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Las subastas de céntimo se han puesto de moda en los últimos años. Bajo la falsa creencia de que tienen mayores posibilidades de éxito que las tradicionales, y la confusión de estar pujando por tan solo un céntimo por apuesta, acaban haciendo del deseo de los participantes el beneficio de la subasta, pero no de los pujadores.

Últimamente, redes sociales como Facebook están plagadas de este tipo de servicios, además de los bulos, concursos falsos y más picaresca del Siglo XXI. ¿Un iPhone 6s por 40 euros? ¿Un iPad por 35 euros? Quién no querría ese chollo, ¿verdad? Pero lo cierto es que, como suele rezar el dicho, generalmente si suena demasiado bien, suele tener trampa.

El problema principal es que esta clase de subastas están pensadas para perpetuar su modelo basándose en la percepción del riesgo del jugador. Lo primero que se aprende en gestión de inversiones, por delante de los ratios y del análisis fundamental, es el control y manejo del riesgo, no del estructural, sino del implícito a la condición humana. En Behavioral Finance, se estudia que, de todos los sesgos psicológicos que se suelen manifestar a la hora de realizar una inversión -o una puja-, el exceso de confianza -o de optimismo- es el más dañino de todos. En términos generales, alguien siempre estará más predispuesto a pujar por algo si considera que está engañando al sistema, y la posibilidad de ganar un iPhone por el 10% de su precio te permite sentir que puedes ser el chico listo de la clase. Craso error.

El principal problema del inversor -e incluso su peor enemigo- es que se comporte como sí mismo. - Benjamin Graham sobre el análisis de riesgos y comportamiento cuando esto todavía era una asignatura pendiente.

Es importante tener esto claro, antes de explicar el funcionamiento, que todo está pensado para invertir el análisis rentabilidad/riesgo, de forma que se favorezca la participación de incluso aquellos que son más adversos al riesgo: los tramos suelen ser de céntimo, y el valor final nunca supera el precio real del producto en el mercado, aunque entre bambalinas se haya multiplicado por 10.

Fases por variación en las que intervienen los sesgos en las finanzas del comportamiento.

De acuerdo con el modelo de valoración de activos de capital (CAPM), los inversores -o pujadores- que tienen activos financieros de mayor riesgo -o que pujan con mayor riesgo, de forma más agresiva- deben ser compensados ​​con una mayor tasa de retorno, pero este modelo, presente en la mayoría de las apuestas, inversiones y pujas, no casa con el modelo de las subastas a céntimo. Aquí, por mucho que aumentes tu presión de riesgo, la rentabilidad -o probabilidad de ganar la puja- no aumenta, se mantiene constante como veremos más adelante.

La valoración intrínseca de lo que se puja, sesga la decisión de puja y la utilidad generadaDe hecho, se suele presuponer que la oferta ganadora en una subasta sobrepasa el valor intrínseco del objeto por el que se puja. Debido a la información casi siempre es imperfecta, participan emociones y otros factores, los pujadores suelen tener dificultades para determinar el valor de aquello por lo que están pujando.

Como resultado, la sobreestimación del valor de un artículo termina ganando la subasta, y hace que los jugadores siguen pujando aun cuando se sobrepasa el valor racional que estarían dispuesto a pagar fuera del juego. Pero claro, no estamos hablando de información imperfecta con jugadores racionales, y más cuando adrede se tira el valor del producto por debajo del de mercado para mantener esa percepción, y como veremos más adelante, se hace de forma artificial.

El sistema no busca el win-win, sino el pay-to-win a medias

Aunque suele diferir el método en función del sitio, el sistema de las subastas a céntimo -basadas en el modelo inglés- suele funcionar de la siguiente manera: cada puja, aunque suba el precio un céntimo (y suba también el contador de tiempo) no le cuesta al pujador un céntimo, puesto que el sistema funciona con unos créditos que el usuario tiene que comprar en packs que varían en función del sitio. Y a diferencia de las subastas tradicionales en las que si no ganas no pagas, aquí siempre que pujes, pagas. Los micropagos de iOS y Android llevados a la subastas en línea.

En realidad solo cuenta la última, no importa las veces que pujes o el dinero que te gastesSi ganas, ganas. Si pierdes, en función del número, pierdes y mucho. De hecho, la relación entre pérdida/puja es más lesiva que la de beneficio/puja. En curiousgnu han hecho un estudio de cómo funciona este sistema de subastas en la web más grande del mundo de subastas a céntimo. ¿El resultado? Lo que esperábamos: ni es un método más favorable para el pujador frente a las tradicionales, ni tampoco mucho más justo.

En dicha publicación, utilizaron el siguiente ejercicio: analizar el comportamiento de la subasta de una tablet de 180 dólares, un dispositivo barato que generó más de 18.160 pujas con un total de 7.200 dólares entre cincuenta y seis usuarios. Lo peor de todo es que la mitad de esas apuestas las hizo una sola persona, que se gastó 3.500 dólares en dos horas por un dispositivo valorado en 180... y perdió la subasta. Gráficamente:

Imagen CG del artículo Subastas Penny

Además, para favorecer este sistema, la mayoría de estos sitios webs permiten utilizar robots automáticos que están a disposición del jugador, pero lejos de aumentar sus posibilidades, lo que hacen es disparar el número de pujas en detrimento de la utilidad general del grupo, disparando el valor medio recaudado. Al mismo tiempo, tratan de ocultar toda información relevante que pueda revelar cuántas personas están participando en la subasta y cuánto se gastaron en total.

Y no es la única fórmula que se utiliza para hacer que el sistema se aleje aún más de las pujas tradicionales: generalmente se impone un límite del 10% por encima del precio del producto, es decir, da igual el número de personas que pujen por el producto, el precio medio de la subasta nunca subirá por encima del 10% del precio del producto. Por ello, por mucho que se infle el valor invertido por los usuarios, el precio siempre parecerá barato y con ello su atractivo, además de que no se aumenta el precio en bloques de céntimo en función del producto, por lo que el lío es aún mayor, de forma que el usuario no pueda determinar si un precio de $ 1.10 dólares es un resultado de 110 ofertas únicas. Percepciones, como decíamos antes.

El siguiente gráfico muestra la evolución del precio de una subasta para una tablet valorada en 180 dólares a través del tiempo. Cada oferta debería haber aumentado el precio en un centavo, pero no ha sido así.

El precio de la subasta sube un céntimo, pero el coste por puja es mayor de media Lo que demuestra este estudio es que, pese a la apariencia sencilla y barata de este tipo de subastas frente a las tradicionales, el hecho real es que son mucho más opacas. Tienen las desventajas de las tradicionales con un coste por puja mucho mayor y, lo peor de todo es que, aunque pujes por el máximo y el mayor número de veces, nunca te garantiza que vayas a ganar el producto. En realidad, son más un lotería que una subasta.

Al final, y después de todo el marketing y de los anuncios de diseño reprochable en Facebook se esconde un simple juego con información imperfecta, solo que en este caso no podemos esperar que los jugadores se comporten de forma racional. De hecho, y según los datos anteriores, la apuestas en las subastas de a céntimo son extremadamente irracionales. Difícil, pues, encontrar una situación de equilibrio que suponga un win-win y, desde luego, difícil que sea rentable para los jugadores.

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