A pesar del amplio movimiento mundial hacia la democratización y el fin de la discriminación en la mayoría de los países, las mujeres siguen sin representación significativa en casi todos los niveles de los órganos gubernamentales, en particular en organismos como ministerios y otros que dependen de la rama ejecutiva. A pesar de que la meta del Consejo Legal y Económico era tener 30% de mujeres en posiciones de toma de decisiones para el año 1995, incluso en la actualidad sólo 10% de mujeres ocupan puestos en órganos legislativos, y la cifra para posiciones de toma de decisiones en el poder ejecutivo es incluso menor.

En la actualidad sólo 10% de mujeres ocupan puestos en órganos legislativos

Las cifras para la empresa privada son similares: en todo el mundo, las mujeres siguen siendo las secretarias, las asistentes administrativas y el personal de limpieza, pero no las presidentas, las directoras o las jefas. Este argumento, que suele ser refutado con ejemplos anecdóticos -nombrando a Sheryl Sandberg, por ejemplo- sólo se ve reafirmado por ello, puesto que los nombres que nos vienen a la mente son siempre los mismos: ese 10% que logró romper el techo de cristal.

Tradicionalmente, seguimos asociando a la mujer con el trabajo doméstico, con las labores de cuidar y nutrir a otras personas, pero esto tiene como resultado un decrecimiento en el valor percibido del trabajo hecho por las mujeres, así como en una capacidad disminuida para trabajar fuera del hogar. Las expectativas sociales siguen siendo que la mujer cuide del hogar y la familia, atendiendo a un empleo sólo en segundo lugar y si es necesario, siendo que el hombre conserva el rol primordial de proveer a la familia. En el libro "Overwhelmed", Brigid Schulte describe lo que denomina "el sesgo del cuidador":

En una encuesta hecha a más de dos mil supervisores, gerentes y ejecutivos en todo el mundo (...) se encontró un profundo 'sesgo del cuidador'. Más de tres cuartos de estos jefes pensaban que los mejores y más efectivos trabajadores son "aquellos sin muchos compromisos personales". La mitad pensaba que "los hombres que están altamente comprometidos a su vida personal/familiar no pueden estar altamente comprometidos con su trabajo". Más pensaban lo mismo de las mujeres.

El sesgo del cuidador afecta tanto a hombres como a mujeres, pero los hombres pueden no asumir posiciones de cuidador sin que sus roles de género se vean afectados (de hecho, a menudo pueden ser juzgados por asumir roles activos en sus familias). Para la mujer, en cambio, es un juego de perder/perder: en cualquier caso estará fallando a uno o más de sus roles.

Rosie the Riveter, por Tom Hilton, bajo licencia CC BY 2.0.

Esta expectativa trae como consecuencia el fenómeno denominado "sexismo ocupacional". A pesar de que las mujeres han demostrado capacidad de liderazgo en todos estos roles, las nociones socializadas de género y los estereotipos creados con base en éstas, incluidos los creados a través de los medios, refuerza la tendencia a creer que la toma de decisiones es un lugar para los hombres. La baja representación de las mujeres en posiciones de decisión, igualmente, impide que éstas tengan un impacto significativo en las instituciones, así como en la creación de políticas públicas.

El tema de los medios merece un párrafo aparte. De acuerdo con un estudio de USC que analizó las películas de Hollywood de los años 2007 a 2014, las mujeres representaban sólo 30,2% de todos los personajes con parlamento en estas películas. Sólo 11% de todos los filmes presentaban personajes femeninos en un ratio cercano a la mitad de los personajes con parlamento.

Aquí es donde el análisis verdaderamente se pone interesante: existe una clara correlación entre el género de los directores, productores y guionistas y la forma en la que las mujeres se ven representadas en estas películas. De 779 directores, sólo 28 eran mujeres.

Por otra parte, la desigualdad en los espacios públicos a menudo comienza con prácticas discriminatorias dentro del hogar, y con relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres en el ámbito de la familia. La división inequitativa de las labores del hogar limita la capacidad de las mujeres para desarrollar las capacidades y el potencial necesario para participar en los espacios públicos con igualdad de oportunidades. En una encuesta llevada a cabo en 2006 por la oficina nacional de estadísticas de Malta, al preguntarle a las mujeres cuál era su mayor obstáculo en la obtención de una posición de dirección, el 83,7% indicó las responsabilidades en el cuidado de los niños, y el 82% indicó la falta de apoyo por parte de su pareja. Más mujeres que hombres señalaron como obstáculos las horas extra y la edad, y alrededor del 30% de todos los encuestados (hombres y mujeres) indicaron que las mujeres se veían en desventaja a causa de su género.

La participación igualitaria de las mujeres en la toma de decisiones no es sólo un reclamo por un trato justo, sino que es también una condición necesaria para que los intereses de las mujeres sean tomados en cuenta en la toma de dichas decisiones. Sin la participación activa de las mujeres en todos los niveles de decisión, no es posible alcanzar la igualdad y el desarrollo verdaderos.