Mis antepasados paternos provienen de un pueblo diminuto en las entrañas de Castilla en el que no hace muchos años todavía se practicaban aberraciones durante las fiestas patronales. Aberraciones tales como decapitar una ardilla para el goce de los asistentes, que acompañaban a otros pueblos de toda España y sus formas de celebrar que durante esos días el santoral coincidía con el patrón de su pueblo. Como el peropalo de Villanueva de la Vera, el Antzar Eguna (día del ganso) en Lekeitio, o los patos de Sagunto, por dar unos ejemplos rápidos. Todos comparten la devoción por maltratar animales únicamente por diversión y amparándose en la tradición. Bueno, yo me sé de un pueblo murciano en el que echaban a rodar ladera abajo a los forasteros que se ligaran a mozas del pueblo durante las fiestas patronales. Ladera llena de higos chumbos con púas de un palmo. Era tradición, pero lo acabaron dejando de hacer, aunque fuese por el "qué dirán".

Lo mismo puede aplicar a los festejos donde se torturan animales por diversión. La "tradición" no puede sostener de ninguna manera atrocidades como tirar una cabra desde un campanario, incendiar las astas de un toro y poner a medio pueblo en una plaza a pegarle puñetazos y estresarle, o soltar cuatro cerdos untados de grasa por el pueblo y dejar que los adolescentes los atrapen vía "todo vale". Lo peor quizás es cuando la tradición a su vez se ampara en el clero, en la religión, capaz de aducir que una cabra es un símbolo satánico o no sé qué tonterías más.

Pues bueno, por suerte muchas de estas fiestas han ido prohibiéndose de forma progresiva, o han dejado de practicarse. Por la vía legal o simplemente por la presión cada vez mayor de colectivos que defienden los derechos de los animales. Siguen quedando tareas pendientes, por supuesto. Como el vergonzoso Toro de la Vega de Tordesillas. No obstante, hay una fiesta donde se maltratan animales en la que por algún motivo la crítica nunca ha tomado una dimensión equiparable a la que han recibido otros "festejos". Es la que empieza hoy: San Fermín.

 AFP / Pedro Armestre
AFP / Pedro Armestre

Quizás por su carácter internacional, o quizás porque lo que se ve en la TV no nos da para pensar en el sufrimiento que conlleva, San Fermín nunca ha recibido críticas en la misma proporción que las antes citadas. Sí existen algunos movimientos de protesta, y el PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal) ha realizado algunas acciones desde hace unos años, como el . Este mismo año AnimaNaturalis y PETA han protestado de esta forma, con el lema "Pamplona se tiñe de sangre".

¿Sufren los toros en San Fermín?

Puede sonar a obviedad, pero es decepcionante comprobar cómo todavía hoy, para demasiados, San Fermín sólo es una jovial carrera desde la cuesta de Santo Domingo hasta la plaza de toros. Bueno, cada año mueren en torno a 50 toros ejecutados por un verdugo que les atraviesa en repetidas ocasiones. En 2015 serán 48 para cuando acabe la "semana grande". Durante el recorrido hasta la plaza, los toros sufren numerosas caídas, golpes y encontronazos que se suelen saldar con dolorosos hematomas y huesos rotos.

En otros muchos pueblos de España, las fiestas populares, por tradicionales y católicas que fueran, se han terminado adaptando para continuar con el festejo renunciando al maltrato animal. Me pregunto si no será hora ya de que Pamplona asimile que no es imprescindible para sus fiestas que los animales sufran y acaben siendo ejecutados.

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