O se apoya al Real Madrid C.F., o se apoya al F.C. Barcelona. Nunca se apoya a ambos. Son los rivales por excelencia en la liga de fútbol española. Sus filosofías son totalmente opuestas –aunque, inevitablemente, compartan algunos rasgos–, por lo que estar del lado de ambos es prácticamente imposible.

En el mundo de la tecnología encontramos una situación cada vez más similar. O usas el ecosistema de Apple, o usas del de Google, o usas el de Microsoft. Conforme la industria avanza hacia nuevos sectores, es más difícil combinar diferentes ecosistemas y extraer el máximo de todos ellos, lo que dificulta y segmenta cada vez más la compra de un producto.
Nuestras compras están cada vez más condicionadas por el ecosistema en el que estamos inmersos
Las compañías han construido imperios con formas de ecosistemas alrededor de sus productos más icónicos, enriqueciendo la experiencia de estos y cerrando cada vez más el círculo, como si de una espiral que no deja escapar al usuario se tratase. Esto provoca que nuestras elecciones están cada vez más comprometidas por el ecosistema en el que estamos inmersos. Quizá no completamente (pues compañías como Microsoft se empeñan en llevar sus bondades a la mayor cantidad de plataformas posibles), pero sí parcialmente.

Por ejemplo: puedes comprar un smartphone Android tan maravilloso como el Samsung Galaxy S6, pero no puedes comprar un precioso Apple Watch Edition de $10.000 y usarlo junto a este. Lo mismo ocurre en el caso opuesto: puedes comprar un excelente iPhone 6 Plus, pero no puedes usarlo junto a un Motorola Moto 360 y extraer el máximo de ambos productos –y sí, hay indicios de que Android Wear será compatible pronto con iOS, pero es muy obvio que no podrás extraer el máximo de Android Wear debido a las limitaciones del sistema operativo de Apple–.

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El ecosistema de Apple. Cerrado. No permite que nadie entre a jugar en su jardín.

Y no solo hablamos de productos físicos, pues es algo que se está migrando cada vez más a los servicios online. Puedes tener un Nokia Lumia 1520 (dispositivo magnífico en numerosos aspectos), pero la negativa de Google a colaborar con Microsoft se traduce para el usuario en la imposibilidad de utilizar los servicios de Google en dicho terminal (al menos no con una buena experiencia de usuario). Por lo tanto, si utilizas un smartphone con Windows, o migras a los servicios de Microsoft, o tus posibilidades se verán enormemente reducidas.

Conforme las compañías entran en nuevos sectores, la segmentación y la libertad de elección es menorEste “problema” –y lo escribo entrecomillado porque, aunque aparentemente es un problema, también conlleva grandes ventajas, pues las compañías pueden controlan la experiencia de un producto en cualquier ámbito– se va agravando cada vez más. Conforme las compañías tecnológicas van entrando en nuevos sectores (televisión, automoción, electrodomésticos inteligentes…), va aumentando esta especie de “sexismo tecnológico”. Ahora que estas han llegado al mundo de los smartwatches, la elección del reloj que llevamos en nuestra muñeca pasa a estar influenciada por el smartphone que se encuentra en nuestro bolsillo y por los servicios online que empleamos en nuestro día a día, limitando así el abanico de productos asequibles. Y cada vez va a más: cuando conquisten nuestros electrodomésticos o nuestros coches, la compra de un smartphone o de un reloj también pasará a estar influenciada por el resto del ecosistema en el que estamos inmersos, restando esa libertad de elección de la que hemos disfrutado hasta ahora.

Imaginad el caso: a día de hoy, el iPhone me parece el mejor dispositivo del momento, y el Apple Watch Edition, el mejor smartwatch del momento. Pero dentro de dos años, el mejor quizá pase a ser un Samsung Galaxy S. Si quiero disfrutar del mejor smartphone en ese futuro, tendré que renunciar a mis servicios de Apple y a mi reloj de más de $10.000 o, por el contrario, seguir limitándome a un iPhone.

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Apple CarPlay.

Este caso podemos agravarlo aún más si lo llevamos al mundo de la automoción: actualmente hay fabricantes colaborando con Android Auto, con CarPlay y, en menor medida, con ambos a la vez. Si invierto mi dinero en un coche compatible con Android Auto (porque es el único que puedo permitirme o, simplemente, porque es el que mejor se adapta a mis necesidades), ¿tendré que limitarme a smartphones Android en el futuro para poder extraer todo el potencial de mi coche?

Esta segmentación del sector y la cada vez menor libertad de elección es una triste realidad de la que no nos damos cuenta. Las compañías buscan atarnos cada vez más, impidiendo nuestra marcha a productos rivales –algo comprensible, pero totalmente perjudicial para el usuario final–.

Este creciente “sexismo tecnológico” debe morir. Sin duda es una buena noticia que las compañías tecnológicas lleguen a nuevos sectores y ofrezcan servicios que se complementen entre sí, pero la pluralidad debe ser un rasgo presente en todos los productos que las compañías vayan lanzando. Por el bien de la industria y por el bien de los consumidores.