Son las 11:45 de la mañana del jueves y hemos quedado con los representantes de prensa de Amazon, que han citado a un grupo de periodistas en Paseo de la Castellana 86 para ir juntos al Centro Logístico de Madrid. Está en San Fernando de Henares, por lo que es toda una logística en sí misma poder llegar allí por tus propios medios; lo típico de está cerca, pero lejos. Mientras esperamos a los rezagados nos explican que están haciendo varias visitas- el Black Friday y las Navidades son los momentos de más reclamo y verdaderamente todo esto llama mucho la atención- y además, hay que hacerlas poco a poco por cuestiones de seguridad. Una vez estamos todos, ponemos rumbo al polígono donde se encuentra el centro. Veinte minutos de coche prácticamente, lo que nos pone a las 12:30 de la mañana, y de repente nos damos de lleno con una mole de edificio blanco y con el afamado y sonriente logo de Amazon.

Un par de camiones de UPS llenos de pedidos rumbo a Madrid, una atenta mirada de las cámaras de seguridad y unos inmensos tornos nos reciben, a los cuales viene a buscarnos un miembro del equipo de seguridad. Nadie entra, ni sale, sin que la centralita lo permita antes. Ya cuando solicitamos asistir a la visita una semana antes nos pidieron nuestro nombre completo y DNI, y para mi sorpresa, el número de calzado. Y por fin entendí por qué. Los controles en recepción son exhaustivos: se revisa la documentación previamente registrada, te dan la acreditación y te cambias los zapatos: todos los que trabajan allí llevan los mismos por medidas de seguridad. Petos a juego y bolsos en consigna por lo que pueda pasar. Pero afortunadamente nos dejan hacer fotos; salvo a pantallas y etiquetas con datos claro. Primeras impresiones: huele igual que en IKEA y no hay casi ruido.

Y media hora después, la visita comienza con la primera, e impresionante, imagen. Todo lo que te imaginas cuando piensas en un almacén se resume en un simple vistazo.

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Bajo el lema de Work Hard. Have Fun. Make History todos los empleados, o associates como les llaman ellos, entran a trabajar a un lugar que mide lo mismo que once campos de fútbol con más de siete millones de productos diarios circulando por sus pasillos. Seguro que alguno de los míos está ya por allí. Estaré atenta por si los veo...

Lo primero de todo, conocer cómo funcionan y su espíritu de empresa. Cada mañana, los directivos de la planta visitan una de las secciones y preguntan a los associates qué problemas hay que solucionar; estos tienen una semana para arreglarlos o esos inconvenientes se convertirán en zombis. Y solo tienen un número limitado de zombis por semana, si los superan entonces es que algo falla y hay que tomar medidas mucho más drásticas. De esta forma los empleados se sienten integrados en el desarrollo de la empresa, y además están felices.

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Nos explican que los productos entran, se fotografían y pasan a la revisión manual de calidad. Las imágenes que se tomen van a ser esenciales para vender mejor un producto; de hecho nos confiesan que el año pasado, el juguete estrella de Frozen durante las Navidades tuvo ventas muy bajas en Amazon precisamente por la imagen. Se volvieron a hacer y ¡premio!. Una vez se toman las fotos, todos y cada uno de los productos que entran pasan por el control de calidad visual. Si están rotos se devuelven, si ya están vendidos pasan a una caja de un color, o tote como ellos les llaman, y si va a stock pues a otra, y así sucesivamente. Lo primero que se te viene a la cabeza con esto es que esta parte del proceso funciona como los ojos de un posible cliente, exigentes. Y de ahí a una parte de una interminable cinta transportadora del total de cinco kilómetros que hay allí.

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Y de las cajas a las estanterías. Ya por fin pasamos a la parte emocionante: los interminables pasillos del almacén de Amazon y, donde seguramente, está el secreto de todo. Lo que todo el mundo te pregunta después de haber salido de allí: ¿cómo funciona? ¿cómo es?

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Cientos de pasillos que funcionan como un laberinto de cajas, productos y códigos de barras y ordenados bajo un sistema de eficiencia de tiempo. O como ellos dicen, un "caos organizado". En cada una de las casillas podemos encontrar cualquier cosa que nos imaginemos, sin ningún criterio. Solo se tiene en cuenta que quepa en el hueco y que si pesa mucho debe estar en las estanterías de abajo. Esto, nos explican, permite que si un cliente pide varias cosas diferentes, los trabajadores no tengan que recorrer los pasillos buscando por secciones, si no que el sistema detecta los productos que quieres y te organiza un recorrido eficiente a partir de los que están más cerca unos de otros. Tengo que usar esta técnica en casa...

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Y de vez en cuando, aparece corriendo un trabajador por alguno de los pasillos. No tienen tiempo que perder. Son como duendes de Navidad preparando todo lo que tienen que hacer para la campaña. Si van de rojo, cuidado con ellos: tienen preferencia. Son los que hacen los pedidos de los clientes de Madrid que quieren su producto para el día siguiente. No se puede fallar en esto, y las peticiones son muchas. Así que toca correr.

Todos armados con su lector de código de barras van ordenando o cogiendo lo que necesitan. El sistema SIEMPRE tiene que saber qué pasa en sus estanterías divididas en tres pisos para aprovechar el espacio en vertical. Sobre todo ahora que Amazon ha abierto el Supermercado y el espacio se les está quedado pequeño; razón por la cual van a ampliar sus instalaciones a otros 45.000 metros cuadrados.

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Libros, videojuegos... hay de todo... Y ya estamos más allá de la 13:30 de la tarde, el hambre va haciéndose presente y con los infinitos pasillos de comida la cosa va a peor, pero no podemos tocar nada. Si se cambia de sitio, se pierde o se cae puede haber un drama importante y, posiblemente, un consumidor enfadado.

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Y alguien, en alguna parte de España, ha pedido algo. Un trabajador lo pone en un tote, y de nuevo esta pasa a su ya conocida cinta transportadora, y a una nueva parte del edificio. En este punto ya admiro a los empleados de Amazon: el dolor de pies por los, seguro que varios kilómetros, que hemos recorrido ya es bastante notable. Pero lo importante de esto es la imagen que nos ofrece, la que mucha gente se imagina y, seguramente, las más impresionantes. Las cintas transportadoras vistas desde arriba.

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Y de las cintas a ordenar los pedidos en cajas. De nuevo otra impresionante imagen de eficiencia en cadena bajo ese tono amarillo que gobierna las instalaciones.

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No se deja nada a su suerte. El propio sistema organiza cuántos productos pueden añadirse en cada caja, cuál tienes que usar (con sus propios nombres), cómo colocar las cosas dentro y la dimensión exacta de la cinta adhesiva que hay que poner. Todo colocado de la forma más eficiente y cómoda posible para ayudar a que los empleados trabajen bien y rápido. Uno de ellos nos hace una demostración, casi imperceptible a la vista. Cinco juguetes son rápidamente examinados por todos sus flancos en un último control de calidad, se juega al Tetrix en una caja, se quita el aire con papel para rellenar los huecos, se cierra, se coloca la etiqueta y ¡siguiente! Y estas cajas pensaban que se habían olvidado de las ya consabidas cintas. Pues no, vuelven a ellas para pasar a su próxima etapa.

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Y ya pasan de las 14:00. Con el pedido en la caja pensamos que prácticamente aquí acaba la cosa. Pero no. ¿De dónde vienen todas esas cajas que usan para sus productos? Millones de cartones xerografiados con los motivos de Amazon esperan apilados su turno para ser ocupados por su correspondiente producto. Y aquí huele especialmente bien, como a papelería. Adoro este olor.

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En la otra punta de la planta, y siguiendo un caminito azul pintado en el suelo, vamos a uno de los últimos pasos del proceso. El etiquetado con los datos de los destinatarios. De nuevo las cajas van por su cinta correspondiente, el lector registra el código de barras, imprime la etiqueta y la pega. Nos avisan que debemos tener cuidado con las fotos; no se puede ver ningún dato personal. Imagina que descubrimos que Pedro Sánchez y Rajoy han pedido algo... ¿Cuál de los dos habrá puesto la dirección de Moncloa?

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Y de ahí a las cajas para la distribución. Nada glamouroso, pero muy eficiente. Y sobre todo rápido, porque aquí es donde más associates podemos ver, todos como duendecillos preparando los regalos de estas fiestas. Y no hay tiempo para darse cuenta de todo lo que sucede en cuestión de segundos.

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Finalmente, los paquetes esperan apilados aguardando a que su correspondiente camión venga a por ellos y les lleve a su destino.

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Son ya las 14:30 de la tarde. Es increíble cómo pasa el tiempo de rápido. La visita termina aquí, por lo que volvemos a la recepción a devolver el calzado, recuperar nuestras pertenencias, y ciertamente abrumados por la cantidad de información visual que hemos recibido. Vuelta a Madrid pensando ya cómo gestionar todo eso, y sobre todo, con ganas de ver la ampliación de la planta, porque si esto ha sido impresionante, imagínalo unas cuantas veces más grande. Tendré que volver a hacer deporte para aguantar el ritmo de la caminata...