Sin entrar a discutir cuestiones políticas, hay que admitir que Venezuela parece estar viviendo una auténtica crisis eléctrica. La creciente sequía en el país ha provocado cortes eléctricos recientes. La administración del país, mediante la voz del presidente Maduro, ha anunciado una medida urgente a la vez que curiosa para combatir la crisis eléctrica: declarar los viernes no laborables en todo el país con la intención de reducir las necesidades energéticas. Esta medida se impone durante ocho semanas durante las cuales la solo habrán cuatro días laborables. La medida ha sido recibida con asombro y duras críticas por parte de una sociedad dividida por los tintes políticos. Pero, huyendo de nuevo del debate, ¿tiene esta medida algún tipo de justificación? ¿Dará resultado? ¿Cuál es el origen de la crisis que vive el país? Muchas son las preguntas que saltan a la palestra.

El origen de la crisis eléctrica

El parque de generación del Sistema Eléctrico Nacional de Venezuela posee unos 24.000 megavatios de capacidad instalada. Para producir energía, necesita de una serie de infraestructuras especiales que permitan generar, realmente, la potencia que consume el país. La mayoría de estas instalaciones se encuentran en Guayana, donde funcionan los complejos hidroeléctricos más grandes del país. Con estos se cubre el 62% del potencial eléctrico que llega a los hogares y la industria de Venezuela. El 35% de la generación de electricidad proviene de plantas termoeléctricas, y otro 3% corresponde al sistema de generación distribuida, conformada por grupos electrógenos. Como vemos, el grueso de producción se encuentra, precisamente, en la producción hidroeléctrica.

Venezuela, viernes no laborable, crisis eléctrica
Represa de Guri

El 23 del pasado marzo, el 48% del país sufrió un apagón general. No es el primero ni, probablemente será el último. Esto se debe a la situación crítica que viven las plantas eléctricas. Y es que la sequía se está cebando con ellas. No hay agua en los embalses. Y si no hay agua no se puede generar energía en este tipo de instalaciones. Actualmente, los saltos de agua son una de las maneras más eficientes de generar y "almacenar" la energía eléctrica. Guri, el embalse que alimenta la central más importante del país se encuentra a tan solo tres centímetros de su punto extremo. Al no disponer de agua suficiente para hacer girar las turbinas, el país se encuentra en momentos clave con un déficit que causa un colapso general.

Las redes eléctricas funcionan veinticuatro horas, todos los díasLas redes eléctricas funcionan veinticuatro horas, todos los días. La electricidad, si no es mediante un embalse, no se puede "almacenar" sino que se genera atendiendo las necesidades. Por ello, cuando el consumo se dispara en momentos clave del día, por ejemplo, o ante una oleada de calor, la red al completo se ve al borde del colapso que puede provocar un fallo general. Esta sido la principal razón de los apagones venezolanos. Por desgracia, mientras los embalses no se llenen, esta crisis seguirá creciendo y empeorando.

¿Tendrá efecto positivo reducir la jornada laboral?

venezuela

La respuesta no es clara. Pero probablemente sí. Como decíamos, la única manera de "almacenar" energía es mediante los embalses, que se encuentran en una situación crítica. Simplificando mucho el asunto, con una reducción de necesidad energética, las centrales eléctricas se pueden permitir el lujo de "almacenar" el agua de los embalses para afrontar esos picos de necesidad que se dan en otros momentos.

Esta misma medida se tomó durante la Semana Santa, proyectando una reducción de gasto energético del 60%. Además, adicionalmente, se ha pedido a la industria y centros comerciales, entre otros, que tomen medidas urgentes para reducir el consumo, o que aprovechen la autogeneración por la medida que sea. De esta forma se descarga, en parte, el sistema eléctrico general, permitiendo que se recupere. Sin embargo, predicen los ingenieros, esto es solo un parche y el sistema sigue en peligro de inminente colapso.

Soluciones, soluciones, soluciones

De nuevo, esquivando la diatriba política, afrontemos la realidad venezolana ante un problema eléctrico. Desde la objetividad de la distancia la única solución posible es, claramente, un cambio drástico en la gestión eléctrica y de los embalses. Eso no quita que la decisión de la presidencia de reducir a cuatro los días laborables sea adecuada. Efectivamente, a problemas graves, medidas graves. El sistema eléctrico necesita recuperarse para poder adaptarse a una nueva gestión, pues es la única manera de salir de la crisis sostenida que se vive en el país. Parece poco probable que la sequía vaya a solucionarse en breve. Aunque muchas voces apuntan al Niño como el culpable de la falta de agua, lo cierto es que Venezuela es de los países Latinoamericanos donde menos se sienten los efectos de este fenómeno global. Eso no quiere decir que la meteorología no tenga su responsabilidad. Pero parece imprescindible revisar los planes de gestión de los embalses y generación eléctrica.

Venezuela y el COP21

Venezuela es uno de los últimos países comprometidos con la reducción de gases de efecto invernadero. Con solo el 0,48% de emisiones a nivel mundial, su posición durante la cumbre fue clara: que cada cual asuma una responsabilidad acorde a su implicación. No obstante, el país se comprometió a reducir un 20% el nivel de emisiones para 2030, es decir, unas 0,18 giga-toneladas de dióxido de carbono. Por ello, el convenio adoptado por la cumbre de París podrá proveer a Venezuela (al igual que a otros países) de financiación y recursos con los que combatir este aspecto.

¿Y qué tiene que ver esta decisión con la crisis eléctrica de Venezuela? Todo. Aunque el país se ha reservado el derecho de reconducir su estrategia energética, está claro que se verá beneficiado enormemente de la inversión internacional que mejore la eficiencia en la generación de energía. Mejores sistemas, mejores técnicas, mejores herramientas: todo va en una dirección. ¿Podría usarse este compromiso para salir de la crisis eléctrica? Insistimos, no es una cuestión sencilla ni se solucionará con medidas pequeñas. Parece imprescindible considerar un cambio profundo en la gestión. Pero quién sabe, tal vez en París se gestó, ya, la solución definitiva para este problema.