Hace dos años que no piso una gasolinera. Bueno, estoy exagerando: he ido algunas veces para lavar el coche. Pero si los surtidores han cambiado y tienen algo nuevo, lo desconozco por completo. Eso sí, ahora me conozco de memoria las principales características de cada enchufe con el que me encuentro, ya sea el de la pared de casa donde cargamos nuestro smartphone, o de las tomas trifásicas rojas de las naves industriales. He abandonado las conversaciones de cafetería acerca del precio de la gasolina, para hablar de voltaje, amperaje, y corriente continua. Y no soy electricista.

¿Por qué ese cambio? Porque ahora tengo un coche eléctrico. Y no cualquiera: tengo un Tesla Model S, el buque insignia de la compañía estadounidense Tesla Motors, que destroza completamente todos los estereotipos que podíamos tener sobre los coches eléctricos: es grande (mide cinco metros de largo y dos de ancho), bonito y lujoso, potente (tiene 380 caballos, acelera de 0 a 100 km/h en cinco segundos y alcanza 225 km/h) y puede recorrer hasta 500 kilómetros sin tener que recargar su batería. Si queréis más detalles del Model S, podéis visitar mi canal de YouTube.

Cambios

Tesla Hipertextual interior

Tener un Tesla Model S ha provocado bastantes cambios en mi vida. El primero ha sido el ya mencionado, no volver a pisar una gasolinera para tener que repostar. El “repostaje”, que en realidad es la recarga de la batería, es algo que hago a diario en mi garaje enchufando el coche a una toma estándar de 230V. Y cuando tengo que hacer viajes largos, uso los Superchargers de Tesla para recargar la batería hasta el 80% en veinte minutos, y continuar. Y para alguien como yo, que hago cerca de 40.000 km al año con el coche, el ahorro en combustible es alucinante.

Pero hay más cambios. Hace tres años me fui a vivir y trabajar a Noruega. Un año después estrené mi Model S, y como por aquel entonces en Noruega no había muchos, llamaba bastante la atención. Sin embargo empezaron a verse cada vez más, y hoy en día es cualquier otra gran berlina de lujo en la que sólo se fijan los entendidos. Pero esa situación sólo se da en Noruega, y mis numerosos viajes por Europa con mi coche me han dado más de una anécdota curiosa.

Tesla Hipertextual picado

Tesla Hipertextual nieve

Recuerdo, por ejemplo, cómo en un parking subterráneo en Bruselas un individuo me estuvo persiguiendo a carrera tendida hasta la rampa de salida, donde al detenerme para pagar, me alcanzó y me espetó, casi sin aliento: “¡Qué silencioso! ¿Es 100% eléctrico, verdad? ¿Es un Tesla? ¡Enhorabuena! ¡Qué cochazo!” Y es que tener este coche te hace sentir como si fueras famoso. Os lo prometo: no sólo se han hecho fotos con mi coche, sino que me han llegado a pedir que me pusiera en las fotos yo también, como si fuese una estrella de cine...

Tener un Tesla hoy también tiene consecuencias sociales al salir a la calle con élPero las mejores anécdotas tuvieron lugar el verano pasado estando de vacaciones por España. Primero en Deltebre, un pequeño municipio en la provincia de Tarragona, donde las caras de sus habitantes al ver pasar un Model S en el más absoluto silencio eran todo un poema.

Luego, en Madrid, donde pasamos varios días, cuando cada vez que aparcaba y salía del coche se congregaba a mi alrededor un enjambre de curiosos ávidos de respuestas. Preguntaban sobre todo si era eléctrico, cuántos kilómetros es capaz de recorrer con su batería, cuánto tarda en cargar, cómo es de veloz, en cuánto tiempo acelera hasta 100 km/h, etc.

Con mi Tesla Model S de vacaciones en Deltebre

Tesla Hipertextual playa

Un amigo me llegó a sugerir que me hiciera una camiseta con las principales cifras y características del coche, para que la gente pudiera leerlo todo y así ahorrarme tanta pregunta…

Claro que el viaje por España no fue nada fácil. En el verano de 2015 había sólo un Supercharger en toda la península, en Girona. Y de ahí en adelante, cualquier tramo de más de 350 kilómetros de distancia te obligaba a una larga y penosa parada para cargar la batería. En concreto, el trayecto de Deltebre a Madrid, que suma unos 540 kilómetros, nos obligó a parar durante seis horas en Zaragoza para recargar la batería. Es decir, un trayecto de unas seis horas conduciendo necesitó una parada de otras seis horas para cargar. Un auténtico despropósito. Con un Supercharger, esa recarga no hubiese pasado de media hora.

El Model S conectado a un Supercharger.
El Model S conectado a un Supercharger.

Para encontrar aquel punto de carga en Zaragoza usé la web de Electromaps, donde tienen un mapa de España con todos los puntos de carga que existen. Encontré el que más me convenía en la zona de la capital aragonesa: un punto de carga de 11 kW en el parking de un hotel. No me cobraron por la recarga, pero sí por acceder al parking, como cualquier otro coche.

A día de hoy, tener un Model S te hace sentir como una estrella de cine, pero te da un baño de realidad a la hora de hacer viajes largos en cocheOtro aspecto importante es el coste de la recarga y de "alimentar" al Tesla. Con una batería prácticamente agotada (pongamos unos 10 kilómetros de autonomía), recargar hasta el 100% supondría unos 75 kWh, que con un cálculo básico al precio de la electricidad en España, tiene un precio de 6,75 euros. Así que viene a costar menos de 7 euros llenar la batería para recorrer unos 400 kilómetros

Afortunadamente la situación va cambiando poco a poco, Tesla ha construido dos estaciones de Superchargers más en España desde el verano pasado, y tiene planeado añadir otras cinco más de aquí a finales de año, mientras que para 2017 habrá Superchargers por toda la península, posibilitando viajes de larga distancia como por el resto de Europa. Y no sólo es la infraestructura de Tesla la que crece, sino que cada vez hay más puntos de carga para vehículos eléctricos en las ciudades españolas.

Pero a día de hoy, mientras esperamos que la infraestructura de puntos de carga siga creciendo, tener un Tesla Model S sin duda te hace sentir como una estrella de cine, pero te obliga a sufrir un baño de realidad a la hora de hacer viajes largos en coche.

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