El observatorio MAGIC, situado en el Roque de los Muchachos de La Palma, ha permitido observar la luz más energética jamás detectada desde una estrella, el púlsar del Cangrejo. Esta pequeña estrella de neutrones, que cuenta con un diámetro de aproximadamente 10 kilómetros, presenta una rotación de 30 veces por segundo. Su comportamiento, que se asemeja a un imán por los grandes campos eléctricos y magnéticos que se crean a su alrededor, recuerda al de un faro. Y es que la luz emitida por dicho púlsar es detectada por los telescopios del observatorio canario cuando su rotación cruza nuestro haz de visión.

Observar esta pequeña estrella no es una tarea sencilla, pues la energía que emite es similar a la producida en el gran colisionador de hadrones del CERN. Según apuntan desde el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), los resultados logrados por los telescopios MAGIC y Veritas cambian nuestra visión sobre estas estrellas. El púlsar del Cangrejo, considerado como una "reliquia funeraria" de la estrella que constituyó antiguamente la Nebulosa del Cangrejo, es capaz de emitir energía a un rango mil veces superior a las detecciones realizadas anteriormente.

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Imagen cedida por el Instituto de Estudios Espaciales de Catalunya (IEEC)

"Hemos acumulado más de 300 horas de datos del púlsar del Cangrejo con MAGIC para entender este fenómeno, esperando medir la máxima energía de los fotones pulsantes", comenta Emma de Oña, investigadora del IEEC. Estas nuevas observaciones amplían el espectro del púlsar del Cangrejo a energías mucho más elevadas de lo esperado, en un orden cien veces superior que las mediciones realizadas por los telescopios Cherenkov en 2011.

Las conclusiones sobre esta estrella de neutrones son realmente sorprendentes, ya que los resultados obtenidos violan todos los mecanismos que hasta ahora se pensaba que existían en este tipo de púlsares. El hallazgo de fotones de alta energía, por tanto, cuestionan nuestros conocimientos acerca de pequeñas estrellas como el púlsar del Cangrejo. El trabajo, publicado en la revista Astronomy and Astrophysics, también abre nuevos retos a la aceleración de partículas en medios extremos, según los investigadores.