El estrés es considerado actualmente un problema de salud pública, y es una palabra que se utiliza de manera común para indicar situaciones negativas que se ven asociadas a otros problemas como la depresión, el insomnio, la fatiga, etcétera. En efecto, demasiado estrés puede ser un factor importante que afecte nuestra salud y acarree efectos graves en nuestro organismo, pero no todo estrés es malo: el estado actual de la ciencia distingue entre el positivo, o "eustrés" y el negativo, o "distrés".

Si el estrés es una reacción fisiológica natural y necesaria del organismo ante situaciones que incrementan la demanda de recursos, el estrés positivo abarca todos aquellos estímulos físicos, fisiológicos y psicológicos que producen una respuesta positiva. Es decir, hablamos de eustrés cuando la respuesta del sujeto al estímulo que causa el estrés favorece la adaptación al factor estresante; por el contrario, si la respuesta no favorece la adaptación o la dificulta, estamos hablando de distrés.

Esto significa que en cierta medida, el estrés es necesario para que nuestro organismo reaccione ante ciertos estímulos de manera positiva, ya sea huyendo con éxito de un depredador o entregando a tiempo ese informe a nuestro jefe (otro depredador). Existe un punto en el cual el estrés puede ayudarnos a incrementar nuestra productividad y producir nuestros mejores resultados, y un punto después del cual comienza a entorpecer nuestro desempeño. Esto es conocido como la Ley de Yerkes Dodson, o la U Invertida del Desempeño. Esta ley establece que el desempeño se incrementa a través del estímulo mental o psicológico (es decir, del estrés), pero sólo hasta cierto punto, después del cual el desempeño comienza a decaer.

La U Invertida del Desempeño

De acuerdo con el modelo propuesto por la ley de Yerkes Dodson, el punto máximo de desempeño se logra cuando una persona experimenta un nivel moderado de presión. En los puntos donde hay poco estrés o demasiado estrés, el desempeño decae, inclusive severamente.

El lado izquierdo del gráfico muestra aquellos escenarios en los cuales las personas están poco estimuladas o en su "zona de confort": no se ven motivadas a esforzarse, y en consecuencia están en riesgo de llevar a cabo su trabajo de manera descuidada y perezosa.

El punto medio del gráfico muestra la zona de máxima efectividad, donde la persona está suficientemente motivada para esforzarse, pero no demasiado sobrecargada. Según los estudios llevados a cabo por Mihály Csíkszentmihályi, quien desarrolló el concepto de "flujo", para que las personas alcancen este estado de máximo desempeño deben estar en una situación en la que se les exija ligeramente por encima de sus capacidades: no por debajo, donde están cómodos, ni demasiado por encima, donde no son capaces de alcanzar las metas.

El lado derecho del gráfico muestra cuándo las personas comienzan a desbaratarse bajo el exceso de presión. El estrés los abruma y entran en estados relacionados al pánico.

estrés
Aaahhh!!! por Evil Erin bajo licencia CC BY 2.0.

Ahora bien, la manera en la que las personas se desempeñan y el nivel de presión que pueden soportar depende de diversos factores, entre ellos, sus habilidades, la complejidad de la tarea, la personalidad y la tolerancia a la ansiedad de la persona, y el tipo de desempeño requerido. Diferentes tareas requieren diferentes niveles de estímulo, de modo que las tareas mecánicas o que requieren persistencia pueden desempeñarse mejor con altos niveles de estrés, mientras que las tareas creativas toleran sólo niveles bajos, ya que la creatividad decae rápidamente cuando la presión se eleva.

Independientemente de cuánta presión toleres para alcanzar tu nivel de estrés óptimo, el eustrés es fácil de reconocer: es el punto entre sentirte ansioso, corriendo de un lado a otro, y sentirte deprimido o poco motivado. En la zona de estrés óptimo, tienes energía y enfoque, y te sientes con capacidad de enfrentar los retos que se presentan ante ti.