Tal vez nunca encontremos una respuesta concreta a la pregunta. La forma de afrontar las tragedias es muy compleja; y completamente distinta de una persona a otra, sin duda. Existen innumerables mecanismos psicológicos y sociales para poder enfrentarnos con entereza ante una catástrofe, sea del tipo que sea. El problema lo tenemos al analizarlos y clasificarlos. Son tan complejos, tan matizables, que rara vez se pueden identificar de forma única, lo que tampoco nos permite buscar un "porqué" o un "cómo". En cualquier caso, sí tenemos claro que el tiempo, la resiliencia y el humor son tres factores claves en nuestro proceso de sanación.

La resiliencia

Sabemos que una persona es capaz de morir de pena. Los mecanismos también son verdaderamente complejos, pero sabemos que por depresión y shock, una persona puede llegar a languidecer hasta la muerte. Para evitar "caer" ante un problema, los seres humanos (y también los animales "superiores" como indican algunos estudios) poseemos un mecanismo denominado resiliencia. Este se encarga de hacer que nos sobrepongamos ante una tragedia. Nos permite proyectarnos hacia el futuro en vez de estancarnos en el presente o el pasado traumático. Incluso con un trauma asentado en nuestra memoria, la resiliencia sigue trabajando para que no nos rindamos y sigamos viviendo.

John Moore

La resiliencia se define como la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Es algo innato en las personas aunque los psicólogos asocian esta capacidad a otros aspectos como la creatividad, el sentido del humor, el autoestima... Existe, incluso, un test que trata de medir el valor de la resiliencia de una manera numérica. No obstante, todavía es un "constructo", una idea, muy nueva y la comunidad científica trata de perfilarla día tras día. En cualquier caso, la resiliencia es la gran protagonista de sacarnos adelante en el momento de la tragedia. Asociada a esta existen varios procesos que aparecen según la situación como son el shock, la tristeza, la ansiedad o la rabia. Estas emociones aparecen como consecuencia de una situación que no es racionalizada y genera frustración. No obstante, este es solo el comienzo.

El tiempo

Desintegración del Challenger. La nube que se aprecia es principalmente vapor de agua.

Si comprender y describir la resiliencia es difícil, estudiar la función del tiempo en el proceso es una tarea titánica. Conocemos hasta cierto punto la formación de los traumas, los cuales se almacenan en el cerebro mediante diversos mecanismos. Normalmente un recuerdo pasado se asocia a una parte del cerebro mientras que su valor emocional a otro. En concreto, el hipocampo juega un papel crucial en este aspecto. Ahora, con el tiempo, esa disociación de emoción y recuerdo puede ayudarnos a superar el suceso traumático, eliminando la conexión y reemplazando los recuerdos por otros, los cuales se almacenan "físicamente" mediante la interconexión neuronal. Pero también pueden asentar el trauma, creando un problema recursivo que puede terminar en patología. Por tanto, el tiempo no siempre es suficiente, per se para resolver un trauma. Hacen falta, además, otros mecanismos como los ofrecidos por la resiliencia. O el sentido humor.

El humor

"El humor es igual a tragedia más tiempo", decía Mark Twain (y parafraseaban tiempo después otros artistas). El humor es una habilidad humana muy, muy importante. Es difícil afrontar esa capacidad de ver el lado cómico de las cosas desde un punto de vista científico. Sin embargo, no hay investigador que no sepa apreciar el papel fundamental que juega el humor en la vida del ser humano. Es un método de interacción social, de distensión y, por supuesto, una manera de lidiar con las tragedias. Bueno, en sí, podríamos considerarlo como un mecanismo adicional. El humor permite "quitar hierro", es decir, rebajar la gravedad de un tema delicado al grado de asunto banal y amigable. Existen varios estudios recientes que tratan de colocar al sentido del humor en todo este asunto de la resiliencia y las tragedias. ¿Cuánto tiempo hace falta para poder contar un chiste de mal gusto y que este no hiera la sensibilidad general?

Fuente: Shutterstock

El investigador Peter McGraw ha tratado de dar respuesta a esta y otras preguntas sobre qué hace del humor lo que es. Aunque parece algo obvio, sus investigaciones mostraron que los chistes de mal gusto sobre una tragedia hieren la sensibilidad y ofenden los primeros días de la catástrofe. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, estos chistes van aumentando su gracia hasta alcanzar un pico máximo. Tras esto, mientras la tragedia se aleja con el tiempo, los chistes dejan de ser graciosos, pero ya no ofenden a nadie. Es una muestra práctica de cómo el humor sirve como mecanismo para lidiar con la tragedia, sanar una herida y luego desaparecer. "El humor aumenta con el distanciamiento", explica McGraw, tanto temporal como personal. Tal y como comenzábamos, tal vez nunca podamos dar una respuesta concreta sobre cómo actúa nuestro cerebro a la hora de resolver una situación trágica. Pero al menos sabemos que gracias a la mezcla de resiliencia, tiempo y humor podemos enfrentarnos a casi todo lo que nos echen encima.

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