Lo que empezó hace unos meses con la acusación de plagio por parte de la diseñadora francesa Isabel Marat a la comunidad mixe de Santa María Tlahuitoltepec, específicamente de la blusa tradicional Xaamïxuy, se ha convertido en un verdadero torrente de información, acusaciones y opiniones al respecto; esto luego de avivarse la controversia hace poco tras darse a conocer en diversos medios que la diseñadora había pantentado el diseño y la blusa en sí, y, por tanto, la comunidad mixe tendría que pagar para poder seguir confeccionando estas prendas que han realizado desde hace varios siglos.

Lo cierto es que la información ha sido bastante confusa, en la que incluso acusaron a la compañía, también francesa, Antiquité Vatic de la patente, y dependiendo del medio, a veces a Isabel Marat o a ambas. También se dio inicio a una petición en Change.org llamada 'Lo que es de Oaxaca, se queda en Oaxaca', en la que, al escribir estas líneas tiene 59,420 firmas. En estos ires y venires de información, y hasta el momento, dicha patente no ha sido presentada a la comunidad mixe de Santa María Tlahuitoltepec. Además, recientemente la propia Marat declaró no haber realizado ninguna clase de patente sobre la blusa y los diseños y patrones que la distinguen.

Legislaciones, derechos de autor y patentes

Intangible es aquello que no puede tocarse. En este caso se refiere a eso que la UNESCO reconoce como patrimonio cultural inmaterial y que define como las expresiones vivas que se transmiten por generaciones a través de la oralidad colectiva y las tradiciones propias de una comunidad. La riqueza y fragilidad de este patrimonio es reconocido por la misma UNESCO cuando señala que:

Pese a su fragilidad, el patrimonio cultural inmaterial es un importante factor del mantenimiento de la diversidad cultural frente a la creciente globalización. La comprensión del patrimonio cultural inmaterial de diferentes comunidades contribuye al diálogo entre culturas y promueve el respeto hacia otros modos de vida.

La importancia del patrimonio cultural inmaterial no estriba en la manifestación cultural en sí, sino en el acervo de conocimientos y técnicas que se transmiten de generación en generación.

Esto mismo fue declarado en el pronunciamiento realizado por los líderes comunitarios de Santa María Tlahuitoltepec en junio pasado, cuando se dio a conocer, a nivel internacional, que la diseñadora había tomado patrones y diseños de la blusa tradicional mixe para su colección Etoile, Primavera-Verano 2015. En ese entonces el alcalde de la comunidad, Erasmo Hernández González, dijo:

La blusa de Tlahuitoltepec constituye un elemento que convierte la manufactura artesanal en una actividad socioeconómica porque su producción es para autosustento, porque preserva la tradición, pero sobre todo porque materializa bioculturalmente, porque Tlahuitoltepec es una identidad viviente, porque no es pasado, porque no es museo, porque no es folckore.

En la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas se señala en su artículo 31 la autonomía de los pueblos indígenas para desarrollar su patrimonio cultural, lo cual incluye la medicina tradicional, las plantas y los animales, así como sus deportes y juegos, diseños y artes visuales. Se aclara que:

También tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su propiedad intelectual de dicho patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus expresiones culturales tradicionales.

Al Estado como tal se le atribuye el trabajo conjunto con los pueblos indígenas para la preservación de su patrimonio cultural, y es justo en este punto que muchos pronunciamientos se levantaron al respecto de la blusa mixe señalando al gobierno como falto y ausente en la protección de la cultura de los pueblos indígenas en general y en particular en Tlahuitoltepec.

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Si bien esto puede ser cierto, la reflexión debe ir mucho más allá. Pues lo primero que se apunta es una falta de "derechos de autor" y protección de la propiedad intelectual sobre los diseños y productos de la comunidad de Tlahuitoltepec y que por esto la diseñadora francesa o la empresa de moda señaladas habrían patentado el diseño de la blusa mixe, afectando así a la comunidad que, en todo caso, tendría que pagar por realizar sus propios diseños. Y es que, si bien es necesario el apoyo del gobierno, lo es más comprender que el patrimonio cultural inmaterial no funciona de la misma forma en que lo hace un producto cualquiera.

Es necesario comprender la naturaleza de la prenda, del pueblo, de los diseños y de su cosmovisión

Es decir, señalar que la blusa mixe solo estará a salvo de plagios y protegida bajo un régimen de derechos de autor es tanto como no comprender el valor cultural de la prenda y la forma colectiva en la que esta ha sido confeccionada a largo de varios siglos. Vamos, es como no comprender la naturaleza, del pueblo, de los diseños y de su cosmovisión. Así lo señala de forma muy interesante el artículo de la doctora Diana Negrín da Silva, 'El indio que todos quieren: El consumo de lo ‘huichol’ tras la batalla por Wirikuta', cuando dice: "La preocupación fundamental en torno a la protección del patrimonio cultural y ecológico indígena es que se torne propiedad privada regida por conceptos de legalidad que también traen consigo paradigmas instaurados desde concepciones occidentales."

Así pues, llevar a la blusa mixe al terreno de las patentes, el derecho de autor, con su trasfondo individual y no colectivo, así como ajeno a los aspectos culturales propios de las comunidades indígenas es, de inicio, ponerla en desventaja; así mismo a la comunidad entera de Santa María Tlahuitoltepec que tendría que trabajar en regímenes que le son ajenos y desventajosos. Al respecto de los modernos sistemas de propiedad intelectual, la Declaración de Bellagio de 1993, ya señalaba desde entoces que estos sistemas infravaloran la propiedad intelectual comunitaria, y señalaba la urgencia de la revalorización de estos procedimientos en los que deja fuera la colectividad y vulnera los bienes intangibles.

Por último, la diseñadora Isabel Marat, declaró desde junio de este año, cuando inició la controversia, que no se trataba de un plagio y sí de una inspiración en las blusas mixes y que no era su intención apropiarse la autoría de los diseños. Sí, otra vez la delgada línea entre la inspiración y el plagio. Recuerda la insensibilidad de otros diseñadores inspirados en diseños, patrones, y gamas de color propios de pueblos originarios y que usan para sus colecciones, por las cuales obtienen ganancias lucrativas, así como el significativo reconocimiento por su trabajo; todo esto en un ambiente que dexcontextualiza esos bienes inmateriales y olvida la cosmovisión que encierran, lo sagrado, lo ritual, y, sobre todo, el proceso colectivo de identidad de esos pueblos.