Con la creciente expansión del smartphone como dispositivo básico y esencial, hemos ido apreciando un aumento en las exigencias de los usuarios. Generación tras generación, el público ha ido demandando más potencia, mejores cámaras, mejores diseños y mayor independencia del cargador. Los fabricantes, en mayor o menor medida, han ido satisfaciendo esas necesidades de forma progresiva. Y para lograrlo, una de las claves ha sido la renuncia a las baterías extraíbles, presentes en la gran mayoría de dispositivos electrónicos casi desde sus orígenes.

Este rechazo a las baterías extraíbles fue una decisión muy criticada en su momento. Cambiaba parcialmente el paradigma y el concepto que teníamos de smartphone. Algunos hábitos populares se rompían por completo –como llevar una segunda batería en el bolsillo–. Pero, paralelamente, se abría la puerta a un mundo mejor. Y es que la renuncia a las baterías extraíbles permitió a los fabricantes avanzar de una forma más rápida en diversos ámbitos:

  • Resistencia. Eliminar la batería extraíble implica también la eliminación de la cubierta posterior y de las numerosas pestañas de fijación. En su lugar se emplea un chasis de una sola pieza, el cual, al carecer de partes frágiles (como las pestañas) y de piezas móviles (como la tapa trasera), aporta un extra de resistencia a golpes.

  • Batería. Una batería extraíble ocupa un espacio determinado. Si eliminamos esta y optamos por un chasis de una pieza sin batería extraíble, conseguimos unos centímetros extra que pueden ser empleados en aumentar la capacidad de la batería. Eso podemos verlo perfectamente en varios modelos como el Huawei P8.

  • Menor grosor. Con la eliminación de piezas y partes móviles, se consigue reducir las dimensiones totales del dispositivo, logrando smartphones más delgados y ligeros.

  • Estética. Un dispositivo sin uniones ni saltos a lo largo de su superficie puede llegar a ser infinitamente más atractivo estéticamente. Con la eliminación de las baterías extraíbles, nuevamente, se puede recurrir a un chasis unibody que carezca de esas imperfecciones.

  • Certificaciones IP a polvo y agua. ¿Es posible hacer un smartphone resistente al agua con batería extraíble? Por supuesto. ¿Es el resultado el mismo? En absoluto. Al desechar las baterías extraíbles, se reducen las posibles entradas de agua y polvo y se facilita la obtención de una certificación IPXX.

  • Más y mejores componentes. Siguiendo el mismo camino, el rechazo a las baterías extraíbles permite redistribuir el interior del terminal de forma diferente, lo que permite incorporar más y mejores componentes (como sensores fotográficos más grandes o nuevos chips específicos).

Como ven, la despedida a las baterías extraíbles abre diversas puertas que, de otra forma, sería mucho más difícil de abrir. El paso del tiempo ha ido demostrando que ese es el camino que la industria debe seguir. Y muy pronto, aquellos consumidores que aun siguen apostando por las baterías extraíbles, acabarán cediendo a la nueva tendencia.

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