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Como si de una relación de amor-odio se tratase, con dimes y diretes continuos y un cierto rencor acumulado en su corta pero intensa relación, la banca y el fintech se han unido en el marco del Fintech Summit 2016 para intentar llegar a un punto en común. Un momento en el que parecen necesitar la ayuda urgente de una suerte de terapia matrimonial que medie entre las diferencias, a veces irreconciliables, de estos dos gigantes con gran personalidad.

Incluso las grandes tecnológicas están intentando ser las terceras en discordia dentro de esta peculiar parejaTan irreconciliables que la mentalidad de cómo nos vamos a enfrentar a las nuevas tendencias se ha convertido en un asunto importante a tratar. Para Philippe Gelis, CEO de Kantox, "lo importante para el buen futuro de esta pareja es que tienen que aprender a crecer de una forma diferente: a base de cerrar oficinas y no abriéndolas, como se ha venido haciendo hasta la fecha". Esos millennials, tan amados como odiados, pronto dejarán de acudir a esas oficinas si es que no lo han dejado de hacer ya, y quién sabe qué vendrá después. En lo que se tiene que centrar esta pareja, especialmente el fintech, es en crear tecnologías que les permitan dar un valor añadido.

Como en cualquier pareja, cada uno debe tener su lugar de esparcimiento personal: no invadirlo, o al menos hacerlo con tacto, es una cuestión de supervivencia. Al banco no le gusta el riesgo y prefiere buscar su buena valoración en bolsa y al fintech le gusta la inmediatez. Allanar el terreno de uno u otro sería una equivocación, sabiendo además dónde están mejor según Philippe:

"Todo el fintech no puede aspirar al low cost a base de marketing masivo, hay hueco para algunos, pero no para todos. Y sabiendo además que habrá muchas inversiones y compras por parte de bancos en el sector: ellos porque necesitan adaptarse y el fintech porque habrá momentos en los que no pueda luchar."

Y como en toda relación, siempre hay un tercero que intenta acabar con el precario estado de la misma. Esas grandes tecnológicas (Google o Apple) que han tenido la tentativa de ser los terceros en discordia ante el tremendo miedo de los bancos. Para Philippe, "estos no se convertirán en bancos, pero sí serán los que controlen el negocio". ¿Cómo? Muy sencillo: la banca no deja de ser un negocio muy regulado y las tecnológicas odian la regulación porque les gusta hacer y deshacer a su antojo, además de tener un rápido crecimiento. Por lo que serán estas las que gestionen el negocio, junto con los clientes, pero los bancos tendrán que hacer el trabajo sucio. El tiempo que lo soporten está por verse.

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Una ley matrimonial muy controvertida

La opción de la mayor parte de las fintech es irse al extranejeroLlámese lay matrimonial, legislación o regulación... Esa que tantos problemas está dando a uno y otros. Arturo Cervera, de Comunitae, opina que "los reguladores en España se están poniendo las pilas, pero el problema es estos no entienden nada del tema, y un expediente puede estar siglos dando vueltas de un despacho a otro". Pero pese a que se está empezando a notar esa adaptación en las normativas y se está perdiendo ese rigor mortis tan característico, el sector fintech no ve al regulador muy propenso a cambiar de todo al sector. Y la clave la ha marcado Philippe de nuevo:

"Cuando el Banco Central Europeo rescate a una fintech con la misma soltura que rescata a un banco tradicional habremos llegado al punto ideal."

De momento, parece ser que para conseguir los papeles con más facilidad hay que irse al extranjero. La opinión general apunta a que el fintech en España está muy poco desarrollado, por lo que irse a Estados Unidos o Reino Unido es un valor seguro de clientes, dinero y oportunidades.

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