Hemos visto bastantes casos de coches que pueden ser hackeados por personas externas al vehículo que toman el control del mismo para cambiar algunas configuraciones como la dirección, el acelerador o funciones del ordenador de abordo. No dejan de ser más que proyectos específicamente desarrollados para poner en jaque la seguridad de los coches autónomos aún cuando ni si quiera han llegado a las carreteras. Pero es importante que hablemos sobre ello y que las empresas de seguridad trabajen en este campo.

Giesecke & Devrient (G&D) e IBM anunciaron que van a trabajar en el desarrollo de un sistema de seguridad para los coches conectados a Internet que basa su operativa en la tecnología criptográfica.

Objetivo puesto en garantizar la seguridad y privacidad de los datos.

Esta nueva plataforma hace uso de un chip y una clave que usarán todos los sistemas del coche para comunicarse entre ellos y con Internet. Así, según los dos socios en esta aventura por la seguridad, afirman que será muy complicado intervenir un coche conectado de forma remota al blindar las comunicaciones entre las aplicaciones internas del coche y las del exterior.

La tecnología que presentaron G&D e IBM en la pasada edición del Salón de Frankfurt emplea una combinación de hardware y software para almacenar en el interior del vehículo (en una zona antimanipulación) las claves criptográficas y su administración para poder gestionar las diferentes identidades y poder conceder acceso a usuarios autorizados al vehículo.

Asociado a este hardware y software, las dos compañías van a añadir un sistema de seguridad inteligente, tanto interno como remoto, para monitorizar usos anormales del vehículo y mejorar la detección de ataques. Todos los coches equipados con este sistema tendrán un módulo de gestión de subscripciones para las tarjetas SIM para poder enviar los datos con seguridad.

No es tan pronto para que hablemos del coche conectado ya que fabricantes y asociaciones comienzan a poner fecha al primer año sin accidentes mortales en los coches que se comercialicen a partir de 2020. Y para conseguir este objetivo tenemos que basarnos en que los coches hablen entre ellos para que la futura conducción autónoma tenga una base decente sobre la que cimentar sus promesas. Todavía no tenemos la fecha de implantación de esta tecnología en los primeros vehículos de prueba, pero todo apunta a que en pocos años sabremos más de este tipo de tecnología.

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