Grandes noticias para la Agencia Espacial Europea. El módulo Philae, que protagonizó un histórico aterrizaje sobre el cometa 67P el pasado mes de noviembre, ha despertado de su larga hibernación.

Siete meses después del éxito de la misión Rosetta, el despertar de Philae se ha anunciado desde su propia cuenta de Twitter. Su despertar ha sido posible gracias a la aproximación a una zona del espacio donde recibe luz solar, con la que ha podido recargar las baterías agotadas en noviembre:

Tal y como han confirmado desde la Agencia Espacial Europea, las primeras señales de Philae fueron recibidas en el centro de Darmstadt a las 22:28 CEST del 13 de junio. En las últimas horas, los científicos del Lander Control Center se han dedicado a analizar los datos, confirmando que el módulo opera a una temperatura de -35ºC y cuenta con 24 Watts disponibles. Pero todavía deben examinar los más de 8.000 paquetes de información enviados por Philae, que nos permitirán conocer cómo ha sido su viaje sobre el cometa 67P y los instantes posteriores a su despertar.

Y es que el aterrizaje de Philae sobre el cometa 67P fue realmente complicado. Los investigadores apuntaron en aquel momento que el módulo en realidad había aterrizado tres veces, debido a que los arpones de anclaje no funcionaron correctamente. Esto provocó que sólo pudiera depositarse sobre la superficie del cometa, sin sujetarse de manera adecuada.

Además, Philae parecía estar ladeado sobre una zona en la que no recibía la suficiente luz solar para recargar sus baterías. Durante las sesenta horas que éstas duraron, sin embargo, pudo enviar espectaculares fotografías del cometa 67P. El despertar del módulo nos permite imaginar que en las próximas horas recuperará parte de su actividad, como también han indicado desde la cuenta de la misión Rosetta:

En los últimos siete meses, por su parte, Rosetta ha continuado con su actividad de escolta del cometa, en su viaje hacie el perihelio solar. Pero como si de una "bella durmiente" se tratara, el módulo Philae ha recibido el beso en forma de rayos solares, lo que permitirá complementar el trabajo que se realiza desde la propia sonda de Rosetta.