le ponemos empeño y permanecemos a la distancia habitual de uso de un ordenador de 12 pulgadas, el "prácticamente" desaparece.

La pantalla del MacBook roza la perfección, y además lo hace con marcos ridículamente finos que hacen que ocupe casi toda la superficieLa diferencia al pasar de usar un MacBook a usar de nuevo un MacBook Air es sangrante. Las siluetas son totalmente nítidas, las imágenes vivas, y por momentos parece que la imagen está directamente pintada sobre el cristal. Leer un texto marca la diferencia.

En términos de resolución, los 2304 x 1440 píxeles no son "reales" en tamaño, sino que se agrupan para aumentar el nivel de detalle. Lo que ha hecho Apple con esta pantalla es muy parecido a lo que hizo cuando presentó el iPhone 6 Plus, tirar de ingenio para solventar un problema de resolución y escalabilidad: renderiza a mayor tamaño para luego encajarlo en las dimensiones del panel.

La resolución equivalente que queda por defecto es de 1280 x 800 píxeles, la misma que tiene el MacBook Pro de 13 pulgadas. En la configuración de pantalla se puede variar este escalado, igual que viene sucediendo desde el primer MacBook Pro Retina de 2012, para escoger entre más información en pantalla a menor tamaño, o menos información pero a tamaño mayor.

Este es el aspecto que tiene la resolución por defecto, 1280 x 800 píxeles.

Este es el que tiene la versión de "texto grande", que baja la resolución considerablemente, hasta 1024 x 640 píxeles.

Y este es el del modo que deja más espacio disponible, 1440 x 900 píxeles.

El teclado y el trackpad ya no tienen secretos. Si acaso, que todo quien pruebe por primera vez el teclado del MacBook, por su disposición ligeramente modificada respecto a lo que se suele estar acostumbrado, necesitará una curva de aprendizaje que en nuestro uso tuvo una duración de unos tres días hasta poder estar completamente familiarizado con él.

El puerto maldito

Más allá de su diseño y del rendimiento que pueda llegar a ser capaz de alcanzar, el verdadero debate del MacBook está centrado en su puerto único USB-C. Igual que nadie debería pensar que Apple le está tratando de vender un ordenador por 3.000 dólares o un todo-en-uno con pantalla 5K por casi lo mismo, nadie debería creer que Apple está tratando de forzarle a tener un ordenador como el MacBook. Para eso mantiene los Air y los Pro en el escaparate.

Dicho eso, la vida con un único puerto USB-C es más fácil de lo que puede parecer para bastantes usuarios. A saber:

  • Quienes tienen en el MacBook un ordenador portátil pero usan como principal otro de escritorio
  • Quienes tienen sus archivos en la nube y los comparten a través de ella, y no dependen de un pendrive
  • Quienes realizan tareas de ofimática y navegación simple sin conectar regularmente periféricos

Al fin y al cabo, la caída en ventas de ordenadores, que ya ha pasado de catarro a anemia crónica, tiene mucho que ver con el hecho de que cada vez más personas tienen casi todo lo que necesitan para comunicarse y navegar en su smartphone. Para quien necesite algo más avanzado que un teléfono pero no requiera de periféricos ni cierta potencia, el MacBook puede ser una solución. No barata, pero sí a otro nivel de diseño. Y con OS X.

Por otro lado, el conflicto del único puerto USB-C será menor a medida que continúe pasando el tiempo. El adaptador sigue siendo una compra obligatoria para, como mínimo, poder conectar un pendrive que nos entregue alguien y con el que no contábamos, o para la tarea de poner a cargar nuestro smartphone en un momento dado. Fuera de eso, el uso de un puerto HDMI o un Ethernet queda reducido a quien lo usará en su puesto de trabajo, o a pura anécdota.

La renovación

Este nuevo MacBook tiene, sobre todo, tres principales diferencias con el anterior. Por un lado, un modelo en oro rosado que deja claro que Apple va a ir cada vez más por el sector de la moda y el estilo. Aunque parezca una cuestión trivial, pintar un ordenador de este color es un argumento de ventas para según quiénes.

Por otro lado, los nuevos procesadores, que sobre el papel dan un 20% más de rendimiento en comparación con el MacBook de la generación anterior. En el día a día, y más allá de unos benchmarks que lo sitúan como el eslabón más débil de la gama Mac, por debajo también de los modelos de entrada del MacBook Air y el Mac Mini, deja sensaciones encontradas.

El MacBook es capaz de dar un buen rendimiento general tanto para el ocio como para el trabajo de quien se limita a navegación, ofimática, documentos, edición básica de imágenes... Pero se le ve el cartón a la hora de hacer esas tareas cuando requiere de un rendimiento relativamente alto, como la copia de una gran cantidad de archivos al SSD interno o el manejo de demasiados archivos pesados. Ahí es cuando empieza a rascar.

Conclusión

El MacBook está en la intersección de dos perfiles de usuario:

  • Quienes pueden y quieren gastar de 1.400 euros en adelante por un portátil.
  • Quienes no necesitan una gran potencia y rendimiento, sino que se enfocan en navegación, ofimática, etc.

Es algo difícil que la conjunción de ambos sea masiva. Quizás por eso muchas veces se señala al MacBook como "el ordenador del futuro" por su diseño y la carencia de puertos principalmente. El problema es que vivimos en el presente, y a día de hoy se hace difícil de justificar una inversión como esta en un producto como el MacBook.

Quizás un rendimiento parejo al del MacBook Air haría más fácil entender el coste, que se sostiene sólo en el nivel de su diseño y acabados, así como pantalla, teclado, trackpad... Las mejoras en rendimiento han llegado, pero todavía son el mayor asterisco de este Mac.

Quien quiera y pueda pagar este Mac tendrá una obra de arte ante sí, capaz de cumplir de sobra para las tareas que siempre mencionamos. Su gran pega es que es un portátil lejos de poder tener el apellido "Pro", pero en cambio sí tiene un precio Pro.

Pros

  • El diseño. Difícilmente puede haber un portátil más "portátil", y además tan bonito.
  • La pantalla. Tan cerca de la perfección.

Contras

  • La potencia. A ese precio, el desempeño del MacBook Air debería ser lo mínimo a donde apuntar.
  • El precio. La pescadilla que se muerde la cola. Con un rendimiento mayor sería más asumible.