Ori and the Blind Forest es el juego que llega para cambiar las plataformas con una puesta en escena espectacular y una jugabilidad y dificultad al nivel de su belleza. Es un juego difícil, pero a cambio nos ofrece unas cuantas horas de boca abierta con cada uno de los escenarios.El nuevo título de Moon Studios, primero en su clase para la compañía después del intento con Warsoup, es uno de los juegos más ambicioso que hemos visto de un desarrollador independiente este último año. Y es que el título apadrinado por Microsoft Studios, pese a tratarse efectivamente de un juego indie, esconde detrás de su exquisita puesta en escena todos los atributos de un juego triple A: el mimo puesto en cada detalle del juego, la banda sonora y el planteamiento del mismo lo convierten en una apuesta muy importante para Xbox One y PC (Steam mediante).

Por primera vez, con Ori and the Blind Forest he sentido que no estaba ante un título indie de bajo presupuesto. Y es que el hecho de Microsoft lo tuviese bien cuidado junto a sus triples A en este último E3 ya nos dejaba bien claro por dónde iban los tiros. Moon Studios ha hecho un trabajo increíble para ser su primera apuesta fuerte en el mercado, cada vez más difícil, de videojuegos.

Cuatro años de desarrollo en los que la gente de Moon Studio se han empapado de la influencia de juegos clásicos y cine de los 90s para hacer un juego para niños mayores. Ghibli, Miyazaki mediante, The Lion King, Super Metroid, Zelda: A Link to the Past o The Iron Giant son algunas de las influencias claramente marcadas en Ori and the Blind Forest. Pero también Limbo o Machinarium, cada uno dentro de sus contextos. En este sentido, si tengo que definir este juego con una sola sentencia lo tildaría como el juego de una infancia, en el que cada detalle y la ausencia de pantallas de cargas lo convierten además en la historia de un viaje en busca de la luz a través del bosque. Una historia de crecimiento, de mayoría de edad y de autodescubrimiento.

Ya desde la pantalla de título esas influencias de los animes japoneses de Miyazaki nos dan a entender que estamos ante un título totalmente diferente de los que nos tiene acostumbrado Microsoft. Cada nivel en el juego tiene su propia estética, su propio ambiente, que unido a la relativa falta de intromisiones por la ausencia de pantallas de carga o elementos en la interfaz del juego, hacen que nos adentremos y conectemos muy rápido con la historia del pequeño Ori por devolverle la belleza perdida al bosque.

Ori and the Blind Forest es un juego de plataformas en 2D que combina algunos elementos de RPG con el que disfrutar de cada detalle: el dibujado de los modelos, los colores, la banda sonora. Eso sí, no creamos que por su puesta en escena es un juego fácil. De hecho, ya en los primeros minutos, tras la pertinente puesta en situación del jugador, empiezan las primeras dificultades; no ya por la complejidad de las plataformas y los puzzles, sino por la existencia de enemigos a lo largo de nuestro viaje que nos podrán las cosas algo difíciles en nuestro camino para encontrar la luz.

Esta combinación de estética infantil y bien cuidada, unida a su relativa dificultad, convierten a Ori and the Blind Forest en uno de los juegos de plataformas más interesantes del catálogo de indies actual.En el juego controlamos a Ori, una especie de espíritu bebé que se pierde en el bosque y que es encontrado y rescatado por una criatura parecida a un oso (o a Totoro, si nos ponemos) que le cuida antes del desastre. En este momento, el Espíritu del árbol, el guardián del bosque, y el bosque sin sí mismo muere, y tendremos que guiar a Ori en un viaje para salvar nuestro bosque ahora muerto y llego de criaturas peligrosas.

A través de este planteamiento emocional, el juego nos cuenta una historia de paternidad y superación con una ausencia total de diálogo que suple un narrador de voz tenebrosa, lo que supone que en algunos momentos perdamos la conexión con la historia, pero que la música y los decorados ayudan a mantener intacta. No serán pocos los jugadores que rompan en lágrimas con la secuencia de inicio del juego (y con la final, pero para eso habrá que esperar).

Llegados a este punto sobra decir que lo primero que llama la atención de Ori and the Blind Forest es su apartado visual. No estamos ante un título con unos gráficos realistas en el que la iluminación y los shaders nos entrarán por los ojos como en otros títulos exclusivos de Xbox del estilo Ryse: Son of Rome. Ori es todo lo contrario.

Todos los elementos cada escenario son únicos y no se repiten en el resto de los nivelesEn este sentido, sus puntos fuertes son dos elementos que llaman la atención nada más coger el mando y empezar el juego, o incluso antes: el efecto 2D parallax del fondo respecto a los dibujados del primer plano y al personaje y, por otro lado, los elementos únicos en cada escenario que hacen que cada pantalla del juego sea única, pues no se repite ningún elemento a lo largo de todo juego; cada cosa que vemos a lo largo de este viaje de auto descubrimiento es única, algo que ya os contamos en nuestras primeras impresiones del juego.

No al azar la persona elegida por Moon estudios para crear parte de la experiencia del juego es Thomas Mahler. Cada detalle, desde los diseños de los personajes hasta los escenarios está cuidado con muchísimo mimo. Este cuidado en el detalle no solo se centra los elementos fijos de los escenarios, puesto que el resto de personajes y elementos del juego en movimiento como enemigos, planes o poderes, incluyendo los de nuestro pequeño protagonista, se combinan y fusionan con los elementos de primer plano y fondo creando espacios muy armónicos. Armonía que solo es alterada cuando aparece ese pequeño puzzle o esa plataforma que nos pone las cosas difíciles. Y es que como he dicho más arriba, Ori and the Blind Forest es un juego tan bonito como complicado.

Y es precisamente en esta dificultad de Ori and the Blind Forest en la que destaca un elemento muy interesante dentro de juego: Vínculo del alma una opción que nos permite guardar la partida en cualquier momento y en cualquier lugar dentro del juego como si de una acción más se tratase. Lógicamente, esa opción de guardado requiere de un poder que vamos recogiendo en el juego para poder ser recargada, pero no supone ningún problema. Además, la opción de guardar en cualquier lugar del juego nos permite hacerlo justo en ese momento el que nos encontramos, como por ejemplo en una fase que sabemos de antemano que va a ser complicada. Mi recomendación: salva siempre que puedas y, sobre todo, antes de cualquier puzzle complicado con elementos o enemigos de más en el mapa.

Lo cierto es que esta forma de salvado de la partida no la había visto en ningún otro juego, por lo que unido a la dificultad de algunas situaciones de este título se torna como una opción muy interesante y muy bien implementada en Ori, aunque en ocasiones se nos olvide que está ahí y nos encontremos en situaciones complicadas sin haber guardado hace un buen rato. Además de este sistema de guardado manual, el juego también guardará automáticamente en algunas fases, y nos dará opción a forzar guardo con la X del mando en algunos puntos concretos del mapa.

Por ello, en el desarrollo de la historia de Ori and the Blind Forest nos iremos dando cuenta que se trata de un juego de prueba y error. Pese a la facilidad a simple vista de los puzzle se torna bastante complicado en según que plataformas del juego, incluyendo en el primer escenario del mismo, algo que puede suponer un reto bastante complejo para los jugadores más ocasionales, pero que encantará a los jugadores que juegos clásicos como Metroid. Esta complejidad hace que en ocasiones te frustres demasiado cuando aparece esa plataforma a la que no eres capaz de llegar o esa planta que dispara demasiado rápido. Esto nos lleva situaciones en las que moriremos en el juego más veces que en muchos de los títulos más conocidos por su dificultad.

Los puzzles son complicados, pero la jugabilidad del juego está muy bien conseguida para no desesperarseNo en vano, los chicos de Moon Studio han puesto especial cuidado en el diseño de las plataformas y entornos. Los puzzles no son complicados, pero solucionarlos y alcanzar ciertas plataformas requerirá de la paciencia y de la habilidad del jugador a partes iguales. Necesitamos movimientos precisos, y es por ello que la ausencia de un boss al final de cada nivel no implica que no nos vaya a costar ir pasando las distintas fases del juego, que cada vez se pondrán más difíciles, sobre todo a la hora de escapar de una situación complicada.

Aquí es dónde entra el árbol de habilidades: duplicar el salto, más poder de disparo, mayor cantidad de salud disponible o poner marcadores en el mapa son algunas de las primeras habilidades que podremos desbloquear en Ori y que hará nuestro viaje más sencillo. A través de actualizaciones del personaje, desbloqueadas gracias a lo que hagamos a lo largo del juego, Ori empezará a tener más fuerza en el salto, en la vida y en la potencia de juego, algo que nos permitirá derrotar a los enemigos más fuertes y trepar hasta los sitios más altos y complicados.

Hay una amplia variedad de habilidades a nuestra disposición, pero también requiere que pensemos muy bien qué necesitamos en cada momento, pues antes de seleccionar un punto de habilidad el juego nos obligará a guardar la partida a través del sistema explicado anteriormente, por lo que no habrá vuelta atrás. Sein, el orbe sobre nuestra cabeza que nos acompaña en el juego, también tendrá mucho que decir en cuanto a potencia de juego de nuestro personaje, pero eso os dejaré que lo descubráis vosotros mismos.

Si se te dan un poco bien este tipo de juegos de plataformas complicadas, terminarás la campaña en unas siete horas de juego. Hay muchas opciones para hacer el juego más rico, pero una vez terminado, mucho me temo que no podremos re-jugarlo a no ser que queramos volver a completar la historia. De todas formas, el juegos nos ofrece una multitud de espacios de guardado para si queremos volver a empezarlo siempre podamos hacerlo.

Conclusión

Ori and the Blind Forest es la reinvención de las plataformas en 2D. Un título tan bonito como divertido que combina de forma magistral una alta dificultad con una exquisita jugabilidad. Todos los detalles, desde el dibujado de los escenarios con efecto parallax están cuidado al máximo detalle, dejando bien claro que los indies, como se ha demostrado en anteriores ocasiones, puede superar con creces a un juego triple A.

El añadido de elementos RPG y la variedad de plataformas, puzzles y elementos en el escenario es lo suficientemente amplia como para disfrutar con cada uno de los minutos del juego. Es complicado, sí, pero a cambio nos ofrece un derroche de calidad que echábamos mucho en falta en juegos de este tipo. Ahora solo falta que Ori and the Blind Forest sirva de inspiración para el resto de desarrolladores indie, demostrando que las cosas siempre se puede hacer mejor y, sobre todo, diferente. Hay mucho mercado para este tipo de juegos, y si le sumamos su precio, estoy seguro que se convertirá en todo un éxito.

Ori and the Blind Forest es uno de los juegos más recomendables de los que he jugado últimamente y justifica cada minuto su precio. Si te gustan los retos y quieres jugar a un plataformas que recoge lo más interesante del género, Ori tiene que ser el siguiente juego que compres.

Pros

  • Banda sonora que aumenta enormemente la inmersión en el juego.
  • El apartado estético: la mezcla del arte en 2D, el uso del efecto Parallax, el uso de color, la iluminación y las animaciones crean una perfecta armonía y un acabado extraordinario.
  • Jugabilidad: pese a su dificultad, en Moon Studio han hecho un trabajo formidable con movimientos preciosos.

Contras

  • Caídas del framerate en algunas de las transiciones entre escenarios.
  • Algunas plataformas tienen un dificultad muy elevada.

Ahora en Hipertextual

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.