Uno de los asuntos que siempre giran en torno a los análisis de los sistemas operativos, y particularmente de los móviles, es la adopción. Con ella medimos el ritmo al que una nueva versión de sistema operativo va llegando al número total de teléfonos con dicho sistema, y se mide en porcentajes sobre el período. Lo típico es denunciar que el grado de adopción en Android siempre es menor. Y objetivamente, está muy por debajo del que consigue Windows Phone o iOS, ya que el número de pasos que los fabricantes tienen que dar hasta que pueden enviar la versión a los terminales es mucho mayor, aunque de eso ya hemos hablado en otras ocasiones.

Ayer mismo comenté el caso de la Nexus 9, y para mí, tener mi terminal actualizado es importante, porque suelo apreciar las últimas novedades. Pero hay que asumir que, en mercados como el español, con una penetración tan alta del smartphone frente al dumbphone, importan más otros factores que las funciones del sistema operativo. Tenemos que ampliar miras y ver que no somos el centro del mundo. Ese es un factor que hace "irrelevante" que los smartphones con Android se actualicen. Veamos otros dos más.

El soporte de los desarrollares a las apps

Jan Dawson. Como vemos, las versiones de Android no consiguen llegar muy alto antes de que se lance la siguiente.

En este caso vivimos la pescadilla que se muerde la cola. Como un nuevo sistema operativo en Android tiene un crecimiento muy lento en cuanto a adopción, y el anterior probablemente no ha llegado ni incluso a un 50% de la base de teléfonos cuando el nuevo es lanzado, los desarrolladores optan por mantener las aplicaciones muy bien optimizadas para 3 o incluso 4 versiones del sistema operativo, por lo que los usuarios no sufrirán demasiado la pérdida de funciones. Muchas aplicaciones incluso llegan a sistemas "viejos" con muchas novedades visuales de nuevas guías de diseño.

Ocurre en Kit Kat con apps Material, y es que aunque la barra de estado no se colorea, si que se reciben botones flotantes, algunas animaciones, etc. En ArsTechnica repasaron lo usable que sigue siendo un sistema como Gingerbread hoy en día, gracias a que Google lo sigue soportando a nivel de muchas APIs y apps.

Jan Dawson. Aquí vemos que merece mucho la pena que el desarrollador dé soporte a las versiones más extendidas, aunque no sean las últimas.

El largo soporte del sistema

En este ejemplo de Ars Technica podemos ver como en un mismo sistema operativo (2.3) hay un avance enorme en más de 4 años.

Cuando Google lanzó los Play Services, comenzó a "limpiar" el núcleo de aplicaciones del sistema, sacándolas de AOSP y llevándolas al Play Store como apps privativas, algo que muchos equipararon a cerrar Android. Por ello, se criticó mucho y duramente a los de Mountain View. Pero a la larga, es lo que ha permitido que la fragmentación práctica cada vez sea menor en el sentido de lo que un usuario puede disfrutar en sistemas anteriores respecto al último.

De hecho, muchísimas aplicaciones que cuentan con funcionalidades relativamente recientes, tienen soporte desde Android 4.1 Jelly Bean, que, recordemos, cumple este verano 3 años. Otros, como WhatsApp, sólo requieren 2.1 Eclair, que tiene ya 5 años. Por ello opino, que, pese a todo, muchos usuarios que no le exijan demasiado al smartphone pueden sobrevivir con modelos antiguos más años de la media.

Conclusión

Todos deseamos que nuestro terminal esté actualizado a la última versión, y los desarrolladores también desearían tener toda la base de usuarios con el último sistema disponible, pero aunque no es así, existe mucha flexibilidad en Android, que pese a no deberse a causas ideales sino obligadas y artificiales, sí logra hacer que terminales muy antiguos u otros desactualizados, tengan una larga vida. No excusa a los fabricantes, pero el remedio no defrauda.

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