Luego de siete temporadas y casi ocho años desde que se estrenara en la cadena de televisión AMC, la historia de Don Draper y compañía concluye. Mad Men fue desde un inicio una serie casi de culto para sus seguidores, fue aclamada por la critica y recibida cada vez mejor por la audiencia, y por supuesto elevó a Matthew Weiner a la categoría de genio televisivo de esos que ocurren pocas veces en la vida.

Mad Men fue una serie bastante excéntrica, interpretaciones del significado de sus capítulos han recorrido Internet como una avalancha desde el primer episodio, y cada guión tiene tantas metáforas que parece que los escritores estaban en un viaje LSD cuando se les ocurrieron esas cosas. Saber exactamente que estaba pasando en Mad Men siempre fue un reto para mi, lo intrincado de las tramas que a veces parecían tratarse sobre nada, te hacen detenerte a pensar si tal vez el show y su público fiel no se están engañando con la idea de que todo tiene un gran significado oculto sobre la vida y que quizás sea demasiado engreído para una simple serie de TV subirse a un pedestal y mirar desde arriba al resto de la televisión sabiendo que en ningún otro programa tienen tanta profundidad. Pero Mad Men es una genialidad de serie, aún cuando ni siquiera hagas el intento de analizarla.

Bye Bye Birdie

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El final de Mad Men me ha resultado increíblemente satisfactorio, y debo decir que pocas series han encontrado resolución de una manera tan elegante a pesar de haberse salido bastante de la linea que fue constante durante toda la historia: la miseria de sus personajes. Los últimos dos capítulos le dan cierre a todo de una forma bastante impecable, y la última escena es al menos para mi la confirmación final que necesitaba de que todo Mad Men se trata sobre la búsqueda de la felicidad.

Para un show que me hizo sentir sumamente triste durante siete temporadas, el final me hizo bastante feliz.

Tal vez podríamos pensar que es Betty quien tiene el peor final, pero si analizamos al personaje, Birdie siempre tuvo miedo a dejar de ser hermosa y deteriorarse, la carta que deja a Sally contiene en su mayoría instrucciones para asegurarse que aún en el último momento en el que su cuerpo esté presente en la tierra deberá lucir impecable. Podríamos pensar que morir de una enfermedad que le quite la vida sin piedad en unos pocos meses, es un alivio para Betty, pues será recordada en su mejor forma, no envejecerá ni se arrugará y nadie la va a ver así nunca.

Joan, Peggy, Pete, y Roger parecen finalmente estar donde quieren estar, felices con lo que tienen. Pete finalmente volvió a su familia como un hombre que parece haber madurado con el tiempo. Joan simplemente está haciendo lo que quiere hacer y sin dejar que nadie nunca más afecte las decisiones que toma, mucho menos otro hombre. Me sorprendió que Peggy no hubiese dicho si a la propuesta de Joan, pero esa declaración final de amor entre ella y Stan fue tan perfecta que sabes que Peggy está donde quiere estar. Roger se va a casar de nuevo, con otra mujer loca, eso siempre ha parecido hacerlo feliz. Ah, y Ken parece estar disfrutando lo mejor de su vida con el ojo que le queda.

La publicidad

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¡Es una máquina del tiempo!

El objetivo principal de toda la publicidad en este mundo es vendernos la idea de que un producto nos hará felices. Don, aunque increíblemente bueno haciendo esto, se pasa toda su vida sin saber qué lo hace feliz a él. Es claro que Don nunca ha sabido como amar a nadie, ni tampoco ha sabido como dejarse amar, es el tipo más infeliz que puedes conseguir, pero es un genio vendiendo felicidad a los demás en forma de comercial o lema publicitario.

Mad Men: dícese de hombres que nunca han sido felices vendiendo felicidad a los demás.

Este es el tema recurrente en Mad Men, durante 92 episodios vemos a absolutamente todos los personajes intentar encontrar la felicidad, y a todos fracasando estrepitosamente. Mad Men es posiblemente la serie con más personas infelices que he visto en mi vida. En Mad Men nadie ha aprendido a amar ni a ser amado, nadie sabe qué es lo que les hace felices, pero todos están en el negocio de vender la felicidad.

Don, Peggy, Joan, Pete, y Roger son todos parte del grupo principal que se ve en la necesidad de armar y rearmar el negocio y sus vidas varias veces en busca de satisfacción. Tal vez sea por eso que el final me hace tan feliz, pues aunque quizás no les dure para siempre, en esos dos últimos capítulos estas personas parecen haber madurado lo suficiente como para tomar las decisiones que necesitaban tomar para aprender a ser felices con lo que tienen. La historia en Mad Men se construye lo suficientemente bien como para que estos "repentinos" cambios de actitud tengan sentido, porque en realidad el personaje no está cambiando su naturaleza, simplemente está tomando una decisión y finalmente las riendas de su vida... el mejor camino posible para ser feliz.

¿Y después?

Las últimas escenas de Mad Men son reclamadas por un iconico comercial de Coca Cola que se lanzó en 1971. Sí, es un comercial de verdad, y de hecho fue producido por McCann's en la vida real. Mucho se ha especulado sobre si esto significa que Don regresa a New York con una nueva gran idea y termina creando este comercial para Coca Cola.

Varias cosas podrían apuntar a esto: la conversación con Peggy "¿no quieres trabajar en Coca Cola?", esa última sonrisa de Don mientras dice "ohm" (¿idea?), y el vestuario de la recepcionista en el retiro hippie es idéntico al de una de las mujeres que aparecen en el comercial original.

donald draper

Eso, o simplemente es otra metáfora sobre comprar felicidad.