Uber la startup, más conocida por sus luchas políticas con municipios y países, recientemente fichó a Jill Hazelbaker, proveniente de Snapchat a donde llegó tras trabajar en el departamento de comunicación de Google.

Uber sabe que le espera guerra abierta contra grupos poderososPero como reporta Sarah Lacy, lo más importante aquí es la participación de Hazelbaker en la campaña de John McCain a presidente de los Estados Unidos en 2008. ¿El primer fichaje de Hazelbaker? Rachel Whetstone, experta en relaciones públicas que viene de una extensa carrera en el Partido Conservador británico, que dejó atrás por Google en 2005, donde conoció a Hazelbaker.

¿Quién era el "rival" John McCain? Barack Obama, que a la postre ganó las elecciones, y su director de comunicaciones era David Plouffe, el anterior jefe de comunicaciones de Uber.

Uber se está preparando para entrar en campaña. Una campaña legislativa, de presión y de todos contra todos, y no le valen meros líderes de comunicación empresarial, necesita tiburones políticos con conexiones, contactos y capacidad para llevarse por encima cualquier nota discordante de la empresa.

El propio CEO de Uber, Travis Kalaknick, fue increpado recientemente en el programa de Stephen Colbert por parte de un miembro del público. Uber tiene buena prensa dentro del sector tecnológico, pero no tanta dentro de la prensa generalista. Kalaknick va a necesitar las habilidades de Hazelbaker y Whetstone, y de todo el equipo de comunicaciones que están reconstruyendo.

Llega el "Big Tech"

Las empresas tecnológicas, a pesar de formar grandes conglomerados y gigantes bursátiles, han querido mezclarse poco con la política. Apple, Hewlett Packard, Microsoft, Oracle, tienen presupuestos muy pequeños destinados a formar grupos de presión para intentar conseguir o adaptar la legislación que les pueda ser desfavorable.

Farmacéuticas, petroleras y bancos hace décadas que se dieron cuenta de la importancia de tener fuertes grupos de influencia en las capitales mundiales, y Silicon Valley lo está haciendo ahora.

Google nació cuando ya había acabado la batalla judicial entre Microsoft y el gobierno de Estados Unidos, sabe lo que hay en juego. Las maniobras de Google en el campo de la privacidad de sus usuarios, le han hecho gastar mucho más en este tipo de negociaciones a puerta cerrada.

Según OpenSecrets.org, Google gasta en torno a 15 millones anuales desde hace 4 años solo en sus lobbying en Estados Unidos. Este año aumentará aún más el gasto, con casi 17 millones de dólares.

Los enemigos de las tecnológicas no están en Silicon Valley, están en Washington y Bruselas, Pekín y Nueva DelhiGoogle tiene mucho que perder ante una posible reapertura de investigaciones por parte de la Comisión Federal de Telecomunicaciones. En Rusia, India y Unión Europea, Google está detrás de acusaciones similares sobre la privacidad y abuso de posición dominante. Google fue la primera en darse cuenta que Silicon Valley necesita nuevo armamento, porque sus enemigos ya no están en el otro lado de Silicon Valley, ahora están en Washington, Bruselas, Pekín y Nueva Delhi.

Para comprar, Apple gasta unas cinco veces menos, aunque fichó a Amber Cottle en 2014 proveniente del Comité Financiero del Senado. Por su parte Microsoft gasta aproximadamente la mitad que el creador de Android, aunque lleva un perfil histórico más amplio en las capitales.

Facebook tampoco está retrasado y tiene preocupaciones muy similares a las de Google. Por eso contrató al mismo David Plouffe tras la campaña de Obama, antes de abandonar la red social por Uber. Y en 2011 fichó a Joel Kaplan, antiguo Deputy Chief of Staff para políticas de George W. Bush en la Casa Blanca, y Tucker Bounds, antiguo portavoz de la campaña McCain-Palin en 2008, y de la campaña para gobernadora de California de Meg Whitman en 2010.

Nadie se estará quieto, el próximo congreso estadounidense será clave para pasar legislación favorable, y todos quieren estar ahí. Guerra sin aviones, bombas ni tanques, pero guerra al fin y al cabo.