Si volviéramos la vista atrás en el tiempo a los siglos XVI y XVII en la América española, probablemente nos encontraríamos con un escenario muy diferente al actual. México fue la región donde más personas de raza negra llegaron. Pero no pisaban el nuevo continente como individuos libres, sino que los colonos europeos llevaban esclavos africanos al verse diezmada la población nativa por la conquista española y las epidemias. No todos las personas de raza negra aceptaban las condiciones en las que vivían y trabajaban.Los cimarrones huían de las condiciones de esclavitud en las que vivían, formando comunidades autónomas como la de Yanga

Algunos se rebelaron, convirtiéndose en los famosos cimarrones, que huían formando comunidades autónomas independientes. Las rebeliones negras en el México colonial se sucedieron, como fruto de un tratamiento inhumano y una explotación terrible. Así fue como se evadieron primero de los trabajos en las minas, las haciendas o los hogares, fundando dichas comunidades autónomas, como la que se desarrolló en la actual ciudad de Veracruz. Estas comunidades también se llamaban palenques, siendo uno de los más famosos el de Yanga, creado en 1630.

Los palenques pronto se convirtieron en zonas muy difíciles de controlar para las autoridades, que percibían el cimarronaje como un núcleo de fugitivos rebeldes que resistían a la autoridad. Además asaltaban las haciendas y los caminos en busca de sustento y alimento. Tal vez estas características provocaron una suerte de racismo larvado, según lo han definido algunos historiadores mexicanos, que critican que para la academia del país el tema de los cimarrones todavía no se haya explorado en profundidad.

Un rastro genético (casi) perdido

Parte de ese lado oculto de la historia sale a la luz ahora con un trabajo de investigadores de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Autónoma de Yucatán, la Universidad de Guadalajara (México), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Barcelona y el laboratorio Genómica (España). Su estudio ha tenido como objetivo conocer el rastro genético que dejaron los cimarrones en sus descendientes. ¿Queda algo de estos pueblos en la sociedad mexicana actual? Al analizar el ADN de los descendientes del palenque de Yanga, se ha visto que apenas queda rastro genético africano.El componente genético de los cimarrones, en comparación con el amerindio y el europeo, está muy diluido

"El componente africano está más diluido, en comparación con el amerindio y europeo”, afirma Antonio González-Martín, investigador del departamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad Complutense de Madrid, además de primer autor del artículo publicado en Anthropological Science. El modelo también se conoce como trihíbrido de mestizaje, ya que se observa la mezcla de las tres líneas: la de los amerindios, convertidos en el sustrato ancestral, y la de europeos y africanos, que se solaparon con las poblaciones nativas. El último componente, según los científicos, llegó a América de forma muy intensa durante el siglo XVII, mientras que el europeo mantuvo un flujo constante desde la colonización.

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Después de analizar el ADN de muestras de cabello obtenidas de sesenta descendientes de los primeros pobladores de Yanga, los resultados se compararon con los datos obtenidos de la información genética de tres grupos parentales: andaluces, que representan el componente europeo, africanos de Guinea Ecuatorial y el pueblo indígena Purépecha, descendientes de los amerindios. Además también se hizo un estudio con diez poblaciones mestizas del país, procedentes de Yucatán, Campeche, Veracruz, Puebla, México DF, Metztitlán, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León y Chihuahua.El linaje genético en México se distribuye de forma geográfica

Las conclusiones del trabajo, además de determinar la "dilución" del rastro de los cimarrones, también mostraron que el linaje genético se distribuye de forma geográfica. Según los científicos, en el norte de México, el principal componente es europeo, seguido del indígena y, en mucha menor proporción, el africano. Por el contrario, el modelo cambia en el sur y sureste, con una mayor presencia indígena, seguida de la europea y un bajo componente africano. En todos los casos, podríamos decir que la genética de los cimarrones se ha perdido -o al menos se ha diluido al entremezclarse con otras poblaciones de diferente origen-.

Los once pueblos estudiados, por tanto, comparten un rasgo común: una elevada proporción de componente europeo y amerindio en sus genes, además de una baja presencia de marcadores africanos. Pero además de estas características moleculares, los rasgos fenotípicos (es decir, los que vemos a simple vista) también demuestran que apenas se diferencian los rasgos de los antiguos cimarrones en las poblaciones mexicanas actuales. Podríamos decir, por tanto, que apenas queda un rastro genético de los cimarrones en sus descendientes, una consecuencia directa del mestizaje europeo, amerindio y africano.

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