Cuando se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes, conviene repasar la considerada como obra más importante de la literatura en castellano. El Quijote, el ingenioso hidalgo de La Mancha que con sus andanzas y elucubraciones representó el idealismo más fantasioso, puede ser también leído desde la perspectiva científica. Y es que el insigne libro de Cervantes repasa la vida de Alonso Quijano después de que se volviera loco por la lectura compulsiva de novelas de caballerías.

Se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Cervantes, el escritor que también hizo guiños a la ciencia en El Quijote

¿Era un cuerdo fantasioso o padecía una enfermedad mental? Ortega y Gasset afirmaba que "la alucinación de don Quijote, que toma por gigantes los prosaicos molinos de viento del campo de Montiel, simboliza el eterno esfuerzo en el que se debate la cultura toda por dar claridad y seguridad al hombre en el caos existencial en que se halla metido". Pero más allá de la interpretación filosófica, la medicina ha abordado el trastorno que enajenó al hidalgo de La Mancha. ¿Esquizofrenia, bipolaridad o paranoia? ¿O tal vez simple reduccionismo científico a la hora de reinterpretar la obra cervantina?

¿Una novela psicopatológica protagonizada por un enfermo mental?

Al repasar las páginas de El Quijote, el mismo Alonso Quijano da cuenta de su particular interpretación de la caballería andante. Mientras conversa con don Lorenzo de Miranda, el hidalgo le explica su visión sobre la temática protagonista de las novelas que leía. Y en su réplica el célebre personaje trae a colación algunas disciplinas relacionadas con la investigación:

Es una ciencia que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito y saber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera que le fuere pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada triquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales, decendiendo a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje Nicolás o Nicolao, ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y el freno, y, volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se compone un buen caballero andante. Porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, si es ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa, y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas se enseñan (sic)

La alusión a la ciencia no es casual. El padre del escritor, Rodrigo de Cervantes, era en palabras de la época un "médico zurujano". El oficio, gracias a la instrucción teórica de anatomía y medicina del momento, capacitaba para las operaciones de envergadura. Por eso en la casa natal del novelista todavía se encuentra, situado en el cuarto que ocupó su progenitor, instrumental quirúrgico, lancetas para las sangrías, tarros con hierbas, vasos de cristal tafetado o un alambique. Es posible, según algunos especialistas, que Rodrigo transmitiera a su hijos algunos de los conocimientos que poseía.

Son muchos los estudios en psiquiatría que han tratado de identificar el trastorno mental que afectaba al caballero andante

Juan José Arechederra Aranzadi, médico jubilado del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, recoge en su libro En torno a la locura de don Quijote la descripción de Francisco Alonso Fernández sobre la novela cervantina. El catedrático de Psiquiatría afirma de manera categórica en su estudio El Quijote y su laberinto vital que "es una novela psicopatológica protagonizada por un enfermo mental". A su juicio, el escritor "había conocido a muchos enfermos mentales en el manicomio de Sevilla", aunque también cabe la posibilidad de la influencia paterna o que se inspirara en un personaje real, Domingo Pacheco, que vivía en Argamasilla de Alba. Sea cual sea la posibilidad, el docente sostiene que "todos los psiquiatras que tenemos cierta experiencia hemos visto a enfermos mentales muy parecidos al hidalgo Alonso Quijano".

Pero si el célebre Quijote padecía un trastorno psiquiátrico, la siguiente pregunta es obligada. ¿Qué le ocurría? Hay expertos que abogan por la esquizofrenia, mientras que especialistas como Ángel Rodríguez, de la Universidad Católica de Chile, optan por la paranoia. "Don Quijote enfrenta al mundo para tratar de imponer sus condiciones y juicios delirantes: no ignora lo real, pero no lo acepta y termina por fusionarlo, al menos eso es lo que nos hace creer con sus propias fantasías", comenta en su estudio. El diagnóstico es compartido por Royo Villanova, que fue catedrático de Medicina en la Universidad de Zaragoza.

Por el contrario, los psiquiatras Rosana Corral y Rafael Tabarés plantean que la enfermedad que más se ajusta al personaje de Cervantes es el trastorno delirante. Los investigadores optan por este síndrome al enumerar características de El Quijote como la grandiosidad, las ilusiones visuales -como confundir a los molinos con gigantes- e incluso una leve depresión. Los expertos también proponen el diagnóstico de trastorno psicótico compartido a la hora de reconocer a la pareja formada por el caballero de la Triste Figura y Sancho Panza.

Un trastorno febril hizo al ingenioso hidalgo de La Mancha recuperar su lucidez, algo explicado por la neurociencia

Alonso Fernández, sin embargo, apunta al trastorno bipolar como explicación de los rasgos del ingenioso hidalgo de La Mancha. El delirio de grandeza le conduce, en su opinión, a un síndrome que cambiará su personalidad. Así, el caballero andante no solo confunde a los molinos con gigantes, sino también al ventero con el alcaide de un castillo o la bacía de barbero en un yelmo finísimo. Los cuadros maníacos que se suceden posteriormente, según el psiquiatra, se asocian a fases depresivas, como se ve cuando sale de la cueva de Montesinos. Pero lo que tienen claro los expertos es que "nadie enferma por leer de forma compulsiva". En todo caso, en palabras de Arechederra, "el hecho de obsesionarse por la lectura podría ser un aviso de que algo va mal", es decir, de un síntoma de una enfermedad mental.

Además de las diferentes interpretaciones clínicas sobre la locura de El Quijote, resulta curioso entender por qué recobró la lucidez poco antes de su muerte. Después de sufrir una afección febril bastante grave, el inolvidable personaje recobró su identidad. Esto, según Alonso Fernández, "nos revela el grado de conocimiento que tenía Cervantes acerca de las enfermedades mentales". Y es que algunos trastornos mentales se aliviaban después de un proceso de fiebre, razón por la que hasta el siglo pasado se aplicaba la piretoterapia, o terapia para inducir fiebre, con el fin de combatir cuadros de tipo hipomaníaco. El incremento de la temperatura corporal, de algún modo, normaliza el funcionamiento cerebral y aumenta la preocupación por su estado físico, que le aparta del delirio. Una muestra más de que la obra de Cervantes también puede ser reinterpretada desde el enfoque médico.

Las otras ciencias de El Quijote

El escritor también hizo una alusión a otra ciencia en la novela del Curioso impertinente, intercalada entre las páginas de El Quijote. Dice, por ejemplo, que "les han de traer ejemplos palpables, fáciles, intelegibles, demonstrativos, indubitables, con demostraciones matemáticas que no se pueden negar, como cuando dicen: "Si de dos partes iguales quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales". Según Manuel Alfonseca, de la Universidad Autónoma de Madrid, el ejemplo citado por el alcalaíno es el tercer axioma de Euclides, conocido ya en la antigua Grecia.

La obra cervantina también cuenta con referencias a la astronomía o las matemáticas

Son también numerosas las referencias astronómicas del libro, como cuando Sancho se orienta gracias a la posición de la constelación de la Osa Menor o el momento en el que don Quijote describe al ecuador como la "línea equinoccial que divide y corta los dos contrapuestos polos en igual distancia". En la obra de Cervantes también pueden leerse consejos nutricionales, como cuando el caballero andante sostiene que es mejor "comer poco y cenar más poco". Pero la alimentación es fundamental, señala el hidalgo al decir "que el trabajo no se puede llevar sin el gobierno de las tripas". Razón no le faltaba al bueno de Alonso Quijano.

Quijote
Carlos Delgado (Wikimedia)

Los científicos han homenajeado al escritor poniendo el nombre de sus personajes a una estrella y sus planetas o buscando sus restos en Madrid

Hay quien incluso ha querido ver en El Quijote una nueva forma de enseñar asignaturas científicas complejas. Con la publicación de Enseñando física y química con ideas quijotescas, Antonio Joaquín Franco cita ejemplos de la novela que pueden ser empleados para explicar conceptos como los elementos químicos, las leyes de Newton, la jaula de Faraday e incluso el movimiento rectilíneo uniformemente acelerado. Tan reconocida es la relación entre la obra Cervantina y la investigación, que la Sociedad Española de Astronomía y el Planetario de Pamplona impulsaron hace unos meses una iniciativa para que sus famosos personajes fueran homenajeados utilizando su nombre para denominar al sistema formado por la estrella μ Arae, y sus planetas Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea.

Volver la vista atrás hacia una de las obras más insignes de nuestra literatura supone reencontrarnos también con aspectos -menos conocidos- que vinculan el libro a la ciencia. Quizás también porque esta misma investigación, cuatrocientos años después de su muerte, ha conseguido identificar los restos de Cervantes mediante la arqueología, la historia y la genética. Una buena forma de devolver al escritor sus guiños a las ciencias de la época a través de la las locuras y andanzas de don Quijote de La Mancha.