¿Cómo funciona nuestro cerebro? Inside Out nos permite realizar un viaje fascinante a su interior, ya que la nueva película de Pixar explica de forma metafórica el funcionamiento de regiones como el hipocampo o el papel que juegan las emociones en la toma de decisiones.

La obra dirigida por Peter Docter no sólo es capaz de hilar un guión sumamente atractivo y ameno para los más pequeños, sino que su trama guarda guiños y metáforas que sólo entenderá el público adulto. No en vano Pixar contó con la asesoría de científicos como Paul Ekman, profesor emérito de psicología en la Universidad de California (Berkeley) y especialista en el estudio de las emociones.

A lo largo de la película, vamos descubriendo las metáforas que Inside Out utiliza para descubrir diferentes partes de nuestro cerebro. De esta manera vemos cómo la pequeña Riley va guardando "bolas de recuerdos" en grandes estanterías, como si de nuestro hipocampo se tratara. Lo mismo ocurre con ideas tan originales como las islas de la personalidad o el panel de control de las emociones.

Los estudios de la Casa Amarilla

El efecto Bouba Kiki fue descrito por primera vez por el psicólogo alemán Wolfgang KöhlerLo que tal vez pocos sepan es que Inside Out realiza un genial guiño a la isla de Tenerife en la escena del túnel de pensamiento abstracto. En su larga travesía hacia el panel de las emociones, Alegría (Joy), Tristeza (Sadness) y Bing Bong atraviesan un rincón de la mente que les convierte en simples formas geométricas bidimensionales. La metáfora empleada se refiere al razonamiento abstracto, una habilidad dirigida por la corteza prefrontal del cerebro.

Quienes hayan visto la película sabrán que el personaje de Alegría se ve reducido a una forma puntiaguda, mientras que Tristeza adopta una geometría más bien redondeada. La idea de Pixar guarda una curiosa similitud con el efecto Bouba Kiki, descrito por el psicólogo alemán Wolfgang Köhler tras unos experimentos llevados a cabo en la Casa Amarilla de Tenerife en 1929.

Efecto Bouba Kiki
La Casa Amarilla fue declarada Bien de Interés Cultural en 2005, aunque corre serio peligro de desaparecer. Fuente: Freakyman (Wikimedia)

El trabajo de Köhler marcó un punto de inflexión en la historia de la psicología, la neurociencia o la primatología. Sus experimentos consiguieron también responder preguntas clave en lingüística, como por ejemplo ¿por qué utilizamos el término "rosa" para referirnos a un tipo determinado de flor? Los estudios clásicos explicaban que el lenguaje se caracterizaba por ser un sistema completamente arbitrario, en el que no existía relación alguna entre el significante (la palabra hablada) y el significado (el objeto al que nos referimos).Los experimentos realizados en Tenerife demostraron que el lenguaje no era un sistema arbitrario

Sin embargo, como explican desde la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, esta concepción comenzó a cambiar a partir de 1922. En esa fecha, Jespersen planteó una hipótesis en contra de la arbitrariedad del lenguaje. Según este lingüista y filósofo danés, sí que había una relación -por pequeña que fuera- entre las palabras con las que hablamos y los objetos a los que éstas se refieren. Para demostrarlo, sugirió que la mayor parte de las lenguas utilizaban vocales anteriores altas (/i/) para objetos pequeños, agudos y altos, mientras que vocales posteriores (/o/, /u/) eran empleadas para denominar a objetos grandes, redondos y bajos.

¿Era cierta la hipótesis de Jespersen? Con el objetivo de comprobar su veracidad, Wolfgang Köhler, director de la Estación de Antropoides de Tenerife, llevó a cabo un simple experimento con nativos de la isla. El estudio consistía en presentar a una persona dos objetos, uno con forma puntiaguda y otro con apariencia redondeada. La mayor parte de los voluntarios asociaban el término "takete" al primer dibujo, mientras que elegían "maluma" para referirse al objeto redondeado.

Efecto Bouba Kiki
La mayoría de personas asociaban las formas picudas con el término "takete", mientras que utilizaban "maluma" para referirse a un objeto redondeado. Fuente: Facultad de Psicología, Universidad de Granada

Las conclusiones de Köhler no eran fruto del azar. En 2008, Oberman y Ramachandran replicaron el estudio realizado en Tenerife, cambiando los términos de "takete" y "maluma" por los de "kiki" y "bouba", respectivamente. Los investigadores hicieron el mismo experimento de la Casa Amarilla con dos grupos de voluntarios: el primero estaría compuesto por personas sin ningún tipo de trastorno, mientras que el segundo comprendería a individuos con autismo.

Al obtener los resultados, Oberman y Ramachandran vieron que en la población sin problemas neurológicos, más del 90% de los voluntarios asociaban el concepto "bouba" con la forma redondeada, relacionando el término "kiki" con el objeto puntiaguado. Sorprendentemente, en el estudio con personas afectadas por el trastorno del espectro autista, sólo el 60% de los participantes realizaba esa asociación. Investigaciones posteriores con niños menores de tres años también sugerían que nuestro cerebro es capaz de relacionar diferentes formas con palabras específicas a edades tempranas. El hoy conocido como efecto Bouba Kiki representa, según explican desde la Universidad de Granada, un ejemplo de "simbolismo fonético" o sinestesia.

Ciencia pionera en el olvido

Los trabajos realizados por Wolfgang Köhler en la Estación de Antropoides marcaron el devenir de muchos estudios posteriores. El guiño en Inside Out al efecto Bouba Kiki no hace sino rescatar del olvido una parte importante de la historia de la ciencia, hoy a punto de desaparecer. Y es que la Casa Amarilla, fundada en 1912 por la Academia Prusiana de las Ciencias, se encuentra en ruinas a pesar de haber sido declarada como Bien de Interés Cultural en 2005.

Cuando Köhler asumió la dirección del centro en 1913, no imaginaba que un gran conflicto bélico estaba a punto de asolar Europa, y frenar también sus investigaciones. Con el estallido de la I Guerra Mundial, muchos acusaron al científico de espionaje al servicio de Alemania. El transporte marítimo se paralizaría y la financiación del centro se vería seriamente comprometida.

Efecto Bouba Kiki
Kurt Köhler (Wikimedia)

Después del traslado de la Casa Amarilla a la Finca del Ciprés, el posterior presidente de la Asociación Americana de Psicología continuó trabajando en las Islas Canarias. Además de sus experimentos sobre el lenguaje y el efecto Bouba Kiki, Köhler siguió investigando en primates, unos estudios que cristalizarían posteriormente en la publicación de The Mentality of Apes. Esta obra fue la primera gran demostración de que los primates no humanos tienen procesos cognitivos superiores como la toma de decisiones o el razonamiento.

Tenerife se convertiría así en la sede del primer centro de investigaciones primatológicas del mundo. Hoy los restos de aquellos trabajos, a pesar de su vital importancia en psicología comparada, biología o lingüística, permanecen escondidos entre las ruinas de la Casa Amarilla. Sólo Inside Out ha rescatado del olvido a las formas puntiagudas y redondeadas del efecto Bouba Kiki, dibujadas un día por Köhler para enseñarnos cómo funciona nuestro cerebro.