De 38.70 pesos a pagar 39, o de 15.50 a pagar 16. Es lo que popularmente **se conoce como redondeo** y que tantos dolores de cabeza lleva dando durante mucho tiempo. Esos centavos descarriados que, por no ocupar espacio en los bolsillos se donan o se ceden al comercio en cuestión, han sido motivo de debate y discusiones públicas, políticas y sociales en México.

La cuestión es que desde hace algunos años, en México se ha tomado la costumbre -altruista- de **donar los centavos sobrantes de la compra para una u otra causa benéfica**, en los comercios de Walmart, Soriana, Comercial Mexicana, Mega, Oxxo, Kmart o 7Eleven. De esta manera, nos ahorramos el tener que guardar demasiadas monedas en la cartera y colaboramos de una forma cómoda y sencilla.

Sin embargo, muchos han tomado estas campañas como una forma de aprovechamiento por parte de las empresas. Por una parte porque se hacen propietarios de unas donaciones y unas deducciones fiscales que no les son suyas, y por otro lado, porque se evitan tener que devolver esos centavos de más. Y cinco no son nada pero 250 millones sí que cuenta. Esta última cuestión se debe a **la falta de monedas suficientes para dar el cambio completo** y de la que se benefician esas donaciones. Por ejemplo, según el Banco de México, no existen monedas de un centavo; y sin embargo, los cambios de 17 centavos son bastante comunes.

Y sin embargo, si nos ponemos a sumar es todo un dinero. Algunos lo toman como oportunidad de negocio y, sin dejar de lado las causas benéficas, se ofrecen como alternativas viables.

## Ojo que no es evasión

De todas las acusaciones generadas contra el hecho de donar los centavos sobrantes, una de las más complejas ha sido **la de evasión de impuestos**. Algunas de las teorías, fundamentadas por una acusación lanzada por *The Financial Times* contra la Fundación Vamos México, y presidida por Marta Sahagún, ex-primera dama, afirmaban que los importes recaudados por las campañas benéficas de esta organización suponían una evasión de impuestos, tanto para ellos como para las empresas que se prestaban a la acción.

La duda no está en si el dinero llega a la obra benéfica, sino en la manera en que las empresas manejan los beneficios fiscales que esto suponeCon unas recaudaciones que rondan los 125 y 900 millones de pesos, aproximadamente, logrados durante los tres meses promedio que dura cada campaña, la cifra de impuestos que se podrían «ahorrar» se antoja bastante jugosa. Sin embargo, y pese a que a muchos les guste lanzarse al cuello con este tipo de acusaciones, la cosa no va por esos tercios, y se ha producido **una gran distorsión de la información**. Es, según Octavio Novelo, CEO de Zave App, «una de las razones por las cuales estos mecanismos se han visto empañados».

Lo que hacen las empresas, comercios en su mayoría, es **deducirse impuestos**; una medida legal y contemplada en la ley para todas aquellas instituciones que dediquen parte de sus ingresos a obras benéficas. Bajo estas medidas, aclarar que nunca se pueden deducir 100% de lo recaudado, quedando esta cifra **limitada al 7% del importe total**. Hasta aquí todo bien, de acuerdo. La cuestión es que, pese a que muchas empresas deciden aumentar la cifra recaudada con más dinero, esos fondos no forman parte de la caja de la empresa. Es decir, todas estas entidades se están deduciendo impuestos bajo las aportaciones desinteresadas de clientes y **no bajo la limitación de sus beneficios**.

Los comercios corren con los costes que implica todo el proceso y las ONGs no tienen que aportar nada. Cierto. Los beneficios sí que van a parar a las obras de caridad. También cierto. Pero lo que muchas veces se coloca como **una figura de responsabilidad social corporativa no es tal cuestión**. En otras palabras, no les es posible deducirse los impuestos y atribuirse un logro porque realmente solo operan como intermediarios y, sin embargo, la medalla se la llevan puesta.

Pero, aunque exista legislación referente a las donaciones en primer plano, no hay ninguna que gestione esta cuestión. Por lo que **ilegal no es, pero justo tampoco**.

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## Donar o no donar, he aquí la cuestión

Tras este problema se presenta una disyuntiva moral o legal. Las empresas no cometen ninguna ilegalidad, cuestión por la que se les ha acusado en varias ocasiones, pero **tampoco están libres de pecado**. Entonces, ¿por qué ética nos tenemos que decantar?

Más del 70% de los mexicanos ha colaborado en obras benéficasLas empresas tienen claras sus cuentas, más o menos, pero existe una ausencia de transparencia respecto al usuario. En muchas ocasiones, el destino de los fondos se desconoce por falta de información. Y no porque no exista tal campaña, sino porque se pregunta sobre el hecho de redondear la compra pero **no se explica el objetivo**; en este caso la proactividad de los dependientes es básica y determinante. Son varios los casos, de hecho, en los que el estigma social pena sobre todo esto. ¿Qué pensarán si no se dan los centavos sobrantes?¿me pondrán mala cara? Bueno, algunos sí y otros no. Pero el caso es que con este sistema, y añadiendo el hecho de que en muchas ocasiones no hay centavos para el cambio, la donación se hace casi que obligatoria.

Se pierde entonces el valor social de la donación, y pervirtiéndose por otras cuestiones. Por normal general, **la sociedad no necesita que les obliguen a donar**. En últimas estimaciones, se determinó que más de 70% de los mexicanos colaboraba de alguna forma u otra en causas benéficas. Porque en estos casos, y pese a lo que digan, el fin no justifica los medios.

Ante esta cuestión, ha surgido una aplicación que seguramente no siente demasiado bien a aquellos que promuevan la donación de los centavos sobrantes, pero que no por ello signifique evitar las aportaciones. Zave App, disponible en México, empezó siendo una alcancía para lograr comprar algún que otro capricho acumulando los centavos sobrantes. Con cada compra realizada estos se van acumulando dentro del «bolsillo» de la aplicación; una vez conseguido el objetivo podemos canjearlo por todo aquello que queramos o reembolsar los fondos en nuestra cuenta bancaria. Esta alcancía electrónica y gratuita, que lleva un año operando, tampoco ha querido dejar de lado las causas benéficas. Octavio nos comenta que tras dos pruebas, una de ellas siendo el reciente terremoto de Ecuador, «se dio la opción a los usuarios de destinar dinero a la causa» a partir de alguno de los ahorros que tenían destinados a sus objetivos. A partir de este momento, y ya de paso evitando las polémicas de los redondeos en los comercios, se pusieron en contacto con las diferentes ONGs para que ellas mismas abriesen las causas de los llamamientos dentro de la misma aplicación; y parece ser que funciona. ¿Podría ser esta una de las opciones para el fin de la polémica?

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