Fuente.

Decir que la II guerra mundial fue uno de los períodos más oscuros de la historia de la humanidad es quedarse corto en ocasiones. Durante los más de cinco años de conflicto, han surgido numerosas historias de interés en ambos bandos del conflicto, así como lo bueno o lo malo que puedo llegar a ser el ser humano. Afortunadamente, hoy trataremos uno de los primeros, hablando de Chiune Sugihara, un diplomático japonés conocido más bien por su apodo, el Schindler japonés, en referencia al empresario alemán que salvó a 1200 judíos durante la II guerra mundial.

Nacido el 1 de enero de 1900 en Yaotsu, un área rural de la prefectura de Gifu, dentro de la región de Chūbu en Japón, Chiune Sugihara fue criado junto con cinco hermanos por su padre Yoshimizu Sugihara y su madre Yatsu Sugihara, de la case media y samurái respectivamente. Muy inteligente desde joven, Chiune se graduó con honores en la escuela de Furuwatari y la escuela secundaria Nagoya Daigo Chugaku, por lo que su padre Yoshimizu esperaba que siguiera sus pasos estudiando medicina. Sin embargo, Chiune suspendió a propósito el examen de entrada a la universidad escribiendo solamente el nombre en el examen, ya que lo que quería y le apasionaba era la literatura inglesa, título que obtuvo en la universidad de Waseda.

Fuente." width="610" height="475" class="size-large wp-image-341883" /> Ōkuma Memorial Hall, uno de los edificios de la universidad de Waseda. Fuente.

No sólo apasionado por la lengua inglesa, estudió ruso y alemán tras aprobar en 1919 la solicitud para entrar en el Ministerio japonés de Asuntos Exteriores. Especialmente útil le fue el idioma ruso, ya que le permitió involucrarse en las negociaciones con la Unión Soviética para el ferrocarril de Manchuria, cerca de Harbin, su primer destino como enviado del Ministerio de Asuntos Exteriores y que dejó tras ver los maltratos de los japoneses a los chinos locales (recordemos por aquel entonces que Manchuria estaba bajo control japonés, y así se mantuvo hasta el final de la segunda guerra mundial).

Tras dejar Manchuria y divorciarse de su primera esposa, Klaudia Semionovna Apollonova, volvió a Japón en 1935 ya convertido al cristianismo ortodoxo, fe que sería vital para lo que haría en el futuro conflicto. Una vez en Japón, conoció a la que sería su esposa hasta el fallecimiento de Chiune Sugihara en 1986, Yukiko Sugihara (Kikuchi como apellido de soltera) con la que tuvo cuatro hijos: Hiroki, Chiaki, Haruki y Nobuki.

Fuente." width="610" height="456" class="size-large wp-image-341881" /> La familia Sugihara, al completo. Fuente.

En 1939, poco antes del inicio de la II guerra mundial, se convirtió en vicecónsul del consulado japonés en Kaunas, Lituania. Además de cumplir con las labores típicas de un ministerio en territorio extranjero, el gobierno japonés le ordenó divulgar movimientos de tropas soviéticas y alemanas, algo rutinario en aquellos tiempos tan convulsos. Sin embargo, tras ser capturada Lituania por la Unión Soviética en 1940, muchos refugiados judíos provenientes de Polonia así como aquellos judíos de Lituania intentaron adquirir visados de salida de cualquier gobierno que estuviera dispuestos a dárselos: la situación era desesperada y pensaban que era cuestión de tiempo que Lituania fuera invadida por los alemanes o que fueran deportados por los propios soviéticos.

Uno de los consulados que intentaron los numerosos refugiados fue el consulado de Japón y Los centenares de refugiados fueron al consulado japonés en Kaunas, intentando conseguir un visado a Japón. Desgraciadamente, el gobierno japonés había adoptado una postura neutral hacia los judíos, pero exigió que los visados fueran expedidos solamente a los que hubieran cumplido con los procedimientos apropiados de inmigración y tuviesen abundantes fondos, a diferencia del cónsul holandés Jan Zwartendijk, otro valeroso cónsul que salvó a numerosos judíos, sin importar su procedencia y riquezas.

Fuente." width="610" height="422" class="size-large wp-image-341886" /> Refugiados judíos esperando por visados en la embajada en Kaunas. Fuente.

Como era lógico, la mayoría de los refugiados no satisfacían estos criterios. Sugihara contactó tres veces con el ministerio japonés de asuntos exteriores para recibir instrucciones, y todas las veces el ministerio respondió lo mismo: cualquiera que recibiera un visado debía tener visado hacia un tercer destino para salir de Japón, sin excepciones. Es decir, que Japón sería sólo un destino de paso para un destino a un tercer país indeterminado, algo que complicaba aún más la huida de los refugiados, ya que implicaba que otro país se involucrara directamente en el asunto.

Sin embargo, tras consultar con su esposa sobre qué debía hacer, y haciendo caso omiso lo que su propio gobierno le había ordenado, Chiune Sugihara comenzó por iniciativa propia el 31 de julio de 1940 a expedir visados válidos por diez días de tránsito a través de Japón, ignorando en repetidas ocasiones los requisitos necesarios. Para que pudieran llegar hasta Japón, Sugihara habló con funcionarios soviéticos que permitieron que los refugiados viajaran con el ferrocarril transiberiano hasta territorio nipón, siempre y cuando estos pagaran un billete que valía cinco veces el precio estándar.

Fuente." width="610" height="460" class="size-large wp-image-341876" /> Uno de los visados expedidos por Sugihara en 1940. Fuente.

Mientras, Sugihara continuó escribiendo a mano los visados pasando entre 18 y 20 horas al día en ellos y produciendo un valor normal de un mes de visados cada día, hasta el 4 de septiembre de 1940 cuando tuvo que dejar su puesto antes de que el consulado fuera cerrado. De hecho, el día que Sugihara y su familia se marchaba de Lituania, Chiune y su esposa seguían preparando visados a toda prisa, sellando hojas en blanco y firmando para que fueran rellenados después por los refugiados. Las cifras varían dependiendo a qué fuente acudamos, pero las estimaciones de refugiados salvados varían entre 6000 y 10000 personas ya que muchos visados, a pesar de ser individuales, se extendían al resto de miembros de una misma familia.

Tras Lituania, Sugihara fue reasignado a Berlín antes de servir como cónsul general en Praga, Checoslovaquia, en Königsberg y, finalmente, en la legación de Bucarest, Rumania. Este fue el último destino durante la guerra de Sugihara ya que, cuando el Ejército Rojo entró en Rumania, las tropas soviéticas encarcelaron a Sugihara y a su familia en un campo de prisioneros de guerra durante 18 meses, siendo liberados en 1946. La familia Sugihara volvió a Japón a través de la Unión Soviética vía el ferrocarril transiberiano (el mismo que los refugiados cogieron) y el puerto de Nakhodka.

Fuente." width="610" height="458" class="size-large wp-image-341877" /> Monumento de Chiune Sugihara en la ciudad de Yaotsu, Japón. Fuente.

Tras regresar en 1947, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón le pidió a Chiune Sugihara que renunciara a su cargo diplomático. Esta renuncia sigue siendo objeto de controversia a día de hoy ya que mientras que algunas fuentes, incluyendo su esposa, afirman que Sugihara fue despedido debido al incidente en Lituania, el propio gobierno japonés mostró en 2006 un documento en el que se afirma que Sugihara no sufrió ninguna acción disciplinaria. Concretamente, el ministerio de Asuntos Exteriores estableció que Sugihara fue uno de muchos diplomáticos que dimitieron voluntariamente, posiblemente debido a recortes de personal (tengamos en cuenta que Japón había perdido la guerra y, con ello, toda el territorio ganado en los años previos).

Tras esto, Sugihara se mudó con su familia a la prefectura de Kanagawa, aunque poco tiempo después y aprovechando sus conocimientos de ruso, se fue a trabajar a la Unión Soviética durante 16 años, mientras que su familia se quedaba en Japón. En cuanto a sus logros por la humanidad, nunca alardeó de ello: en 1968, Jehoshua Nishri, el líder económico de la embajada israelí en Tokio y uno de los refugiados que Sugihara salvó finalmente le localizó y se pusieron en contacto con él, y en 1985 Chiune Sugihara recibió el honor de Justo entre las Naciones por el gobierno de Israel.

Fuente." width="610" height="435" class="size-large wp-image-341875" /> La viuda de Sugihara junto con el presidente de Lituania Valdas Adamkus. Fuente.

Como Sugihara estaba demasiado enfermo para viajar a Israel, su esposa e hijo aceptaron el honor en su favor, y toda la familia Sugihara recibió ciudadanía israelí de forma perpetua. Como ya hemos dicho, Sugihara nunca alardeó de lo que hizo por el pueblo judío ya que, a pesar de la publicidad dada en Israel y otras naciones, seguía siendo un ciudadano más en Japón, y solamente cuando una gran delegación judía alrededor del mundo, incluyendo el embajador israelí en Japón, se presentó a mostrar sus respetos en su entierro tras su muerte en julio de 1986, mostró a aquellos vecinos que había tenido toda su vida lo que había hecho durante la guerra.

Para finalizar, me gustaría dejarles una cita del propio Sugihara que dijo tras preguntarle por qué salvó a toda aquella gente, arriesgando su propia vida y la de su familia: "Lo hice simplemente porque me compadecía de esa gente. Ellos querían salir, y yo les proporcioné los visados". No creo que haga falta añadir más sobre este gran hombre.

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