Tal como adelantamos con la aprobación del proyecto de la reforma de la LECrim, que recientemente ha entrado en vigor, se incluyen algunos cambios interesantes en cuanto a investigación judicial que ya, desde el anteproyecto, han generado polémica por la abrir la puerta a los cuerpos y fuerzas de seguridad a utilizar herramientas poco ortodoxas para el curso de las investigaciones criminales.

Y es que la nueva LECrim incluye la posibilidad de que se utilice la figura del agente encubierto para la investigación de delitos policiales dentro de la red, incluyendo, además, el uso policial y judicial de los "hallazgos casuales" en el curso de las investigaciones, es decir, aquellos casos en los que no se estaba investigando un delito o persona en concreto pero que resulta descubierto por la policía, algo común en las investigaciones de delitos telemáticos, que en muchas ocasiones salpica a otros sujetos además de los investigados.

Agente encubierto y nuevas herramientas para la lucha contra el crimen en la redNo obstante, uno de los preceptos más polémicos es precisamente la labor de este agente encubierto para la investigación: el agente encubierto informático podrá intercambiar o enviar por sí mismo archivos ilícitos, siendo posible en tal caso el análisis de los algoritmos asociado a dichos archivos ilícitos, siempre, claro está, con previa autorización judicial. En pocas palabras, el uso de malware para espiar equipos informáticos de investigados, que en el práctica no es muy diferente al pinchar el teléfono a un investigado o llevar a cabo una entrada y registro.

Además, en el curso de las investigaciones, este mismo juez competente, podrá autorizar la obtención de imágenes y la grabación de conversaciones que puedan mantenerse en los encuentros previos entre el agente y el sujeto pasivo, aun cuando se desarrollen en el interior del domicilio, por lo que se extiende además a más ámbitos, además del uso en la red.

Más allá de la polémica, lo cierto es que la inclusión de estos preceptos lo que hace es adaptar la figura del agente encubierto a casos muy específicos para los delitos relacionados con la vía telemática, una práctica policial que se ha venido utilizando constantemente en la lucha contra el crimen organizado y para los delitos contra la salud pública y que ahora tiene amplia cobertura legal más allá de la jurisprudencial. En definitiva, se trata de actualizar viejas herramientas de investigación a los nuevos criminales.