Edward Snowden

F.T.

Edward Snowden, el contratista de la NSA que vive bajo asilo político en Rusia desde que tuviera que abandonar Estados Unidos tras filtrar a la prensa internacional documentos que probaban cómo los programas de vigilancia de Estados Unidos incumplían la legislación nacional e internacional en diversos apartados. Las revelaciones de Snowden generaron un gran debate, que aún perdura, sobre la privacidad en la era digital, y el papel de los Estados en las vidas de sus ciudadanos. Snowden aterrizó en el aeropuerto internacional Sheremetyevo de Moscú desde Hong Kong en junio de 2013. Aunque su destino final, según él, era Latinoamérica, en concreto Cuba o Ecuador, país que aloja a Julian Assange en su embajada londinense.

Snowden es una de las cabezas visibles por la defensa de los derechos civiles digitales en occidente, pero su silencio sobre los derechos civiles en Rusia es alarmanteSu defensa de las libertades civiles y digitales en Internet y de como los Estados utilizan la vigilancia masiva tecnológica para controlar a sus ciudadanos sin respetar su privacidad, así como de la complicidad de varias grandes empresas tecnológicas para hacerlo posible… hasta que ha llegado la filtración de los llamados Papeles de Panamá.

Snowden ha sido crítico, con razón, de las políticas de vigilancia y privacidad de Estados Unidos, Reino Unido, España y muchos países más. Desde su plataforma de Twitter, que utiliza para seguir comunicando recientemente información sobre las cuentas extranjeras del primer ministro islandés Sigmundur David Gunnlaugsson, a quien los papeles atribuyen que utilizó la gestión del bufete hackeado.

Mientras tanto, Snowden permanece sospechosamente callado ante un mayor rastro de documentación apuntando al Presidente ruso Vladimir Putin y a su entorno. Un entramado de lavado de dinero que podría rondar los 2.000 millones de dólares y que ha sido el principal foco de atención de la prensa centroeuropea en especial, e internacional en general, tras destaparse el escándalo.

Los ciudadanos rusos no se merecen el silencio de Snowden sobre la situación paupérrima de sus derechos civiles

Obviamente las preguntas se hacen solas: ¿por qué no habla Snowden de las grandes afrentas a los derechos civiles continuados en la Rusia de Putin? ¿Y de la aparición del entorno de Putin en los “Papeles de Panamá”? Sobre todo teniendo en cuenta la magnitud de la “trama rusa” comparada con la “trama islandesa”.

El nivel y extensión de los derechos civiles en Rusia no es ni comparable con los de Estados Unidos o Reino Unido países constantemente en el radar del ex-contratista estadounidense. El país que lo aloja tiene terribles leyes anti-homosexuales, un sistema judicial y político corrupto, donde los derechos civiles y la privacidad de sus ciudadanos poco importa.

Ningún tweet de Snowden contiene la palabra "Russia".

Pavel Durov, el creador de Telegram, aplicación de mensajería con amplias capacidades de cifrado tuvo que huir de Rusia gracias a las presiones del gobierno. Durov, también muy presente en Twitter considera a Snowden “su héroe” y, aunque nunca se han reunido —uno no puede volver a Rusia, y otro no puede salir de Rusia— representan bien “sus papeles”.

Pero los ciudadanos de Rusia no se merecen que Snowden los ignore. Los derechos civiles de un ciudadano moscovita son tan importantes como los de uno de Wisconsin. Quizá Snowden esté presionado para no comentar nada de la política interna de Rusia bajo amenaza de revocación de asilo, pero su silencio empieza a ser cómplice.

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