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Hoy se cumplen 150 años de la publicación de uno de los cuentos infantiles más complejos y profundos de la historia, con tantos adeptos como gente que lo odia. Alicia en el país de las maravillas supone una apología a la "ilógica lógica" de mano de su autor Lewis Carroll, un brillante matemático y divulgador, amante de la geometría, el álgebra y, por supuesto, la lógica.

Se trata de un cuento que ha tenido miles de adaptacionesSi las nuevas películas de Pixar han conseguido llegar tanto a niños como a adultos con su doble diálogo, Lewis ya lo hizo en 1865 simulando la posibilidad de los imposibles, el alcance de los sueños y el cuestionamiento de los interrogantes científicos y sociales de la época a través de una serie de personajes tan irreverentes como inolvidables que llenan todas sus páginas; tanto que consiguieron encandilar a la Reina de Inglaterra con el cuento.

Mucho se ha escrito sobre esta historia, estudios que miran por la relevancia psicológica, científica y social. Además de su influencia en el mundo de la literatura, la música, la ciencia, y por supuesto, el cine. Pero, ¿podemos trasladar todas estas cuestiones al mundo de las startups? Y ojo, que el País de las Maravillas no solo está en Silicon Valley.

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¡El Conejo Blanco!

Alicia, una joven inocente, vivía en un mundo prácticamente perfecto: buena educación, buena familia... pero algo no cuadraba. Lo mismo que no le cuadra a todo el que quiere emprender, no sabe el qué, pero algo pasa. Un día, un precioso conejo blanco aparece trastocando esa ilusa realidad, te lleva y te atrapa con su acelerada visión del tiempo: ¡Llegas tarde! pero no sabes a dónde. Tú le sigues, y lo que primeramente parece un mundo raro y extraño termina por parecerte tan absurdo como lógico. ¿Cómo es que lo habías estado evitando? Ya estás dentro.

En un punto de la historia, una oruga azul cuestiona hasta la más mínima realidad que hasta entonces Alicia consideraba obvia. Seguro que muchos emprendedores han pasado por esa misma crisis existencial, en la que hacerse cargo de un proyecto propio, sacarlo adelante y superar las diatribas del día a día. Caes por el pozo, durante tanto tiempo que no sabes contarlo, la zona de depresión por la que todo gestor de una startup ha pasado a lo largo de su vida emprendedora se asemeja a ese mundo absurdo e incomprensible que sin duda le rodea en todo momento: llámese orugas gigantes, fondos de inversión, o facturas. Y entonces se piensas que en dónde te has metido:

-Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca. -¿Cómo sabes que yo estoy loca? -Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.

Pero como ya estás metido hasta lo más profundo de ese mundo, y realmente no sabes muy bien cómo salir, pues continuas. Si tienes un poco de suerte te encuentras al Gato de Cheshire, una eterna sonrisa, que ni en sueños se va. El gato desaparece pero su sonrisa no, y pese a su espeluznante gesto este nunca pierde su energía. Tanta que hasta contagia, y te apoya. Total, cómo él dice: “Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante”.

Y quizá te pierdas, o quizá encuentres al camino hacia el sitio que buscas. A una reunión con los inversores en una mesa de té; en ella te dirán todo lo que jamás hubieses querido escuchar pero que en el fondo sabes que es realidad. El sombrerero, ese personaje tan lejano como cercano, que te dirá que vuelvas a comenzar por el principio y que luego continúes hasta que llegues al final, pero replanteándose todo. Y tenía razón, porque luego aparece la Reina, con esa eterna competencia por el poder, que quiere arrasar con todas las cabezas. Y debes estar preparado porque ese mundo siempre va a ser tan difícil como sorprendente.

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¡No estoy loco! Mi realidad es simplemente diferente a la tuya

Las ideas, como cualquier cosa, suenan muy bien en la mente del que las ha pensado. Otra cosa muy diferente es que cuando la digas en alto, el resto del mundo piense lo mismo que tú. Dónde habrían acabado los millones de personas, o de emprendedores, que tuvieron esa genial idea en su propio País de las Maravillas y hubiesen hecho caso a la opinión de los que les decían locos. Pongamos el caso de Facebook, que comenzó siendo una locura en la residencia de una universidad y ha acabado siendo una locura de empresa con beneficios millonarios. Uber, surgiendo de una experiencia en una tarde en París. O un caso español, que incluso Iñaki Arrola confesó que jamás hubiese pensado que pudiera tener el éxito que ha tenido la historia con los mapas de CartoDB. Y como estas, millones de alocadas ideas: redes sociales, empresas que buscan sustituir a las entidades financieras tradicionales, vueltas de tuerca al e-commerce o una revolución en mundo de la ciencia.

Porque después de todo, los emprendedores tienen un pequeño punto de locura, y "los locos son las mejores personas".

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