Hablando con robots (I): mi mejor amiga Siri

Hoy en día, muchas aplicaciones que usamos en el día a día suplen con una interfaz gráfica y necesidad de que interactuemos con ellas porque no tenemos tecnología suficiente para hacerlo más... humano. Navegamos por menús, listas de iconos, hacemos scroll, entramos en secciones y subsecciones, todo porque no podemos pedir directamente lo que queremos.

Con un ejemplo se entiende mejor: No queremos tener que entrar cada rato en WhatsApp para ver qué me tienen que contar nuestros familiares y amigos, el objetivo real de la aplicación es tenerme informado de ello, la interfaz actual —una lista de conversaciones, y dentro de cada una la información escrita— es simplemente un atajo para el verdadero motivo por el que la usamos, la forma evolutiva final de WhatsApp sería una aplicación que nos cuente lo que nuestros amigos y familiares están haciendo. Y nos lo diga de forma humana.

La interacción futura es la conversación, no una lista de iconos y apps a pantalla completa

En vez de: "Juan García dijo a las 12:32 que LOLOLOLOL!", queremos un "Tu amigo Juan se ha reído mucho con el chiste de antes". WhatsApp, o cualquier otra aplicación de mensajería instantánea, deberá convertirse en un agente real que existe en nuestras vidas.

Y así con todo. No deberíamos estar abriendo una web de noticias deportivas, navegar por sus menús durante un rato, solo para ver cómo está la clasificación de La Liga. Si el objetivo es estar informado, deberíamos poder pedir, en tono de conversación, cómo va la liga de fútbol ahora mismo, y obtener una respuesta en el mismo tono de conversación. — "¿Cómo va la liga? El Atleti primero, el Barça segundo pero con un partido menos", la alternativa conversacional es increíblemente superior a la experiencia actual.

Un último ejemplo, no quiero tener que entrar en una web, o una app, para comprar la misma leche, las mismas galletas, el mismo pan de molde, los mismos refrescos, etc. que compro siempre. Queremos decirle a algo "cómprame galletas, leche, refresco y pan", y ya. Queremos que eso nos responda con lo que cuesta y una confirmación para comprarlo. Tal y como lo haría si como lo haría yo si mi mujer me pide ir a hacer la compra.

El smartphone nos ocupa atención, nos ha proveído de una falsa sensación de movilidad, pero seguimos atados a sus pantallas

La web del diario deportivo, la aplicación de mensajería instantánea, la web del supermercado, etc. son formas que ha adoptado la tecnología en el paso intermedio en el que vivimos de tecnología visible. Esta tecnología ocupa lugar y atención, y no debería ser así. Tenemos que dejar de hacer otras cosas, tenemos que quitarnos de nuestro tiempo libre para ir a hacer la compra, mirar los resultados deportivos o estar al tanto de lo que ocurre a nuestros amigos. En unos años veremos estos hábitos como cavernícolas.

Seguiremos mirando pantallas, claro: las películas, las imágenes, los textos que queramos analizar por nuestra cuenta —en vez de que una IA nos lo cuente como haría cualquier otro humano—, pero no necesitaremos usar pantallas para cosas que no deberían necesitar pantallas. Los smartphones han hecho gran parte del trabajo de darnos más movilidad física a la hora de comunicarnos, pero si lo piensas bien sólo nos han liberado de tener que estar sentado delante de un ordenador. Seguimos teniendo que hacerlo todo por nosotros mismos, mientras miramos a una pantalla. No deberíamos desperdiciar nuestra vida en esto.

Los wearables cambiarán nuestra vida mucho más que lo que hicieron los smartphones, simplemente porque no necesitarán nuestra atención completa

Y es por lo que los dispositivos corporales, en nuestras muñecas, colgando de nuestro cuello, dentro de nuestras orejas, etc. son tan importantes. Cambiarán nuestra vida mucho más que lo que hicieron los smartphones. Los smartphones nos dieron una pizca de libertad, los wearables nos darán un más que necesario respiro de vivir atado a una pantalla durante las últimas dos décadas.

No deberíamos hablar de asistentes, deberíamos hablar de amigos. Nuestros hijos se criarán hablando con ellos. El hijo tecnológico de Siri, de M, de Cortana, de Alexa será su asistente, sí. Pero también será amigo más cercano, su confidente más afín, su profesor y su compañero de trabajo.

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