El psiquiatra que eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales
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Los prejuicios conservadores y la reticencia a aceptar realidades que contradicen nuestra perspectiva de las cosas, naturalmente estrecha, son la mayor traba que la ciencia debe afrontar para que las verdades que descubre salgan airosas y se establezcan como tales; incluso, en ocasiones, dentro de la propia comunidad científica.

El caso del psiquiatra Robert Spitzer, fallecido hace poco más de un mes a los ochenta y tres, el pasado 25 de diciembre, es paradigmático de una forma singular. Incluso con alguna polémica equivocada en su trayectoria, es triste que tan pocos medios de comunicación se hayan hecho eco de su pérdida; sepamos más sobre él.

Las personas homosexuales no sufren ninguna patología

Spitzer vino al mundo el mes de mayo de 1932 en la neoyorkina White Plains y, tras sus estudios universitarios de Psicología y Medicina Psiquiátrica, se convirtió en uno de los profesionales que más ayudó a dotar de un corpus científico a la psiquiatría y, así, en uno de los mayores contribuidores a la elaboración del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales o DSM.

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Robert Spitzer - Columbia.edu

Hasta 1973, la homosexualidad era vista por los psiquiatras como “una perturbación sociopática de la personalidad”Hasta 1973, la homosexualidad era vista por los psiquiatras como “una perturbación sociopática de la personalidad”, y fue en ese año cuando Spitzer publicó un estudio cuya conclusión era que, entre otras cosas, dado que los individuos con esa orientación sexual no se encontraban incómodos en absoluto con ella, no podía tratarse de ninguna enfermedad mental. “Un desorden médico tiene que estar asociado a una angustia subjetiva, es decir, al dolor, o bien al deterioro general en la función social”, declaró Spitzer cuando arreció la esperada polémica.

Tras esto, la Asociación Americana de Psiquiatría o APA decidió ese mismo año eliminar la homosexualidad del DSM, en unas tristemente reñidas votaciones, para la tercera edición que se publicaría en 1980. Fue otra pieza de la irracionalidad cobrada con alegría por la ciencia.

La mayor equivocación de Spitzer

Sin embargo, en 2001, Spitzer metió la pata hasta el fondo al sacar la conclusión errónea de un estudio suyo acerca de las terapias que pretenden cambiar la orientación sexual de los homosexuales y volverlos hetero: que funcionaban. Precisamente a él no podían acusarle de homófobo por sus méritos anteriores, pero no se puede vivir de las rentas, y eso tampoco justifica una afirmación errónea de parte de un científico, contra el que además se pronunciaron la mayoría de sus colegas, APA como tal incluida.Spitzer: “No había manera de juzgar la credibilidad de los informes sobre sujetos que habían cambiado su orientación sexual”

Mucho menos después de la que se lio: tropecientas agrupaciones cuyo único motivo para vivir es su homofobia, las universidades del conservadurismo y, por supuesto, la Iglesia Católica se apoyaron en su estudio para intensificar sus campañas de salvación de homosexuales, dándose la paradoja de que seguían sin admitir la validez del estudio que Spitzer había publicado en 1973, que negaba que la homosexualidad fuese un trastorno mental, pero se agarraron a este otro como a un clavo ardiendo.

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Por fortuna, aunque habiendo tardado un poco, rectificó en 2012; reconoció que las críticas que había recibido eran correctas y que “no había manera de juzgar la credibilidad de los informes sobre sujetos que habían cambiado su orientación sexual”, pues sus declaraciones podían ser simplemente fruto del autoengaño o “la mentira pura y simple”. Y luego, en febrero de 2015, el Tribunal Supremo de Estados Unidos prohibió estas terapias; lo que, en otro orden de cosas, me hace preguntarme a qué esperan el resto de los países para actuar de idéntica manera.La labor de Spitzer ha sido fundamental para que acabara legalizándose el matrimonio homosexual en Estados Unidos

Pese a su traspié rectificado, Robert Spizter fue uno de los psiquiatras más importantes del pasado siglo, y por su trabajo y sus logros debemos recordarle. No pocos psiquiatras han reconocido que la labor del neoyorkino ha sido fundamental para que acabara legalizándose el matrimonio de personas del mismo sexo en Estados Unidos, y no sólo estas personas han de estarle agradecidas, sino todos nosotros por haber sacado a gran parte del mundo de un deplorable y prolongado error que tanto sufrimiento ha originado a lo largo de la historia.

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