Los dispositivos de la gama Nexus de Google, desde su nacimiento con el Nexus One, fueron concebidos como terminales para desarrolladores. Con ellos, sería posible desarrollar aplicaciones más fácilmente para Android, gracias a poder acceder más fácilmente a los cambios del sistema. Pero además de eso, los Nexus siempre han sido dispositivos ejemplares. ¿Qué quiere decir eso? Tanto con el hardware como con el software, Google busca enviar un mensaje a los fabricantes. Un Nexus es la base desde la que debe partir un smartphone o tablet de gama media-alta en Android. Con ello se buscaba garantizar que el público, pese a tener versiones modificadas de Android, tuviera una experiencia homogénea y buena de base.

Pero no, eso ya no es así. No desde mi punto de vista. La primera prueba de ello es el soporte de la Nexus 9. Recordemos, la Nexus 9 fue presentada junto al Nexus 6 en octubre, por lo que es la tablet más reciente que encontramos en la familia. No sólo eso, es un dispositivo que llegó con Android 5.0 Lollipop y además es bastante potente. Por ello es de esperar que sea uno de los dispositivos que más rápido reciben las actualizaciones -aunque siendo francos, ojalá las recibieran todos a las vez-. Pero no, no es de los primeros, más bien es de los últimos. Y hasta esta semana no ha recibido su actualización a Android 5.0.2, una versión de diciembre.

¿Dónde está Android 5.1 ó 5.1.1, la versión que corrige muchos bugs y ofrece más velocidad, liberada hace un mes? No se sabe. Y como digo, hablamos de terminales que deben ser ejemplares, y ya no son precisamente baratos como para buscar excusas de tipo económico. ¿Cómo pretende Google que los OEMs que usan Android mejoren los plazos de actualización? Lanzan un sistema en estado muy verde, y ni siquiera se dan prisa en actualizar sus dispositivos.

Al hilo de lo último, también han dejado de ser ejemplares en software. El Android que Google entregaba con los Nexus, es decir, es más cercano conocido al Android abierto (AOSP), nunca se ha caracterizado por integrar muchas novedades de versión en versión, como si han hecho las capas de personalización. Pero aun así, mucha gente prefería el sistema más puro, ya que con él se garantizaba una fluidez -caso del Nexus 4 o del Nexus 5- con la que otros ni soñaban. Pero una mala implementación de la encriptación de Lollipop ha hecho que, al menos en las primeras versiones, el Nexus 6 tuviera algo de lag, y su hardware seguía siendo el más potente.

Todo esto lleva a que, unido al incremento de precios, el público sienta cada vez más desafección, y frente a las ventajas del sistema limpio, prefiera otras opciones, que aunque no han mejorado, sí se han acercado más a los Nexus, sobre todo por demérito de Google. Una pena, pues para muchos, Nexus siempre fue equivalente a Android. Adiós, Nexus.

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